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Disfrutando a la mesa con los cinco sentidos en San Valentín

Alrededor de San Valentín la gastronomía cada vez cobra mayor importancia; y una cita tan especial es importante vivirla con los cinco sentidos alerta.

La jefa de cocina del Aragonia Palafox, Noelia Andía, presenta los platos de este reportaje.
La jefa de cocina del Aragonia Palafox, Noelia Andía, presenta los platos de este reportaje.
Vanesa Castellano

El día grande del amor tiene una fecha señalada en el calendario: 14 de febrero, San Valentín. Alrededor de esta cita y de este sentimiento, el sector hostelero ha encontrado bastantes motivos para inspirarse. Lo más fácil suele ser proponer menús o jornadas que lo evoquen. Lo que no resulta tan sencillo es transmitir la sensación plena de que una propuesta gastronómica puede erigirse en eficiente reclamo para el amor y el deseo. De eso trata este reportaje: de cómo disfrutar de la gastronomía, alrededor de San Valentín, a través de los cinco sentidos.

Ángel González Vera, presidente de la Academia Aragonesa de Gastronomía, y Noelia Andía, jefa de cocina del restaurante Aragonia Palafox, van a ejercer de maestros de ceremonias en este recorrido; el primero, desde su condición de experto en la materia. No en vano, su discurso de ingreso en la Academia versó sobre la 'Influencia de los afrodisíacos y el erotismo en la gastronomía'. Por su parte, Noelia ha sido la ejecutora del menú de San Valentín de Aragonia, dos de cuyos platos se reseñarán los próximos días.

Para empezar, bien podrían servir estas dos opiniones enfrentadas: hay quienes opinan que los productos afrodisíacos no existen y son pura fantasía, y quienes creen que todos los alimentos, bien presentados y con unas características determinadas, pueden serlo.

Otro detalle o punto de partida aconsejable para disfrutar de esta festividad a la mesa es, por supuesto, estar enamorado y, además, acudir a la satisfacción hedonista y sensorial de la experiencia gastronómica con una actitud positiva y proactiva.

En el libro 'Afrodita', Isabel Allende apunta en esa dirección: "El mejor afrodisíaco es el amor. Esta cualidad de los alimentos depende siempre de que los comamos en compañía de la persona adecuada. Y es que a pesar de que algunos tienen base científica, la mayoría actúan impulsados por la imaginación". Tiene claro la escritora que "para que florezca el erotismo no bastan los guisos estimulantes, también es indispensable crear un ambiente donde se regocijen los espíritus y no haya lugar para palabras adversas, humores melancólicos ni quebrantos".

Los cinco sentidos

Noelia Andía ha preparado un menú que buscar precisamente eso: despertar los cinco sentidos a la mesa. Los productos empleados –la mayoría aragoneses– y sus cualidades gustativas han sido importantes, pero también se ha buscado dar satisfacción a través de los aromas; recrear un entorno agradable con determinados sonidos; buscar el equilibrio de tonos y colores para la vista, y hasta recurrir a la sensación táctil que evoca el propio ambiente.

"Lo ideal en una cita romántica/gastronómica es conseguir que todos los sentidos tengan una cierta satisfacción y no solo el gusto, que es el más evidente; el resto también tiene que recibir sensaciones", comenta Ángel González Vera.

Eso sí, resulta casi obligado empezar hablando de productos afrodisíacos, tan asociados al gusto, y de las tres categorías que pueden protagonizar una velada romántica. Están los bárbaros, que son los más antiguos y originales, como la cantárida, el cuerno de rinoceronte o los huevos de tortuga, que hoy apenas se consumen. También los estéticos, como plátanos, espárragos, ostras o criadillas, cuyo mérito reside en su parecido a órganos sexuales y, por último, los vigorosos, como ginseng, chocolate, ajo o hierbas aromáticas, vinculados a mejoras en el organismo.

