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Congelar las fresas tiene truco, ¿sabe cuál?

Aunque es la fruta de temporada (y una de las favoritas de pequeños y mayores), conservarla en condiciones es muy difícil, debido a su delicadeza.

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Una de las ventajas de las fresas es su versatilidad en la cocina.
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A medida que el invierno comienza a quedarse atrás, la subida ligera de las temperaturas ayuda a que los mercados se inunden de cajas de fresas rojas de diversos tamaños que dice: "¡Cómeme!". Sin embargo, y a pesar de los muchos beneficios que tiene esta fruta para el organismo (pues es una de las más ricas en antioxidantes), su delicadeza y su capacidad para echarse a perder antes, incluso, de meterlas en la nevera  consiguen que muchos renuncien a su delicioso sabor.

Si bien es cierto que las fresas destacan por su versatilidad en la cocina, por lo que añadirlas a un batido, a una mermelada casera de naranja o a un bizcocho esponjoso, disfrutarlas al natural exige hacerlo, prácticamente, en el mismo día. En caso de esperar, y aunque estén conservadas en una despensa fresquita y lejos del frigorífico, lo normal es que empiecen a ablandarse y a llenarse de manchas marrones. Así, para no renunciar a su consumo y evitar una descomposición temprana, lo mejor es congelarlas; pero, a pesar de lo que muchos puedan creer, hacerlo no es tan sencillo como meterlas en una bolsa de plástico, abrir el frigorífico e introducirlas hasta que se quieran utilizar. Hay que conocer el truco que permite conservarlas lo mejor posible.

¿Cómo se congelan las fresas sin que pierdan sabor?

El primer paso para asegurar una buena conservación de las fresas hay que darlo en el establecimiento donde solemos comprar la fruta: hay que elegir una a una. Y es que aunque las cestas de plástico y las cajas suelen tener mejor precio, es difícil controlar el estado de todo el género, por lo que es fácil que, más de una no esté en el estado de maduración correcto. 

Una vez seleccionados los mejores ejemplares, hay que dividir la cantidad de la que se quiere (y se puede) disfrutar en el momento y la que toca congelar, parte que tendremos que lavar con agua corriente y, después, escurrir en papel de cocina hasta que estén completamente secas, para evitar la formación de escarcha que las apelmace entre ellas. Además, no es recomendable introducirlas al frío en una bolsa de plástico, ya que lo más probable es que se forme un conglomerado de fresas inservible hasta que se descongelen. Por eso, lo mejor es distribuirlas en un recipiente donde cada una tenga su espacio, bien sea un táper, papel de aluminio o unas cubiteras

Cabe destacar que, una vez descongeladas las fresas, su textura no será muy parecida a la natural, pero en este formato son perfectas para hacer 'smoothies' o sorbetes muy saludables.

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