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HOTEL CALPE DE ALCAÑIZ

En primera línea de salida

Tras el éxito del Gran Premio de Aragón de Moto GP, algunos establecimientos hosteleros de Alcañiz, como el Hotel Calpe, del Grupo Gargallo, se preparan para afrontar el reto del mismo acontecimiento en 2011 y para satisfacer la demanda que se genera con toda la actividad del circuito de Motorland.

Asistentes al Gran Premio pasado.
En primera línea de salida

Aun resuenan en Aragón los motores de la última edición del Gran Premio de Aragón de Motociclismo, que tuvo lugar en Motorland el mes pasado. La estela del éxito que cosechó la convocatoria ha propiciado que el circuito aragonés vuelva a albergar la misma competición, válida para el Campeonato del Mundo de las distintas especialidades, entre ellas la de Moto GP, en 2011. Con vistas a ese y otros acontecimientos que van a tener lugar en el flamante circuito bajoaragonés, algunos establecimientos alcañizanos se preparan para estar a la altura y el nivel que requiere un campeonato de estas características. Es el caso del Hotel Calpe, perteneciente al Grupo Gargallo, en el que ya se están realizando obras de ampliación que permitirán pasar de las 40 habitaciones que tiene en la actualidad a un total de 104, con capacidad para 220 huéspedes. Estas obras de ampliación suponen una inversión de 4 millones de euros y la primera fase del proyecto, correspondiente a las habitaciones, estará culminada para la primavera próxima. Posteriormente, se acondicionarán los salones del nuevo edificio destinados a comedores, con una capacidad para 800 personas. En la actualidad, el Hotel Calpe puede atender hasta 600 comensales en sus distintos salones, aunque para la celebración de Motorland se atendían a más de mil comensales diarios, como recuerda Adolfo Ibáñez, director del Grupo Gargallo en Aragón.

“Estamos convencidos de que Motorland va a ser un importante elemento para el desarrollo de esta comarca y de todo Aragón, y por eso apostamos por invertir cantidades tan importantes en una ciudad de 12.000 habitantes”, señala Ibáñez, quien asegura que la apuesta empresarial del Grupo Gargallo es por un servicio “de calidad”.

Buena gastronomía

El Hotel Calpe cuenta además con una destacada oferta gastronómica, sustentada en el equipo de cocina que lidera el chef Teo Álvarez, con amplia experiencia en distintos establecimientos, entre ellos algunos de la categoría de Can Fabes, de Santi Santamaría, y del Tapies, en el Hotel El Castell, de La Seo de Urgell.

Teo Álvarez practica una cocina basada en los ricos productos regionales, como el ternasco, el cerdo y sus derivados (el jamón de Teruel es uno de sus argumentos más importantes), las verduras, la fruta y el aceite de oliva. Su credo se dirige al recetario tradicional, aunque no faltan los toques creativos que dan vistosidad y resaltan los sabores y texturas de los platos. Como ejemplo, una insuperable ‘Ensalada de perdiz en escabeche, con habitas, setas, jamón de Teruel y foie’, el ‘Bacalao al pil pil’, el ‘Cochinillo crujiente con ali oli de manzana y berros’ (al que se añade el toque mágico de trufa cuando es temporada de recolección de este hongo) o la ‘Paletilla de Ternasco de Aragón confitado’, que se sirve después de ocho horas de cocción, con patatas a la pobre. Fue este precisamente uno de los platos estrella de la carta más solicitados por los clientes importantes a los que se atendía en un salón privado durante el pasado Gran Premio de Aragón. Otros platos muy consumidos fueron los que tenían entre sus ingredientes quesos de la provincia de Teruel, como el ‘Semifrío de queso fresco con frutos rojos’. Aunque, sin duda, lo más vendido fue el jamón de Teruel y los embutidos, de los que los hoteles Gargallo se abastecen en la fábrica de Los Alcores, perteneciente al mismo grupo empresarial. Los responsables del Calpe recuerdan que hasta el propio Valentino Rossi compró un jamón de sus secaderos en este establecimiento.

Además del servicio de carta en el salón privado y en uno de los comedores del hotel, durante el Gran Premio se habilitó un salón con 400 plazas de capacidad en el que se servía un bufete libre, al precio de 20 euros, con IVA_incluido, y con posibilidad de comer a discreción eligiendo entre cuarenta platos diferentes. En el exterior del hotel, se habilitó una amplia terraza para que los moteros pudieran reponer fuerzas con bocadillos, raciones o con las bolsas de pic-nic, que por 6 euros, incluían un bocadillo de jamón, una pieza de fruta y una lata de cerveza o refresco.

Adolfo Ibáñez destaca el esfuerzo de organización que requirió todo este dispositivo -incluida la habilitación de grandes aparcamientos para las motos- y la calidad de los productos ofertados, avalados tanto por las auditorías independientes efectuadas por la empresa como por las inspecciones sanitarias. Por contra, apunta que no toda la oferta de comida que hubo en el exterior del circuito tenía la calidad mínima exigible. “Nuestra meta es seguir en esta línea para dar el servicio que merece Motorland, que debe ser potenciado al máximo por las instituciones”, asegura Adolfo Ibáñez.

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