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EN LA COPA

Autóctonos y potentes

Vinos experimentales elaborados a partir de variedades autóctonas aragonesas fueron muy del agrado de quienes participamos en la cata que tuvo lugar esta semana en la sede del Departamento de Agricultura, dirigida por el experto Pascual Herrera.

El Centro de Transferencia Agroalimentaria, dependiente del Departamento de Agricultura y Alimentación del Gobierno aragonés, quiso mostrar esta semana en una cata el potencial de los vinos elaborados con variedades de uva autóctonas, que son el resultado de los proyectos e iniciativas que se desarrollan en la Estación de Viticultura y Enología.

El consejero de Agricultura y Alimentación, Gonzalo Arguilé, participó en la cata de once vinos experimentales elaborados en el centro de transferencia, que estuvo dirigida por el experto Pascual Herrera. La cata permitió a quienes asistimos conocer vinos elaborados con garnachas de cuatro años distintos y otros hechos a partir de otras variedades autóctonas como vidadillo, derechero o garnacha blanca. El Centro de Transferencia Agroalimentaria dispone de una unidad de viticultura encargada de estas elaboraciones experimentales (en pequeña cuantía y no comercializadas) con el fin de evaluar su potencial y darlo a conocer al sector. De esta manera, colabora muy estrechamente con las bodegas de la comunidad autónoma y con los consejos reguladores.

Todos los vinos estuvieron a un buen nivel y sorprendieron especialmente los elaborados a partir de variedades que han quedado relegadas a zonas muy delimitadas, como es el caso de la vidadillo (en Cariñena) o derechero (autóctona de Muniesa), así como los de garnacha del Campo de Borja, cuyas propiedades son ya de sobra conocidos por todos los profesionales y buenos aficionados a los caldos aragoneses. Cuatro de estos últimos formaron parte de una cata vertical de distintas añadas, con la que se pudo comprobar la buena evolución a lo largo del tiempo de las garnachas bien elaboradas. Así, la más vieja, de la cosecha de 2001, con una crianza de 72 meses en barrica de roble americano, fue un exponente claro de la potencia y perdurabilidad de este tipo de vinos. Lo mismo cabría decir de los de vidadillo y derechero, variedad esta última prácticamente desconocida en los circuitos comerciales. La cata fue muy interesante tanto por los vinos valorados como por la cualificación de quienes la dirigieron.

Al final, se entregaron los diplomas de habilitación profesional a 68 enólogos y técnicos especialistas en viticultura y técnicos en elaboración que, pese a no tener una formación universitaria en el ámbito de la enología, han acreditado sus méritos profesionales por su trayectoria.

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