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HUESCA

Un caudaloso Cinca propicia un rápido descenso de los navateros de Laspuña a Aínsa

Las dos almadías recorrieron en poco más de una hora la distancia, animados por centenares de aficionados.

CELIA GARCÍA. huesca Actualizada 23/05/2010 a las 22:17
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En poco más de una hora los 16 tripulantes completaron los 11 kilómetros hasta Aínsa.RAFAEL GOBANTES

Rápido y sin incidencias. Así fue el XXVI Descenso de Navatas del río Cinca, que ayer congregó a más público del habitual en los 11 kilómetros que separan Laspuña de Aínsa, en Sobrarbe. Aunque los verdaderos protagonistas de la fiesta fueron los 16 tripulantes, que recibieron ovaciones y aplausos al paso de las almadías, utilizadas tradicionalmente para transportar madera hasta Tortosa. Ayer fueron dos embarcaciones, de tres tramos y con dos remos punteros cada una, porque, según explicó el presidente de la Asociación de Navateros del Sobrarbe, Ramón Nerín, "de esta forma dos pueden llevar el timón y tenemos mucho interés en que los nuevos vayan aprendiendo".

Pasaban las 11.15 cuando la primera navata partió del puente de Laspuña, de donde colgaba una bandera de Aragón, mientras que la segunda lo hizo pasados cinco minutos, y mantuvo la diferencia durante todo el trayecto. Ambas tomaron velocidad enseguida, gracias a un caudaloso Cinca que les permitió llegar a su destino, el puente de la capital comarcal, en poco más de una hora. "Tuvimos tres o cuatro saltos más complicados, pero hemos cogido bien la fuerza del agua", explicó el tripulante Joaquín Betato, quien viajó en la segunda almadía, donde tenían, por primera vez, un invitado de la Asociación de Navateros de Hecho. Y, en la embarcación cabecera, el alcalde de Puértolas, Ramiro Revestido, hizo los honores por haber oficiado el pasado mes de abril un matrimonio navatero. "Hemos disfrutado muchísimo", apuntó Betato.

Un intenso seguimiento

La escollera del Cinca y el tramo de carretera que une ambas poblaciones se llenó durante toda la mañana de los seguidores de esta tradición anual, que se agolpaban en los puentes de salida y llegada, y durante el recorrido, en las piedras, mientras que otros optaron por observar el descenso en 'quad' o en moto. Los visitantes también pudieron disfrutar al aire libre de algunas piezas del museo navatero, e incluso de informarse sobre las posibilidades de la zona en las mesas que la Asociación Turística y Empresarial dispuso en ambas poblaciones. Sobre las 9.30 la margen derecha del Cinca a su paso por Laspuña se llenó de gente por la misa navatera, a la que acudieron la consejera de Educación, Cultura y Deporte, María Victoria Broto, el director general de Cultura de la DGA, Ramón Miranda, y el presidente de la Diputación Provincial de Huesca, Antonio Cosculluela. Después llegó el almuerzo popular navatero, a base de tocino, queso, arenque y pan, regado con vino de la tierra.

"Tenemos que coger energía", resaltó Nerín, cuando se encontraba ya sobre los maderos. Las barcas eran un ir y venir de niños y de vecinos de la zona, que se hicieron fotografías con los hombres ataviados con chaleco y pantalón negros, camisa blanca y fajín. En los pies, algunos optaron por las alpargatas y las medias, y otros se calzaron chanclas de agua más modernas.

Quien se decantó por lo tradicional fue el más joven de los navateros, David Mur, que, con 20 años recién cumplidos, es el segundo año que desciende el Cinca. "Es muy divertido y haces buenas amistades, que es lo más importante", reconoció el chaval de Socastiello, un núcleo de Laspuña, al tiempo que añadió que "es mucho mejor que el 'rafting', porque ir de pie sobre los troncos no tiene precio". Mur lleva trabajando con sus compañeros desde febrero en el acondicionamiento y la unión de los troncos, pero el último mes ha sido el más intenso. Todo para que no se olvide una forma de transporte con la que se jugaban la vida los vecinos del Sobrarbe desde, al menos, el siglo XVI.

Desde la Asociación de Navateros del Sobrarbe se busca la unión entre los colectivos de los distintos valles. Según Betato, que acudió ayer acompañado de su mujer y sus dos hijas, todas ataviadas con el traje regional, "queríamos desde hace tiempo que viniera alguien de Hecho, porque de Biscarrués suelen acudir". El broche de oro de la jornada de confraternización lo puso la caldereta de cordero en el campo de fútbol de Aínsa. Ahora les toca esperar al año que viene, cuando saldrá por primera vez una mujer como navatera.

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