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Último adiós al hostelero Manuel Berbegal

Forjado en la excelente cantera del Hotel Meliá, estuvo 35 años al frente del restaurante zaragozano Gayarre, en la carretera del Aeropuerto.

Manuel Berbegal, en el restaurante Gayarre, en el que estuvo al frente durante casi 40 años.
Manuel Berbegal, en el restaurante Gayarre, en el que estuvo al frente durante casi 40 años.
Almozara

Este domingo pasado, día 10 de octubre, fallecía en Zaragoza, a los 76 años, el hostelero Manuel Berbegal Vicente, conocido por haber gestionado con gran profesionalidad el restaurante Gayarre durante 35 años. El funeral se celebró el lunes, día 11, en la parroquia del Perpetuo Socorro, de Zaragoza, con la asistencia de numerosos amigos y compañeros de profesión.

Manuel Berbegal salió de su Aldehauela de Liestos, en la comarca de Campo de Daroca natal, para comerse el mundo, y lo hizo. Una de las épocas más comentadas por él mismo y por los colegas que le acompañaron en su paso por el entonces hotel Corona de Aragón (hoy Inside by Melilá), es, precisamente aquella, en la que con Eduardo Loeffler (entonces director general de Meliá), todos aprendieron muchísimo. Excelentes profesionales los que salieron de aquella casa y que luego fueron aportando a la ciudad de Zaragoza buenas dosis de competitivos y expertos trabajadores de la hostelería. Nombres como Arturo Peiró, Luis Lucientes, José Dobón (también fallecido recientemente), Jesús Porras, José Mari Sanz y otros siempre estarán ligados a una época excelente de la hostelería de la ciudad.

Berbegal fue un verdadero impulsor de las excelentes verduras de Aragón, especialmente de la borraja, alimento que en la que fuera su casa, el restaurante Gayarre, tenía un tratamiento privilegiado. Allí se elaboró, con el entonces chef Miguel Ángel Revuelto, una receta que ha pasado de ser clásica a convertirse en tradición: los tallos de borrajas con arroz y almejas.

Con 35 años al frente del Gayarre más los que estuvo en el Corona y en otros establecimientos como Cañas y Barro, Manuel Berbegal era uno de los más veteranos, si no el que más, profesional de la hostelería zaragozana. En esta trayectoria no faltaron nunca sus muchos  viajes por todo el mundo fijándose siempre en lo que podía aprender para luego ofrecerlo a sus clientes, pues como él mismo afirmaba: "Veo que a través de mi profesión puedo hacer feliz a la gente”. Y lo consiguió en un entorno ajardinado, preciosista, muy demandado y singular en su estilo.

Fue reconocido con innumerables premios y homenajes, como el otorgado por la Academia Aragonesa de Gastronomía en 2004; o el del Gobierno de Aragón al mérito turístico en 2007. Y también los Restaurantes del Reyno de Navarra vinieron hasta Zaragoza a hacerle un acto de reconocimiento público por su pasión por las verduras en el año 2009.

Como señala su amigo, el comunicador gastronómico y secretario de la Academia Aragonesa de Gastronomía, Juan Barbacil, "con su pérdida se va el profesional de la hostelería y la gastronomía irrepetible e insustituible: audaz, valiente, sensible, amigo fiel y apasionado de todo. Todas las cortesías posibles hacia sus amigos y clientes eran pocas. Y junto a él, siempre, siempre, su más tierno amor: Elena Díaz, compañera, cómplice y alma gemela".

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