Además, se podría hablar de una cuarta categoría: los mágicos, como la mandrágora o la borraja. Ángel González Vera describe esta última como "una hierba silvestre que, de siempre, ha tenido efectos mágicos para conjuros, uno de ellos relacionado con la procreación. Las jóvenes celtíberas, cuando se quedaban embarazadas y no querían confesarlo, atribuían el hecho a que habían pisado por la noche una mata de borraja, y ahí quedaba la cosa".

Todo cuenta

Natalia Andía ha incluido esta verdura en su menú, cuyo colorido encaja como estimulante visual. También cuenta la iluminación, buscando una cierta sensación de intimidad; los manteles y servilletas, apostando por tonalidades suaves y, por supuesto, la vajilla utilizada para cada producto. "Platos de formas y colores sugerentes, bandejas, fruteros, salseras... ayudan a producir sensaciones agradables", asegura.

Todo listo para disfrutar de una velada gastronómica llena de amor.

Todo listo para disfrutar de una velada gastronómica llena de amor.

El olfato juega un papel importante y plantas aromáticas como la albahaca, la menta o el cilantro son muy utilizadas, teniendo en cuenta, eso sí, que en cada persona pueden provocar un efecto distinto. Muy afrodisíaco resulta el olor de la trufa negra 'Tuber melanosporum' rallada sobre un plato caliente y tan sugerente o más, la evocación del pan recién cocido.

El oído tal vez es el sentido más alejado de la gastronomía, aunque hay sonidos muy evocadores como el de la apertura de una botella de cava; el vino pasando a la copa; el chisporroteo de una chimenea encendida o la sugerente llama de una vela... Y luego, claro, el tono de voz de la conversación y la ambientación musical.

En este apartado, la copa de cristal tiene un gran protagonismo, "al brindar pero, sobre todo, por la oxigenación y el sonido que se producen al servir el vino y degustarlo", asegura el presidente de la Academia de Gastronomía. "No tiene nada que ver si se hace en una copa con un borde de un milímetro a otra mucho más fina; incluso el sabor cambia completamente". Cristales de Baccarat o de Bohemia son la expresión de máxima elegancia, pero se pueden encontrar otras alternativas más modestas.

Al hablar del tacto son varias las posibilidades. La primera, relacionada con los alimentos y su manipulación, ya sea para degustarlos o para entregárselos a la pareja. "Lo cierto es que en otras épocas se comía mucho más con las manos; hoy en día, quizá el marisco, y no todo, y alguna verdura que no se puede cortar bien con el cuchillo, como los espárragos", sugiere Ángel González.

También cuenta el tacto agradable de manteles y servilletas, y otro tacto del que no somos demasiado conscientes, el ambiental. Y es que hay estancias que producen sensación de paz y sosiego, algo que puede percibirse a través de la piel. Por eso tal vez la naturaleza se considera un buen escenario para un encuentro gastronómico íntimo en sus momentos de esplendor: una cálida noche de verano junto al mar o un atardecer otoñal o primaveral.

El cine

Además de estos argumentos, hay otros, sobre todo vinculados al cine, que han puesto de moda algunos productos, hasta el punto de que su sola mención los ha convertido en afrodisíacos. Es el caso del champán y las fresas, patrocinados en 'Pretty woman'; el ajo, en 'Jamón, jamón'; las anguilas que recuerdan a 'Bámbola', también de Bigas Luna; la harina y 'El cartero siempre llama dos veces', o las frutas y el hielo, en 'Nueve semanas y media'.

Y para concluir, dos últimas reflexiones de nuestros protagonistas. Natalia Andía sugiere que en un menú de San Valentín "es muy importante la idea de buscar el equilibrio de los platos". Y Ángel González Vera anima a dar un paso más "a quien corresponda", porque uno de los problemas de los productos afrodisíacos, de si existen o no, "es que se han investigado poco". Pues eso, a investigar.

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