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De picoteo por los barrios

Cinco templos de la tapa en el Arrabal que bien merecen cruzar el Ebro

El popular barrio esconde una serie de locales que trabajan el producto tradicional aragonés, pero también otros que se salen del canon.

Luis y Miguel Casado, padre e hijo, posan bajo la interminable carta del Luisitos.
Luis y Miguel Casado, padre e hijo, posan bajo la interminable carta del Luisitos.
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Parece mentira que, pese a verse desde la trasera del Pilar, el barrio del Arrabal siga siendo un gran desconocido para tantos zaragozanos. Pero así ocurre, en buena medida por la frontera mental que constituye el Ebro para muchos vecinos de la margen derecha. Pues el caso es que un paseo por un enclave con tanta solera y su correspondiente ruta de tapas bien vale cruzar el río.

La primera referencia nada más atravesar el puente de Piedra es el Matisse Riveracafe (paseo de la Ribera, 7). No lleva mucho abierto, pero su terraza ya es una de las imprescindibles de la ciudad cuando el sol aprieta. Su carta abarca desde aperitivos más clásicos -encurtidos, salmueras, ensaladilla rusa o hummus- hasta tablas de jamón, cecina o queso, así como elaboradas tostadas o hamburguesas. Además, cada día sorprenden con un menú distinto, obra del cocinero Juan Carlos Callejas, que ofrece elaborados platos de inspiración internacional. El local también apuesta por el café de especialidad y las tartas.

No muy lejos se encuentra el bar Mayoral 2 (calle de Sobrarbe, 29). No es de esos locales que alardean, pero su buen hacer justifica su legión de habituales. "Nuestra especialidad, en realidad, es el chuletón, pero también trabajamos las tapas. ¿Las que más nos piden? Calamares a la andaluza, el chipirón relleno de sus propias patas o nuestra salmuera de anchoa", cuenta Maite Espinosa, una de las propietarias. La preparación más elaborada para consumir en barra es una tapa de carrillera con micuit de foie, frambuesa y brotes tiernos sobre una base de pan. "El establecimiento la presentó a un concurso y tuvo muy buena acogida", explica la hostelera, que también brinda una de las tortillas con más tirón del barrio.

Tapa de carrilera con micuit de foie y frambuesa del bar Mayoral 2.
Tapa de carrilera con micuit de foie y frambuesa del bar Mayoral 2.
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A final de la misma calle, ya casi en la avenida de San Juan de la Peña, aguarda el Sobrarbe 63, cuyo nombre revela su emplazamiento. Es el centro neurálgico del barrio y uno de esos locales de toda la vida, pero que se resiste a quedarse anticuado. "Te diría que lo mejor es el ambiente, esa sensación de familiaridad, pero lo cierto es que la oferta de tapas no se queda atrás en absoluto", cuenta Ricardo Millán, camarero del local. "Aquí apostamos por la receta aragonesa, por las tapas tradicionales. Nos piden mucho las madejas o las banderillas, pero en la barra tenemos desde jamón batido hasta pulpo, torreznos, croquetas, gildas...", cuenta.

En el restaurante ofrecen varias referencias de vinos de la tierra, aunque cada día abren también algún que otro Rioja y Ribera del Duero. La decoración también acompaña: hay fotos históricas del Real Zaragoza y del propio barrio y la primera instantánea que se tomó de los Héroes del Silencio luce en el comedor, donde se sirve "ternasco, parrilladas, caracoles o paellas, todo ello por encargo, y el menú del día, que cada jornada es distinto", remata Millán.

Ricardo Millán, tras la cargada barra del Sobrarbe 63.
Ricardo Millán, tras la cargada barra del Sobrarbe 63.
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A solo unos metros esperan Luis y Miguel Casado, padre e hijo, que manejan el cotarro en el bar Luisitos (Valle de Zuriza, 15). Aunque las raíces de la familia son granadinas, ellos invitan a tapear "de sevillanas maneras". Lo hacen con una carta que parece interminable, con casi 60 tapas distintas, pero también tostadas o raciones pensadas para compartir.  

Entre sus 'best seller' están las tortillitas de camarón, la tostada de guardia civil, el cazón en adobo, el solomillo al whisky, el salmorejo acompañado de otros ingredientes, las pochas o el lagarto ibérico. "Otro de nuestros puntos fuertes son los almuerzos anticrisis, que cuestan entre 4 y 5,5 euros y que son contundentes, pero de calidad", cuenta el jefe del local, que está decorado con referencias al barrio sevillano de Triana y otros enclaves andaluces.

Algunas tapas de pan de cristal se terminan con un soplete, que recuerda a la brasa.
Algunas tapas de pan de cristal del Esixto se terminan con un soplete, que recuerda a la brasa.
Heraldo

Bola extra: uno de los secretos mejor guardados del Arrabal, el bar Esixto (Sixto Celorrio, 16), asoma junto a la Sala López, a un paso del puente de Piedra. Uno de sus bocados más notables lleva una base de pan de cristal (común en muchas otras raciones) cubierta por lascas de foie con aceite del Bajo Aragón y sal negra de carbón activo. El platillo se remata con un soplete, con lo que se logra aunar los sabores. En la carta, además de algunas creaciones más complejas, también hay desde ibéricos de bellota 'Joselito' hasta gamba de Huelva o boquerón de Santoña. Todo el producto es de primer nivel.

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