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Adiós a la mujer más risueña del Tubo

La semana pasada falleció, a los 69 años, Cecilia Trujillo Camacho, esposa de Miguel Almau, de la tercera generación de Bodegas Almau.

Cecilia Trujillo, en una estampa típica en el exterior de Bodegas Almau, en la calle de los Estébanes, en pleno Tubo zaragozano.
Cecilia Trujillo, en una estampa típica en el exterior de Bodegas Almau, en la calle de los Estébanes, en pleno Tubo zaragozano.
B. A.

La semana pasada se apagó la sonrisa de Cecilia Trujillo Camacho, esposa de Miguel Almau y puntal de la tercera generación de este centenario negocio, en el que tuvo un papel fundamental para convertirlo en un lugar de referencia de la hostelería zaragozana.

Cecilia nació hace 69 años en Los Blázquez, un pequeño municipio de la provincia de Córdoba, aunque a los 11 años se trasladó con su familia a Zaragoza. En 1975, justo el año en que fallece Miguel Almau Nogués, contrae matrimonio con el hijo de este, Miguel Almau Casorrán, quien se hace cargo del negocio familiar instalado en el Tubo, en 1870, por esta saga procedente de Campo de Borja y que, hasta entonces, se dedicaba fundamentalmente a la venta de vinos y vinagres a granel.

En los años siguientes, el Tubo pasa por distintas fases, algunas muy críticas, que convierten esta zona emblemática del centro de la capital aragonesa en una sombra de lo que había sido en décadas precedentes. A principios de los ochenta, Cecilia y su marido ven claro el futuro y se ponen manos a la obra en la transformación de las antiguas bodegas de vino a granel en el establecimiento que es hoy en día. Se convierte en taberna y comienzan a servirse embutidos, quesos y vinagrillos, además de croquetas y otras preparaciones que, como el queso roquefort a la sidra, ya forman parte de la historia de esta emblemática casa.

Cecilia hace gala de la fortaleza física y mental que le acompañará hasta sus últimos días y lleva las riendas del negocio a la vez que cría a sus tres hijos, Miguel Ángel, Francho y Noé, dos de los cuales se hacen cargo de Bodegas Almau tras la jubilación de sus padres.

Después de una larga trayectoria de casi medio siglo, Cecilia se retiró del negocio pero continuó formando parte, a diario, del establecimiento, a donde acudía para seguir charlando con su familia, con sus amigos y clientes, para los que siempre tenía una sonrisa. Estos últimos años fue testigo del asentamiento de la empresa familiar tras la adquisición del establecimiento El Ensanche, en la calle de Méndez Núñez, y de la cada vez mayor presencia de clientela joven en el local enseña del grupo.

El pasado 14 de diciembre sufrió un infarto de miocardio y tuvo que ser ingresada en el hospital Clínico, donde permaneció hasta su fallecimiento, justo un mes más tarde. Según su hijo Miguel Ángel, hasta el último momento se mantuvo con la idea inquebrantable de vencer la enfermedad para volver a esa estrecha calle del Tubo en la que seguiremos viéndola siempre con su eterna sonrisa.

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