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El Damasquino, la dulce oportunidad para dos jóvenes sirios y uno yemení

En la pastelería árabe que han abierto en la calle San Vicente Mártir elaboran artesanalmente un gran surtido de repostería.

De izquierda a derecha, Musaab, Hussam y Albeshr, en la pastelería.
De izquierda a derecha, Musaab, Hussam y Albeshr, en la pastelería.
A. Toquero

En el número 26 de la calle San Vicente Mártir de Zaragoza han encontrado su sitio en el mundo dos jóvenes sirios y uno yemení que hace años salieron de sus países huyendo de la guerra. Desde hace cinco meses abren cada día El Damasquino en esta calle, la única pastelería árabe de la capital aragonesa con obrador propio donde elaboran sus dulces bocados.

Musaab Al Awadhi, de Yemen, y Hussam Alkayal y Albeshr Albabban, de Siria, están contentos con la acogida de la clientela. Justo en frente de la tienda tienen el colegio Carmelitas “y la respuesta de los padres y madres con sus hijos está siendo magnífica”. Entre los vecinos, además, cuentan con bastantes clientes fijos.

El establecimiento lo cogieron en traspaso. Antes se había dedicado, más o menos, a lo mismo: la venta de pan, bollería industrial y chucherías. Ellos han decidido mantener estos tres argumentos, “más que nada para que la gente entrase al principio y nos conociese”, comenta Hussam, pero a día de hoy no es lo que más venden.

El trabajo lo tienen bien repartido y se van organizando para abrir desde las ocho y media de la mañana hasta doce horas después. Surtidos de pasteles árabes que ofrecen a la clientela en El Damasquino, donde también se puede tomar el té, explica Musaab.

Su compañero Albeshr es el maestro respostero. “Tuve una pastelería con mi hermano en Líbano; allí aprendí el oficio, pero he trabajado también de cocinero en varios hoteles y restaurantes”.

Todos sus conocimientos se los está transmitiendo a Hussam, que además se encarga de las tareas más administrativas y de los huecos que hacen falta cubrir. Musaab es el que pasa más tiempo delante del público. Los tres hablan bien castellano, pero él especialmente. Además, tiene don de gentes y se nota que la clientela habitual le tiene cariño.

Surtidos de pasteles árabes que ofrecen a la clientela en El Damasquino, donde también se puede tomar el té
Surtidos de pasteles árabes que ofrecen a la clientela en El Damasquino, donde también se puede tomar el té
A. Toquero

Estos jóvenes emprendedores se conocieron en una organización de refugiados y el destino les ha unido en Zaragoza. Musaab tiene estudios agrícolas y Hussam llegó a España para cursar un máster de criptomonedas en Barcelona, pero, de momento, es el oficio de Albeshr el que les está dando de comer.

"Los pasteles los elaboramos a diario y cuesta mucho tiempo hacerlos porque la masa tiene que reposar bien y se hornean a baja temperatura"

Cuando empezó su aventura empresarial y mostraban los pasteles en el escaparate, mucha gente les preguntaba si eran de Turquía. “La influencia turca en nuestro país ha sido muy grande y son parecidos, como también sucede con los dulces de Líbano o Jordania”. Ellos casi prefieren decir que El Damasquino es una pastelería árabe. Eso sí, artesana.

“Los pasteles los elaboramos a diario y cuesta mucho tiempo hacerlos porque la masa tiene que reposar bien y se hornean a baja temperatura”, explica Albeshr. Además, la selección de las materias primas es estricta porque, por ejemplo, “no sirve cualquier pistacho; si no es de calidad, enseguida se quema”.

El formato de los pasteles es de pequeños bocados para poner un buen surtido en la bandeja y probar un poco de todo. Las baklavas de pistacho y anacardo elaboradas con masa filo son muy populares. También las flores de almendras, los nidos de avellanas con chocolate y los triángulos de pistacho. Además, elaboran galletas para tomar el té y ma´amul, pequeños bollos que se rellenan de dátiles o nueces. “Están gustando –comentan– y, sobre todo, de cara al fin de semana nos hacen muchos encargos”.

A los tres les gustaría tener a sus familias en España, “pero es difícil que puedan venir; son mayores y les costaría adaptarse al idioma y a la vida de aquí”. Lo saben por experiencia propia. Ellos han pasado bastantes penurias, pero ahora están contentos del rumbo que El Damasquino ha imprimido a sus vidas.

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