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Gastronomía

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Por qué llevas pelando las patatas mal toda la vida (y cómo resolverlo)

Aunque son un ingrediente básico en la despensa de la mayoría de hogares, no todo el mundo sabe cómo tratarlas en la cocina.

Las patatas hay que lavarlas siempre antes de cortarlas para quitar cualquier resto de tierra posible.
Las patatas hay que lavarlas siempre antes de cortarlas para quitar cualquier resto de tierra posible.

Fritas, asadas, con unos huevos rotos o sentando la base de una buena tortilla (pero con la receta original, no según las versiones que ningún español haría en su sano juicio), las patatas son esenciales en el recetario mediterráneo. Su versatilidad en los fogones y su sabor suave las han convertido en un básico indispensable que siempre triunfa y con el que es sencillo elaborar un plato con un buen resultado. Sin embargo, y a pesar de su popularidad entre mayores y pequeños, el trato que se les da no siempre es correcto. ¿Se ha planteado alguna vez que puede llevar pelando mal las patatas toda la vida?

Para empezar, no todas las patatas son iguales y hay una variedad para cada receta. Así, para prepararlas cocidas, la Monalisa es la mejor opción; mientras que para hacer unas fritas perfectas es recomendable darle uso a la Baraca; o la Kennebec si se prefiere degustar una tortilla española digna de los paladares más exigentes. El grosor de su piel varía según la escogida y, por tanto, también la facilidad para quitársela.

Aunque el cuchillo y el pelador parecen los aliados perfectos para dar cuenta a un buen montón de tubérculos, cabe destacar que no todos sirven para esta tarea, pues arrancan media patata con la piel si el cocinero en cuestión no tiene demasiada destreza. Igual que para cada queso hay un tipo de cuchillo, para las patatas también (aunque esta vez no depende de su variedad). El correcto debe tener un filo muy fino y, además, estar muy bien afilado para evitar llevarse el tubérculo con la monda. No hay que olvidar que para realizar esta tarea con éxito, la patata debe estar muy limpia, lo que implica haber utilizado un cepillo específico, y bien seca.

Si ni por esas se consigue pelar este alimento con maestría, hay dos trucos infalibles aptos para 'dummies' en la cocina. Para llevar a cabo el primero, solo se necesita un estropajo de acero inoxidable para raspar la piel y eliminar todo rastro sin robar patata al guiso elegido. La segunda, y muy efectiva si para la receta se necesita usar patata previamente cocida (como para unas bravas de toma pan y moja), consiste en hacer un corte superficial y circular alrededor de la patata y sumergirla en agua hirviendo, pues al tirar de la monda se desprenderá sin esfuerzo alguno. ¿Ya ponías en práctica estos trucos?

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