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Internacional

Valls relaja los recortes para tratar de unir su partido

Con esos gestos, el jefe del Gobierno pretendió calmar al sector más moderado de su partido.

Manuel Valls, primer ministro francés
Manuel Valls, primer ministro francés

El primer ministro francés, Manuel Valls, anunció una leve suavización de su programa de recortes para los próximos tres años en un intento de atraerse el máximo posible de apoyos de su propio partido en la votación consultiva que tendrá lugar mañana en el Parlamento.

Sabedor de que el ala izquierdista del Partido Socialista (PS) rechaza los ajustes de 50.000 millones de euros entre 2015 y 2017 anunciados el pasado día 16, Vallsavanzó medidas destinadas a los pensionistas y funcionarios más modestos.

Calmar a los moderados

Con esos gestos, el jefe del Gobierno pretendió calmar al sector más moderado de su partido, aunque no respondió al ala más radical, que reclama una reorientación más general de la política económica.

Resta por ver cuánto pesa dentro del PS ese sector crítico, algo que quedará patente en la votación de mañana, consultiva y no vinculante para el Gobierno pero que ha cobrado una enorme importancia como factor de legitimación de su política.

Considerado un representante del ala más liberal del PS, Valls ya vio como once diputados socialistas se abstenían en el voto de confianza que abrió su mandato el pasado 1 de abril.

Ahora, temeroso de que el divorcio con el partido se agrande, ha bajado el tono de sus recortes haciendo concesiones a los más moderados.

La congelación de pensiones anunciada en su plan de recortes, explicó Valls en una carta enviada a los diputados socialistas, no incluirá a las que estén por debajo de 1.200 euros, lo que afectará a 6,5 millones de jubilados.

Además, 1,2 millones de funcionarios, los que tienen los salarios más bajos, tendrán una apreciación del mismo de 440 euros anuales, con lo que soportarán mejor la congelación anunciada.

Los empleados públicos obtuvieron también el compromiso de revisar anualmente sus estancados sueldos en función de la situación económica del país.

Finalmente, Valls cedió en lo referente a la subida del subsidio de las personas sin ingresos, que había previsto no aplicar hasta septiembre del año próximo y que se aplicará doce meses antes.

A todo ello se suma el compromiso de que, tras las elecciones europeas, el presidente, François Hollande, peleará en Bruselas por un cambio en la política monetaria para combatir la fortaleza del euro que mina la competitividad exterior de los europeos.

Medidas simbólicas

Se trata de "pequeñas medidas simbólicas" que no cambian en lo esencial el plan, según afirmaron algunos de los diputados díscolos, que aunque reconocieron que suponen "un avance", anunciaron su voto en contra para "mantener el diálogo" con el Ejecutivo.

Sin embargo, el primer ministro no está dispuesto a ir más lejos y considera "imprescindible" apoyar un plan con el que pretende relanzar la economía y reducir el déficit público.

Con los 50.000 millones de euros obtenidos de la no revalorización de la mayor parte de las pensiones y salarios de funcionarios y del recorte de ciertos servicios públicos, el primer ministro pretende, ante todo, financiar su plan de reducción de tasas patronales.

Valls cuenta así con estimular la competitividad francesa, para que las empresas puedan volver a invertir y comenzar a crear empleo en el sector privado.

Los empresarios pagarán 30.000 millones de euros menos de impuestos en tres años y, a cambio, se comprometen a aumentar sus plantillas, según el llamado "pacto de responsabilidad" anunciado a finales del año pasado por Hollande e interpretado como un giro económico a la derecha.

Valls, que hizo suyo ese pacto, afirmó que no se puede financiar incrementando los impuestos de los particulares, por lo que la única forma posible de hacerlo es recortando los gastos del Estado.

"Llevamos mucho tiempo viviendo por encima de nuestras posibilidades", martillea el primer ministro, quien recuerda que la deuda pública cuesta en intereses 45.000 millones de euros anuales al erario público.

Pero los recortes son también necesarios para que Francia sitúe el año próximo su déficit público en el 3 % del PIB, tal y como se había comprometido con Bruselas

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