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La Bodega Niño Jesús presenta el 1428

La nueva propuesta de la cooperativa de Aniñón es un tinto destinado a hostelería.

Manuel Cristóbal y Jesús Abad, durante la presentación del vino tinto 1428.
Manuel Cristóbal y Jesús Abad, durante la presentación del vino tinto 1428.
Fabián Simón

El gerente de la cooperativa Niño Jesús, de Aniñón, Jesús Abad, y el enólogo de la bodega, Manuel Cristóbal, han presentado esta semana el nuevo vino de la cooperativa, 1428, que alude a la altitud del monte Estecillo, en su término municipal, segunda cima del sistema Ibérico tras el Moncayo. Este vino solo se distribuye a través de hostelería.

Abad explicó las peculiaridades de esta cooperativa, que "dispone de un importante potencial debido a su ubicación en altura y la estabilidad que le confiere la producción de diversos alimentos". A más de 700 metros de altitud, Niño Jesús produce cerezas, melocotones, peras, ciruelas, almendras, aceite de oliva virgen extra y vino, acogido a la D. O. Calatayud. De ahí que, aunque algún año falle un sector productivo, nunca lo hacen todos a la vez.

La cooperativa ha pasado de comercializar el 95% de su vino a granel a crecer en botellas hasta alcanzar el 40% actual. En apenas cuatro años, se ha pasado de comercializar 12.000 botellas, hasta las 120.000 del pasado ejercicio.

"Un crecimiento sostenible y sostenido –según Abad–, que nos ha permitido aprovechar el tirón de la garnacha en los mercados internacionales. De esta variedad  tienen una elevada proporción de viñas viejas. Además de la exportación, y "aunque es más complicado, creemos que también tenemos un hueco en España". De ahí que se haya lanzado este vino específico para el sector hostelero.

Vino de altura

Aunque Estecillo es la marca emblema de Niño Jesús, con el 1428 quieren llegar a más consumidores a través del canal Horeca. Manuel Cristóbal informó de que es una mezcla de garnacha y syrah, con una elevada proporción de viñas viejas, criadas en vaso, incluso de más de 70 años.

Las dos variedades se vinificaron por separado y, tras el ‘coupage’, hizo la fermentación maloláctica. Elaborado con microoxigenación, y un leve paso por madera, resulta un vino "fresco y joven, con complejas notas frutales en la nariz". Aprovechando la presentación, se probó también el Estecillo Blanco 2016, muy untuoso y redondo gracias a su crianza en barrica junto a las lías y con un gran potencial aromático para tratarse de un macabeo.

Para comprobar el buen maridaje de los dos vinos, en el Bar Izakaya–Mayor, 45; Zaragoza–, su propietario y cocinero, Carlos Gregorio, preparó algunas especialidades de la casa, centrada en las cocinas asiáticas. Con el blanco, ‘Mini bowl de hummus de edamam’ y ‘Yakitori de salmón’; y ‘Kushikatsu, brocheta de secreto de cerdo rebozada en panko’ y ‘Gua bao de papada de cerdo’ para acompañar el tinto.

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