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Artesanía gastronómica sobre crepes, tartas y ensaladas en El Horno de Valtorres

Blanca Piquero aboga por productos locales y elaboración casera para dar algo diferente en la cocina y el trato.

Blanca Piquero, en El Horno de Valtorres.
Blanca Piquero, en El Horno de Valtorres.
J. Macipe

El Horno de Valtorres lleva camino de cumplir un año de su nueva etapa. Al frente se encuentra Blanca Piquero, quien decidió cambiar su trabajo en el sector de la jardinería en Zaragoza por la restauración y asentarse en este pequeño rincón de la comarca Comunidad de Calatayud. Desde entonces, y como marca de la casa, ha apostado por cuatro pilares: productos de calidad y de cercanía, elaboración casera, cercanía en el trato y calidez en la decoración. Todo eso se traduce en una oferta gastronómica que tiene como exponentes principales las crepes, las tartas y las ensaladas, a lo que se añaden platos fuera de carta, tapas, bocadillos y repostería completamente artesana. Y las reseñas, lo avalan.

"Mimo los detalles y quería hacer un lugar diferente y dar algo distinto. ¿Quién iba a venir hasta aquí si hiciera lo que hace todo el mundo?", plantea Piquero mientras coloca dos de sus últimas creaciones lamineras. "Todo está hecho casero y eso implica mucho trabajo, pero creo que es importante volver a ese tipo de cocina y de repostería. Algunos proveedores incluso me decían que ya nadie lo hace", confiesa. En su caso, argumenta, "me funciona una producción más pequeña, y, por ejemplo, montar la nata, fundir el chocolate o hacer la crema pastelera desde cero". Tanto en lo dulce como en lo salado, Blanca insiste en que "uso huevos camperos, verduras de la zona, fruta de temporada, como las cerezas, las manzanas o el melocotón".

Con vistas al verano, a su comedor interior y a la terraza cubierta, sumará más metros al aire libre y, con el buen tiempo, más decoración, incluida la vegetal. Hasta el momento, el público valora toda la apuesta: "Viene gente desde el Monasterio de Piedra, viajeros que pasan por la autovía y buscan un sitio de paso para comer y quienes vienen de propio incluso desde Zaragoza. Hasta tuvimos unos chicos que vinieron sin reserva, tuvieron que esperar pero se quedaron ya todo el día de lo bien que estaban", recuerda. En su caso, los días de apertura se ciñen a los viernes, sábados y domingos, de 10.00 a 16.00 y de 19.00 a la medianoche.

Desde los fogones, los crepes van desde el de espinacas con gorgonzola, nueces, pasas y nata; al de berenjena con tomate, albahaca, mozzarella y gratinada con parmesano; pasando por el de merluza con gambas, lechuga y salsa rosa o el de solomillo de cerdo con pimiento verde, salsa de ciruelas y nata y hasta el de pollo con bacon, queso cheddar y rúcula o de jamón serrano con calabacín, camembert y champiñones. En el caso de las ensaladas, no se quedan atrás: pimientos asados anchoas y alcaparras; codorniz; de arroz blanco con melón y jamón; endivias con manzana salmón ahumado, huevo duro y sésamo; o tomate rosa con cebolla tierna, aguacate, olivas y mozzarella.

A eso se añaden platos fuera de carta –que cambian cada semana- de calado: alubias con oreja, pulpo con mojo picón y patatas, carrilleras en salsa, lechal con alcachofas. Y también cuenta con bocadillos (de ternasco con alioli, de solomillo a la tartufata, o de arenque ahumado) y tapas (jamón con chorreras o montadito de humus con berenjena rebozada). "Aquí no entra nada congelado y no tengo freidora... Por ejemplo para la berenjena, compro el tomate entero natural, se tritura, se fríe con buena aceite de oliva y albahaca fresca…", explica.

Entre sus planes de futuro también incluye seguir con sus catas, tanto de tartas con cava como de vino con tapas y plantea hacer talleres infantiles para preparar postres.

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