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Internacional
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Elecciones en Francia

Sarkozy, un político ambicioso

Superado en el primer asalto por el socialista François Hollande, el líder conservador cierra quinquenio con una impopularidad superior al 60%.

Fotografía tomada en mazo durante la campaña electoral de los candidatos franceses.
Sarkozy, un político ambicioso obligado a remontar
AFP

El presidente y candidato Nicolas Sarkozy, a quien los resultados de la primera ronda de las presidenciales acercaron este domingo peligrosamente a la derrota final, culmina cinco años de mandato marcados por la crisis financiera y económica internacional y por el cambio gradual de sus políticas de Gobierno.

Superado en el primer asalto por el socialista François Hollande, el líder conservador, que cierra quinquenio con una impopularidad superior al 60%, deberá ahora hacer un esfuerzo titánico para remontar en un momento de turbulencias financieras internacionales que han desalojado del poder a otros muchos mandatarios.

Asido a su lema 'Francia fuerte', Sarkozy, de 57 años, pretende aún convencer a sus conciudadanos de que el país no se puede permitir alzar a un candidato sin experiencia y juega con esa baza para venderse como un líder sólido capaz de minimizar el impacto de la crisis.

Pese a este primer revés electoral, el presidente saliente, considerado un animal político y un hiperactivo monstruo mediático, ha prometido luchar hasta el final en pos de una complicada reelección.

Y en su pelea por atraerse el favor del electorado, no duda siquiera en lanzar propuestas propias de sus mayores enemigos, el flanco socialista y la ultraderecha, o incluso molestar a sus socios europeos.

La idea de que el Banco Central Europeo (BCE) trabaje por el crecimiento, introducida a una semana del cierre de la campaña, rompió el pacto de silencio mantenido sobre esa entidad con la canciller alemana, Angela Merkel, y le acercó a una postura defendida por el aspirante socialista.

Su amenaza de suspender la aplicación del acuerdo de Schengen si no se reforma para reforzar el control de las fronteras y su endurecimiento de las políticas contra la inmigración ilegal reflejan, asimismo, un viraje hacia la derecha cuestionado de manera oficiosa por miembros de su propio equipo.

En este lustro, su sintonía con Merkel en la defensa de políticas de austeridad y recortes y su presencia en la primera línea de asuntos de política internacional, desde Siria hasta Libia, le han dado fuerza.

Pero dentro del país el desgaste ha sido patente, pese a que Francia haya capeado la crisis mundial mejor que sus vecinos del Sur.

Sarkozy se jacta de que Francia sea el único país de la OCDE cuyo PIB desde 2009 no ha caído ni un trimestre, pero no puede esconder que desde 2007 la deuda pública ha batido todos los récords conocidos.

El paro ha aumentado en un millón de personas y el déficit se sitúa en el 5,2% mientras el país crece por debajo del 1%.

El presidente-candidato reconoce que todavía queda mucho por hacer y se presenta con un programa con el que aspira a que Francia "retome el control de su destino" con el equilibrio de sus finanzas, y para lo que calcula un ahorro necesario de 53.000 millones de euros.

La austeridad defendida puertas afuera ha ido acompañada de cambios a nivel personal, con los que ha intentado borrar la imagen de presidente "bling bling" que se dejaba ver demasiado junto a adinerados empresarios, algo que le identificó entre muchos como el jefe de Estado de los ricos.

La pérdida de la triple A en el mercado de deuda, el retraso de la edad de jubilación de los 60 a los 62 años, su política de no sustituir a uno de cada dos jubilados o la debilitada situación del sector educativo tampoco han contribuido a hacerle ganar apoyos.

En esta batalla, le acompaña la exmodelo y cantante Carla Bruni, con la que se casó en 2008 y con quien tuvo el pasado octubre a su cuarto hijo, una niña llamada Giulia, a la que se le ha evitado en todo lo posible su exposición mediática.

Un hipotético segundo mandato pondría un broche de oro a la carrera de alguien que ha escalado todos los peldaños del poder francés, con un inicio en el municipio acomodado de Neuilly-su-Seine y el paso por diversos gabinetes ministeriales.

Su derrota definitiva reflejaría, sin embargo, que pese a sus advertencias de que el voto por Hollande colocará a Francia en la misma situación que Grecia o España, los franceses han optado por los vientos de renovación que azuza el socialista.

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