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Miles de refugiados huyen de Corea del Norte para enfrentarse a la precariedad en el sur

Las ONGs denuncian la discriminación social y la precariedad a la que se enfrentan los norcoreanos.

Imagen de los funerales por el líder fallecido Kim Jong-un padre en Corea del Norte en 2011.
Miles de refugiados huyen de Corea del Norte para enfrentarse a la precariedad en el sur
Efe

Trabajos basura, sueldos precarios y discriminación es lo que depara el mercado laboral de la competitiva Corea del Sur a los refugiados que dejan atrás el hambre y la represión de la dictadura norcoreana de los Kim.

Los norcoreanos afincados en el Sur obtuvieron en 2014 un salario medio mensual de 1,47 millones de wones (1.182 euros, 1.338 dólares), cifra un 33 por ciento menor que en el caso de los surcoreanos, según una encuesta publicada este lunes en Seúl por la Fundación Hana. Además, los escapados del Estado de los Kim trabajan una media de 47 horas a la semana, tres más que los empleados nacidos en Corea del Sur.

La encuesta, financiada por el Gobierno de Seúl, ha puesto de manifiesto las dificultades de adaptación que sufre este colectivo debido a factores como las barreras económicas y culturales o la discriminación legal y social de su país de acogida.

"Los norcoreanos suelen acabar en los puestos de trabajo de peor calidad, con sueldos bajos y precariedad en las condiciones laborales", explica Katty Chi, representante de la ONG North Korea Strategy Center (NKSC), que estos días organiza en Seúl un programa de formación para facilitar la integración laboral de estos refugiados. Una de las principales barreras es la legal. Aunque parte de los llegados del país vecino cuentan con titulación universitaria, el Sur se niega a convalidar sus diplomas y acaban trabajando "en la obra, de camareros o limpiando casas", comenta Chi.

Desde la Guerra de Corea (1950-53) hasta el pasado diciembre 27.518 escapados norcoreanos han logrado instalarse en la próspera Corea del Sur, según datos provisionales del Ministerio de Unificación, que publicará las cifras oficiales en marzo.

La brecha cultural entre el sistema comunista del Norte, anclado en tiempos de la Guerra Fría, y el capitalista del Sur, donde la competitividad se respira en cada aspecto de la vida, pesa como una losa sobre los hombros de los refugiados.

La representante de la ONG explica que "en el Norte da igual trabajar poco o mucho, ya que vas a recibir lo mismo" y "por eso ellos no están acostumbrados a tener un jefe, calcular los gastos o llegar a tiempo al trabajo". Así, muchos de los refugiados tienen dificultades para mantener su puesto y algunos empleadores del Sur prefieren no contratarlos para ahorrar problemas, aunque como dato positivo solo un 6,2 por ciento permanecieron en el paro en 2014 en comparación con el 9,7 por ciento del año anterior.

El informe publicado por la Fundación Hana también revela que el 67,6 por ciento de los encuestados se consideran satisfechos con su nueva vida en el Sur.

Sin embargo, sus aspiraciones profesionales se topan con otro elevado muro, quizás el más cruel de todos: la discriminación social. Con el materialismo como bandera y el orgullo de haber pasado en apenas cinco décadas de la pobreza a la opulencia, en Corea del Sur cada vez son más quienes miran por encima del hombro a sus famélicos hermanos de sangre del Norte.

Además, "su acento y su manera de pensar son diferentes, por lo que les es difícil entablar relaciones y contactos, algo fundamental a la hora de crecer laboralmente en el Sur", afirma Chi.

La experta destaca como uno de los mayores problemas "la dificultad para aprender inglés de cero" en uno de los países educativamente más avanzados del mundo.

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