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Gastronomía

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Isabel Macías: gastronomía al servicio del deporte y de una vida saludable

La mediofondista aragonesa sigue un estricto plan nutricional que no le impide disfrutar de la cocina elaborando, incluso, su propio pan.

La atleta Isabel Macías cuida su alimentación por motivos deportivos, pero se confiesa aficionada al queso y dispuesta a salir para comer algún bocadillo.
La atleta Isabel Macías cuida su alimentación por motivos deportivos, pero se confiesa aficionada al queso y dispuesta a salir para comer algún bocadillo.
Raquel Labodía

La atleta Isabel Macías ha elegido una receta sencilla –ensalada de quinoa de temporada– para mostrar su vinculación con la gastronomía y cómo le gusta trabajar en la cocina. También representa la importancia que para una deportista de élite como ella tiene la nutrición.

"Completa, rápida, rica y saludable". Así describe Isabel esta ensalada. "Cargada de nutrientes –prosigue– y muy refrescante", ideal cuando el calor aprieta y apetece comer cosas ligeras. Además, ha añadido el matiz ‘de temporada’ porque admite otras versiones para poner en práctica el resto del año, quitando unos ingredientes e incorporando otros como pollo y champiñones, o preparándola templada.

En su día a día es una receta que encaja en su plan nutricional. La subcampeona de Europa de pista cubierta prefiere utilizar este término –más que el de dieta– para referirse a sus pautas de alimentación. "Hace tres años empecé a trabajar con una nutricionista, a cambiar ciertos hábitos como introducir cinco comidas al día; antes entrenaba tarde y ahora no, ceno pronto y hago mejor la digestión; con unos pequeños cambios resulta que comiendo más he perdido peso".

Isabel Macías empieza el día con un buen desayuno que siempre incluye una tostada de espelta integral, aguacate y café; sus opciones a media mañana suelen ser de nuevo una tostada con dos lonchas de jamón serrano, una pieza de fruta o un puñado de frutos secos; para el almuerzo combina durante la semana carbohidratos, legumbres y platos con más proteínas, además de fruta. Y, por último, la cena, "que no tiene por qué ser ligera; de hecho, cuando hay un consumo calórico importante hay veces que incluso tomo carbohidratos".

Preferencias

La quinoa la descubrió cuando empezó a trabajar con la nutricionista. "Me la recomendó porque no tiene gluten y aunque puedo tomar alimentos que lo contengan, no me sientan bien y prefiero evitarlos". Al principio, la textura de este superalimento le resultó chocante, pero se ha acostumbrado a ella y a su sabor. "Suelo incluir tres variedades: la blanca que es la más común; la roja, integral, y la negra, más sabrosa y potente".

Cuando supo que los alimentos con gluten no los asimilaba bien, Isabel se animó a elaborar su propio pan. Probó con la espelta y vio que podía ser una buena solución, nutricional y económicamente, ya que "me sale más barato". Se compró una panificadora y en tres horas lo tiene listo para varios días. "Además de harina de espelta integral, la receta lleva agua, aceite de oliva, jengibre, en lugar de sal, y levadura sin gluten, pero la verdad es que sube bastante". Es el pan que utiliza en todas las comidas. "No es difícil elaborarlo –explica–, pero hay que medir bien las cantidades, sobre todo el agua; es como el pan de molde y aguanta bien, aunque en verano conviene meterlo en la nevera".

En fin, que le ha cogido mucho cariño a la panificadora. Además, no tuvo que hacer una gran inversión, ya que le costó 50 euros. Junto a la Thermomix, reconoce que han sido "dos magníficas compras".

Gustos

Al margen del estricto plan nutricional que procura no saltarse, a la atleta aragonesa le gusta cocinar y, sobre todo, "improvisar, coger una receta y darle la vuelta; como dirían en ‘Masterchef’, soy mucho de cocina de aprovechamiento, de abrir la nevera, ver lo que tengo y cambiar por completo un guiso o lo que sea".

