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a la fresca

Cabezo Buenavista, el mirador más verde y con más encanto

El merendero del Parque Grande es una de las alternativas más céntricas para desconectar del ajetreo y disfrutar de una propuesta gastronómica sencilla y de calidad.

El merendero cuenta con 50 mesas en el exterior.
El merendero cuenta con 50 mesas en el exterior.
A. Toquero

En el merendero Cabezo Buenavista (Parque Grande José Antonio Labordeta, s/n. 976 253 417) las bonitas puestas de sol que se contemplan desde su mirador forman parte del encanto del lugar. Su ubicación en el cerro que le da nombre ayuda a tomar perspectiva y a sentir que uno se aleja del bullicio de la ciudad.

Desde la atalaya que hay junto a la terraza, la alfombra verde que diseñan las copas de los árboles también aporta lo suyo. En los días calurosos, la sensación visual es de cierto alivio térmico. Pero no solo se percibe a través de la vista. Lo habitual es que corra un poco la brisa, incluso en los días en que en Zaragoza hay calma chicha.

Los últimos dos meses no han sido fáciles para la familia Laguarta, que regenta el negocio desde hace más de 40 años. El propietario, Dionisio Laguarta, falleció a principios de junio cuando recogía setas en los montes de Valdelinares. De ese mazazo todavía se están reponiendo sus hijos María, Olga y Dionisio, y su yerno Miguel Ángel Arjol, que son quienes llevan las riendas del establecimiento.

Puesta de sol desde el mirador del Cabezo Buenavista.
Puesta de sol desde el mirador del Cabezo Buenavista.
A. Toquero

Pero no les queda otra que mirar hacia adelante en este verano tan duro, así que en ello están. Las 50 mesas de la terraza se visten todos los días alrededor del merendero para disfrutar de distintos momentos gastronómicos. Hay clientes habituales del primer café de la mañana para tomar a la fresca, del almuerzo y la comida, y ahora que se ha puesto de moda el tardeo, es un lugar magnífico para pasar esas horas si no apetece darse un chapuzón en la piscina.

Las mesas rodean completamente el merendero, de forma que la clientela se va acomodando a las condiciones del exterior: si hace fresco, buscando el sol; si calienta, a resguardo en las zonas con más vegetación... Y en el momento del ocaso, cualquiera sirve. Lo que menos apetece es levantarse, aunque los horarios de la pandemia no están ayudando mucho para el disfrute sin prisas.

Ensalada de ventresca con pimientos asados y espárragos.
Ensalada de ventresca con pimientos asados y espárragos.
A. Toquero

La propuesta gastronómica de Cabezo Buenavista es amplia. La carta da mucho juego alrededor de platos que, sobre todo en esta época del año, resultan muy apetecibles. Además, la familia Laguarta tiene claro desde hace años que una de sus señas de identidad es la calidad. Cocina sencilla, sin grandes elaboraciones, pero asentada en buenas materias primas.

No hay más que fijarse en la ensalada de ventresca de bonito, acompañada de pimientos rojos asados de Bureta y de unos espárragos que llaman la atención por su grosor. Al verlo, es de los platos que más apetece probar. Otra ensalada que triunfa es la de burrata con tomate seco y pesto a la genovesa.

Miguel Ángel Arjol, con una ración de pulpo a la brasa.
Miguel Ángel Arjol, con una ración de pulpo a la brasa.
A. Toquero

Miguel Ángel Arjol comenta que hay productos que los compran directamente en Mercazaragoza como el calamar o el pulpo. En este último caso, se presenta sobre una cama de patatas asadas. Las patatas acompañan a otros ingredientes como ternasco o churrasco de ternera a la brasa. Están exquisitas, tanto o más que la carne.

La parrilla es la gran protagonista de la cocina de Cabezo Buenavista, pero también se ofrecen guisos tradicionales como conejo escabechado, callos a la madrileña o bacalao en salsa de tomate. Otra seña de identidad es el tamaño de las raciones. Abundantes y a un precio contenido.

Sin duda, la de este merendero es una de las mejores alternativas para aliviar los rigores de la canícula en Zaragoza. Prácticamente en el centro de la ciudad, uno tiene la sensación de desconectar del ajetreo callejero. Y eso es algo que si toca veranear en la capital aragonesa, no tiene precio. 

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