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Internacional

​Las localidades israelíes fronterizas con Gaza temen que se acabe la calma

La operación israelí "Margen Protector" provocó la muerte de más de 1.500 palestinos; los palestinos lanzaron 3.360 cohetes contra Israel.

Ahmad Al Moghani, de cinco años de edad, juega con sus amigos en un paisaje desolador.
Ahmad Al Moghani, de cinco años de edad, juega con sus amigos en un paisaje desolador.
Efe

Un año después del comienzo de la ofensiva israelí contra Gaza, en la que murieron unos 2.200 palestinos y 70 israelíes, los habitantes de las localidades de Israel próximas a la frontera con la franja siguen temiendo que vuelva a producirse una situación similar.

"Nuestros niños todavía saltan cuando oyen una ambulancia o cualquier ruido fuerte. Hemos tenido varias alarmas en las últimas semanas", explica a Efe por teléfono desde Netivot Danielle Rubin, madre de tres niños de entre tres y seis años y estudiante de doctorado en la Universidad de Bersheva, que sintetiza: "No nos sentimos a salvo".

La operación israelí "Margen Protector", llevada a cabo entre el 8 de julio y el 26 de agosto de 2014, destrozó la franja de Gaza y provocó la muerte de más de 1.500 civiles palestinos, un tercio de ellos niños, además de destrucción en más de 30.000 viviendas, lo que dejó a cien mil personas sin hogar. Allí se vivió una dramática guerra.

Las dimensiones del drama al otro lado de la frontera son muy distintas. Los daños se concentran más en el trauma y el miedo que en graves pérdidas materiales o humanas.

Según el Ejército israelí, en julio y agosto de 2014 las milicias palestinas lanzaron 3.360 cohetes contra Israel, de los que cerca de medio millar cayeron dentro de la franja y alrededor de 600 fueron interceptados y neutralizados por el sistema de protección israelí "Iron Dome".

Ciento quince cohetes cayeron en zonas urbanizadas de Israel, y el resto en campos abiertos, aunque fueron miles los que hicieron saltar las alarmas y obligaron a correr a la población para guarecerse en los refugios.

"Todavía tengo que pensarme dos veces si salgo o no con los niños o los dejo con la canguro. Tengo que explicarle dónde está el refugio antiaéreo para que les lleve allí si pasa algo. Vivimos en la incertidumbre. Es muy perturbador. Rezamos para que haya paz, pero vemos que aún lanzan cohetes y es aterrador", añade Rubin.

Norit Ben Zaken, residente en la localidad de Ashdod, una de las más afectadas por los proyectiles, opina que pese a la calma temporal "en realidad no ha cambiado nada. Yo tengo dos hijos que han crecido con esto. Desafortunadamente no conocen otra cosa. Viven con miedo", dijo a Efe por teléfono.

Como muchos otros en la zona, esperan que algún día llegue la paz permanente, pero desconfían del movimiento islamista palestino Hamás, que controla la franja y quieren, ante todo, que el Gobierno israelí les proteja.

"Esperamos que haya algún acuerdo y que haya paz. Ellos también merecen ser felices y libres, nadie debería vivir así, pero lanzar cohetes contra barrios civiles, contra mi casa, es terrorismo", protesta Rubin, que recuerda que las localidades afectadas "están en un territorio que es Israel desde 1948. Ya no hay asentamientos en Gaza. No hay razones para que disparen contra nosotros".

Zaken asegura que, por más miedo que sientan, no abandonarán el lugar donde viven: "Este es nuestro país".

Y advierte de que, aunque no ve cerca otra operación, cree que "si vuelve a ocurrir, esta vez no les dejaremos ni una sola casa en pie en Gaza".

Pese a ello, y al contrario que las autoridades, apuesta por el diálogo.

"Hay que hablar. Ellos tienen niños, como nosotros. Son seres humanos, como nosotros. Hay que sentarse y negociar. Esto es como un matrimonio, pensamos diferente, hay que ceder. La guerra no es una solución, la única solución es hablar. Al final, ellos quieren lo mismo que nosotros: la paz", asegura.

Rubin también dice que "nadie quiere la guerra", pero cree que el que no la haya es algo "que no depende de los israelíes, sino de los del otro lado".

"Este año es más tranquilo que los anteriores, pero no lo suficiente. No es normal vivir con miedo de que alguien te lance un cohete", lamenta.

Como la mayoría de residentes de la zona, ven justificado el férreo bloqueo que dura ya ocho años y que ha devastado económica y socialmente la franja y no creen que este, y el paro y desesperación que genera, sean un caldo de cultivo para que los ataques aumenten.

"Reciben mucha ayuda humanitaria, deberían resolver sus problemas con eso. El terrorismo no es la respuesta", concluye Rubin.

Esta semana las autoridades de Israel participaron en una ceremonia en recuerdo de las víctimas israelíes, en la que el ministro de Defensa, Moshé Yalon, prometió recuperar los cuerpos de dos soldados cuyos cadáveres quedaron en Gaza, Oron Shaul y Hadar Goldin.

Según varios medios palestinos, Hamás está negociando con Israel un canje de los cuerpos a cambio de la puesta en libertad de presos palestinos.

El aniversario ha dado lugar también a un debate sobre el éxito o no de la operación y que varios analistas pongan en duda que Israel sea un lugar más seguro de lo que era hace un año.

"El agujero negro resurgirá una y otra vez" advertía en el diario Haaretz el analista Anshel Pfeffer, mientras su colega Chemi Shalev recordaba algunos de los efectos negativos para Israel a largo plazo.

"Se ha empobrecido el crédito internacional, se ha hecho que la opinión pública sea hostil (a Israel) y las perspectivas de un boicot son mayores que nunca", afirmó.

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