Desde que sigue este plan está convencida de que su compra es más eficiente. "Antes era muy impulsiva y en el frigorífico había de todo; ahora controlo más y, especialmente, las cantidades para no tirar comida, que me da mucha pena, así que ya no improviso tanto". En cualquier caso, las verduras no suelen faltar. "Casi todas las hago al dente y con poca sal". Este ingrediente, de hecho, apenas lo utiliza. En la ensalada de quinoa, por ejemplo, lo sustituye por un toque de pimienta. Hasta hace poco no podía ni ver el brócoli, pero a base de comerlo le ha terminado gustando. "Lo preparo con pimientos salteados, sésamo y soja".

Los recuerdos de guisos contundentes, asados o rebozados que veía preparar en su casa son, a día de hoy, evocaciones culinarias que no pone en práctica. "Pero eso no quiere decir que de vez en cuando no me coma un cocido o ternasco asado". O que el día que está un poco de bajón, se anime a añadir un trozo de morcilla a las lentejas con verduras.

Y es que a Isabel le gusta comer y aprecia y valora la posibilidad de disfrutar de un recetario variado, más allá de que algunas preparaciones estén prohibidas para ella. "Como se suele decir –concluye–, tengo buen saque y los fines de semana me permito alguna licencia".

Exigente al salir, dispuesta a degustar buenos quesos y poco aficionada al vino

Isabel Macías acaba de ser madre y su hijo acapara en estos momentos la mayor parte de su tiempo y de su actividad diaria, marcada, también, por la vuelta a los entrenamientos y el deseo de regresar, de nuevo, a la élite del atletismo español.

En cualquier caso, le queda tiempo para disfrutar de otras cosas, como de la vertiente social de la gastronomía para disfrutar junto a amigos, en pareja o con la familia. Es exigente y valora mucho encontrar sitios donde la relación calidad/precio esté a la altura de sus expectativas. "Últimamente –confiesa– en Zaragoza me está costando, pero, sin duda, uno de mis restaurantes preferidos es el vegetariano Baobab".

Cuando sale a cenar, habitualmente suele ir "de bocatas y ensaladas", algo que su pareja, el atleta Luis Alberto Marco, no acaba de asimilar del todo. "Él es sevillano y está más acostumbrado a salir de tapas, pero de esas tapas que ponen en su tierra, que son como medias raciones de aquí; el ternasco le parece bastante fuerte y, en general, está acostumbrado a carnes y pescados que en Aragón no se ven mucho".

Petit Comité, Borago, en el Tubo, o El Laurel son algunos establecimientos que visita con cierta asiduidad. En este último suele pedir la ensalada de quesos. Isabel es intolerante a la lactosa pero el queso sí puede tomarlo. "Me encanta, y de todas las variedades, sabores y texturas; es una de mis principales fuentes de calcio". Además, cuanto más fuertes, más le gustan. "Uno de mis preferidos es el Cabrales asturiano".

Para elaborar la ensalada de quinoa que aparece en estas páginas ha utilizado queso feta. Eso sí, sugiere que "se puede sustituir por otras opciones como frescos o curados, teniendo en cuenta que según sea la elección la receta tendrá más o menos contenido graso".

A la hora de hacer la compra, la mediofondista aragonesa se ha subido al carro de las nuevas tecnologías y casi siempre recurre a internet, aunque los productos frescos –especialmente la fruta y la verdura– los adquiere en tiendas de confianza cerca de su casa. "Es que no tiene nada que ver comerte un tomate comprado en la frutería con los que los que te venden envasados, y los aguacates, por ejemplo, es mi frutero quien me selecciona los más maduros para untar en las tostadas del desayuno y los que están un poco más verdes, para las ensaladas. Y el precio, al final, tampoco es mucho más caro".

El mundo del vino no lo tiene muy controlado. "Apenas bebo una copa de vez en cuando –comenta– y cuando lo hago me decanto por el lambrusco, así que resulta evidente que mi paladar no está demasiado entrenado".

Eso sí, alrededor del vino ha vivido alguna anécdota curiosa. Isabel Macías relata que en la última Milla de Aranda de Duero que corrió y ganó antes de lesionarse, el premio para el vencedor fue su peso en botellas de vino de la Denominación de Origen Ribera de Duero. "La familia y los amigos son los que más han disfrutado de esa victoria; además, cuando me invitan a una cena siempre llevo alguna botella", asegura, entre risas.

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