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historia

Cuando el opio se cultivaba en Alquézar para uso social

El cultivo de la adormidera en Aragón ha sido muy escaso. Tiene también aplicaciones culinarias, utilizando sus semillas.

Semillas comestibles de adormidera.
Semillas comestibles de adormidera.
Miguel Carravedo

El cultivo de la adormidera en el territorio aragonés fue muy escaso en épocas pasadas. Esta planta, con cuyas semillas se aderezan panes y piezas de pastelería, tuvo aplicaciones claras para uso farmacéutico o tal vez para uso privado. Hoy ponemos un ejemplo de uso social en un pueblo altoaragonés, Alquézar, quizás pionero en este terreno.

El 22 de septiembre de 1823 nació en Santolaria, o Santa Olaria (ribera del río Ara, en las proximidades de Fiscal), hoy llamado Santa Olaria de Ara, don Miguel Fantova Lardiés. De familia acomodada, hizo la carrera de Medicina y Cirugía en Zaragoza y se instaló en Alquézar en 1870, adquiriendo una casa y ejerciendo con otro médico en el pueblo, más de cabecera que de cirugía. La cirugía de emergencia era importante, pues los accidentes agrícolas, ganaderos o forestales eran casi corrientes en aquellos tiempos. Estuvo de médico en esa localidad altoaragonesa hasta su muerte, en 1893.

Considerando lo caro que era el láudano, decidió, por su cuenta, cultivar opio en su huerto. Hoy en día, esa disposición a procurarse materia prima para algunos tratamientos tal vez le hubiera llevado a la cárcel.

Plantación de adormidera con fines científicos, en la que se aprecia el característico color de las flores de estas amapolas.
Plantación de adormidera con fines científicos, en la que se aprecia el característico color de las flores de estas amapolas.
Miguel Carravedo

Entonces, los aborígenes no sabían qué uso tenía esa planta, aunque se veían algunas por el monte. Las primeras semillas las tomaría del entorno: se trata de una amapola de pétalos azulados. Las semillas las esparcía en una parte delimitada del huerto. Y ahí las cultivaba hasta la aparición de las características cápsulas florales. Con afilado bisturí rajaba horizontalmente las cápsulas (caperuzas) de la planta, que no era otra que ‘Solanum somniferun L’, adormidera u opio. La cápsula tenía que estar inmadura. En jícaras de cerámica las recogía formando pequeños ‘panecillos’ que, tras secar un tiempo, los mezclaba con miel, que actuaba de endulzante y conservante a la vez, pues el látex es muy amargo. Ponía tapones de madera a la vasija y las conservaba en el granero, lugar más fresco de la casa, a oscuras y bajo llave.

Las dosis, él las sabría: bribador que se caía del olivo y se rompía algún hueso, cucharada del mejunje mientras él lo entablillaba; carpintero que se clavaba el clavo o se serraba el dedo; cazador mordido por jabalí u otro animal, lo que fuera, cucharada al cuerpo. Si era más grave, tal vez fueran dos las cucharadas que suministraba. Solo él lo sabía. También le daba al abuelito si no dormía alguna dosis más tenue o al niño impertinente que no cogía el sueño. También para la tos era fabuloso el preparado, pues la inhibía, evitando las largas noches de tos a causa de la tos ferina. Incluso para la diarrea severa era muy válido el mejunje. Sin duda tendría bien estudiadas las dosis a ingerir porque las sobredosis eran muy peligrosas.

Todo esto que cuento proviene del testimonio oral por parte de mi madre, Pilar Fantova, que contaba esta historia de su bisabuelo, médico. Seguro que yo olvido algunos detalles.

Imagen en la que se aprecia el látex en la cápsula de adormidera.
Imagen en la que se aprecia el látex en la cápsula de adormidera.
Miguel Carravedo

Por aquellos entonces, don José Pardo Castrón, farmacéutico y botánico turolense, fue un pionero de la etnobotánica en Aragón en el siglo XIX y dedicó mucho tiempo al estudio del opio, realizando varias publicaciones, de las que entresaco que en 1888 el opio se cotizaba a 55 pesetas los 350 gramos, mientras que el español y en Zaragoza se cotizaba a 100 pesetas.

Hoy en día, es bien conocida la utilización de las semillas del opio en pastelería y bollería, pues son comestibles, sin secuela alguna en alcaloides, y ricas en vitamina E y proteínas. También tienen alto contenido en potasio, magnesio y hierro.

En la Batalla de Lepanto

Desde finales del siglo XV, los turcos no habían cesado de mantener una presión y una amenaza constante en el Mediterráneo occidental. Esta presión se hizo más fuerte en los años 1560-1570, en los que Túnez y Chipre cayeron en poder de los turcos. Ante el amenazante peligro, tres potencias que vieron que peligraban sus intereses establecieron una alianza. España, Venecia y Roma, al mando de Don Juan de Austria, hijo natural de Carlos I, declararon la guerra a los turcos y les derrotaron en la famosa batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571.

Durante las batallas, las tropas españolas advirtieron que los turcos disponían de un brebaje que les servía de analgésico para sobrellevar las terribles heridas y amputaciones ocasionadas en el fragor de la lucha. Tras las indagaciones posteriores se averiguó que se trataba de una amapola azulada muy cultivada en aquellos territorios, que tenía aplicaciones medicinales. La adormidera, ‘Papaver somniferun L’.

España se llenó de semillas al regreso y hubo una explosión de plantas por todo el país. Quizás algunas de las que hoy queden, muy pocas en verdad, procedan de aquellas que trajeron y que sobrevivieron en sitios muy secos como Zuera, Ejea, Peñalba, Farlete, Bárcabo, etcétera.

Su uso se desbocó, pero los dolores los cura Dios y con la Iglesia e Inquisición hemos topado. Por ejemplo, Cervantes perdió un brazo en aquel episodio bélico y en el Quijote (que fue posterior a la batalla) apenas se habla del dolor. Pero tampoco lo fue en la medicina española de la época. La visión moral contrarreformista del sufrimiento puede explicar la actitud resignada y el aparente desinterés por el tratamiento del dolor.

Ian Graham, del Centro de Nuevos Productos Agrícolas en el Departamento de Biología de la Universidad de York, publicó que desentrañar el ADN de la adormidera no fue tarea fácil, ya que es «grande y complejo (2,7 Gbp), similar en tamaño al genoma humano (3 Gbp)». En total, contiene 51.213 genes que codifican proteínas.

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