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La Alacena de Doña Hipólita aterriza en el barrio de San José

El hermano pequeño de Doña Hipólita, ubicado en la plaza San Felipe de Zaragoza, abrió sus puertas hace unos meses en la plaza Reina Sofía.

La alacena de Doña Hipólita
Cata C. Madsen, encargada de La alacena de Doña Hipólita, y Pedro J. Boira, copropietario. 
Camino Ivars

Emprender sigue estando a la orden del día, y cada vez son más quienes, a pesar de la incertidumbre, se atreven a abrir nuevos establecimientos. Es el caso de La Alacena de Doña Hipólita, un local que, tras el éxito de su hermano mayor, Doña Hipólita, ubicado a las puertas del museo Pablo Serrano de Zaragoza, abrió sus puertas el pasado mes de marzo con el objetivo de trasladar su esencia y una completa carta de tartas y cafés de especialidad al zaragozano barrio de San José.

Fueron seis meses de obras en el local, ubicado en el número 2 de la plaza Reina Sofía. “Un barrio que nos encantó desde el principio. De gente trabajadora, muy bien comunicado y cerca del centro”, afirma Pedro J. Boira, copropietario del establecimiento zaragozano.

Un proyecto, explica, pensado desde y para el barrio, sobre todo por la historia que le vincula personalmente a esta zona. “Estoy ligado a San José desde mi infancia, y he jugado mil veces en esta plaza. Un día, sentados en un banco aquí mismo, pensamos que estaría genial traer un trocito de lo que hacíamos en el centro aquí, y ofrecer nuestro servicio y nuestra forma de entender la hostelería para la gente de la zona”, reivindica.

La Alacena de Doña Hipólita
La Alacena de Doña Hipólita
Camino Ivars

Nada más entrara a La Alacena de Doña Hipólita destaca su decoración vintage, las mesas de madera y las sillas de mimbre sintético, así como un gran mostrador de madera envejecido y la pared de ladrillo lavado. “La decoración sigue la línea de nuestros otros dos locales, gracias a la creatividad de Isidro González, que siempre prioriza un ambiente cuidado y que acompañe a la experiencia del cliente. El proceso es algo que está vivo, crece y evoluciona de forma continua”, añade.

En su interior podemos encontrar los mismos productos que ofrecen en los otros dos locales de la cadena aragonesa: Doña Hipólita y El taller de Doña Hipólita (Arzobispo Morcillo). “La gente nos reconoce por nuestras tartas caseras, pero tenemos una gran variedad de productos, desde unos desayunos riquísimos, cafés especiales, batidos, smoothies y hasta cócteles con distintos granizados”, destaca Pedro.

Productos y un servicio que, en sus palabras, distinguen a la familia Doña Hipólita por apostar por una experiencia única y totalmente distinta al cliente. Y, la respuesta del barrio, no se hacía esperar: “En tan solo unos meses ya contamos con muchos clientes habituales que nos hacen saber las ganas que tenían de poder disfrutar de un local como este en el vecindario. Nos dicen que hemos cambiado la plaza y no hay cosa que nos genere mayor ilusión”.

La incertidumbre de emprender

Ante la pregunta de por qué emprender en un momento de incertidumbre, marcado por el encarecimiento las materias primas y el clima de inestabilidad generalizado, Pedro asegura que, si bien es cierto que el momento actual quizás no sea el mejor, “emprender siempre es una mezcla de miedo e ilusión y, en este caso, se dieron las condiciones oportunas y decidimos lanzarnos y emprender esta aventura”, destaca.

Además, el local ha generado un total de ocho puestos de trabajo. “Como todo en esta vida, y como se suele decir, la decisión está en subirse al tren o dejarlo pasar. Esta vez decidimos subir”, concluye.

 

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