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Los Moncayicos, el rescate de una antigua receta de las faldas del Moncayo

Una vecina de Talamantes crea unas galletas artesanas en honor a su abuela y consigue vender un millar de cajas en apenas mes y medio.

Moncayicos
Los Moncayicos, el rescate de una antigua receta de las faldas del Moncayo

Tienen apenas dos meses de vida y ya han recorrido la mayoría de pueblos de la provincia. Son los llamados Moncayicos, unas galletas artesanales ideadas por una vecina de Talamantes, que busca poner en valor la almendra zaragozana a través de una antigua receta que le enseñó su abuela.

“En esta zona se ha cultivado desde siempre un montón de almendra, pero no se hacía nada con ella. ¿Cómo puede ser que tengamos un producto tan excelente y lo ‘regalemos’ a la comunidad de al lado?”, se pregunta Pilar Ruiz, propietaria de estos dulces que en apenas mes y medio han llegado también hasta las tiendas ‘gourmet’ de Soria, Pamplona y la capital aragonesa.

Pilar llegó a Talamantes hace siete años tras heredar unas tierras de su abuelo en unas laderas de difícil acceso. Sus padres, como otros tantos aragoneses, emigraron a Barcelona en la década de los 60, en una época en la que “todo el mundo se marchaba de los pueblos”. Años después, esta zaragozana nacida en Calcena decidió regresar al Moncayo y aportar su granito de arena para dar a conocer los productos de la tierra. “Siempre supe que volvería porque me seducía el tema de los almendros. Cuando ves tantísimo campo abandonado y ves que no lo recoge nadie, inevitablemente te acuerdas de la infancia y de todo el trabajo de tus abuelos. Y teniendo una tierra como esta, que se quede así es un pecado”, sentencia.

Hace un mes y medio que empezó a comercializar los llamados Moncayicos y ya ha vendido cerca de 1.000 cajitas de galletas. Ella, por su parte, se muestra “entusiasmada” con que este producto artesano alcance algún día la fama de las ‘Chesitas’ de Huesca. El oficio en el campo –matiza– es hoy en día más complicado. “Al pagarla mal, la gente no recoge la almendra y cuando nos deja la gente mayor ya no hay relevo generacional”, lamenta.

Fue ese apego a las faldas del Moncayo y a la receta que le enseñó su abuela el motivo que le empujó a mudarse a Talamantes y emprender un nuevo negocio con los productos de la tierra. “De pequeña –recuerda– cuando llegábamos al pueblo, mi abuela nos esperaba con los brazos abiertos y nos preparaba a los más pequeños unas galletas con los productos que le daba el campo y otros que cambiaba con gentes de otros pueblos”. Cuenta que en aquellos años, los Moncayicos se nutrían del intercambio de productos con otras localidades vecinas. Así, los castellano-manchegos venían a la Comarca a por vino y aceite de oliva y lo cambiaban por mantequilla y cereal que molían en el río Isuela. Con la harina hacían el pan una vez a la semana y cuando eran fiestas –relata – las mujeres preparaban dulces de todo tipo para sus nietos.

Aragón, el primer productor de almendras

En concreto, los Moncayicos de su abuela se hacían a base de almendras, huevos de corral, harina oscura (integral) y blanca, azúcar moreno y mantequilla de Soria. Pilar se encarga de colgar diversas recetas en su blog para animar a la gente a trabajar en la cocina este producto local. “Ha habido años en los que Aragón ha sido el primer productor de almendra del país. Los que las compran dicen que es de las mejores que hay a nivel internacional”, puntualiza.

Y ella piensa seguir extendiendo de pueblo en pueblo su receta para divulgar que hay “mil maneras de aprovechar la almendra”, desde postres tan “sencillos” como el yogur con pulpa de almendra a la leche o la horchata elaborada con esta.

“He ido a ferias y me han pasado cosas muy buenas. Hay gente que ha probado allí los Moncayicos y después ha venido a buscarme, lo cual me llena de felicidad”, confiesa.

Su marcha de pueblo en pueblo pasa también por dar a conocer las fiestas y tradiciones ancestrales de las faldas del Moncayo a través de la cultura culinaria. “Llevar los Moncayicos de un lado a otro es la forma que tengo de explicar a la gente que se trata de una recuperación antigua y por qué las estoy haciendo: para que se conozca lo que tenemos”, concluye Pilar, contenta de poder acerca a la gente un producto que conoce desde niña.

Talamantes, Bulbuente, Tarazona, Alagón, Borja, Pamplona, Soria… y hasta Mantequerías Sanz, en el centro de Zaragoza, le han dado ya una oportunidad en sus estantes a este dulce ancestral y “mañico” de las faldas del Moncayo.

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