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CRÍTICA

Platos muy caseros en una cueva rupestre

El servicio amable está garantizado.
Platos muy caseros en una cueva rupestre
S.C.

Ahora que tanto se habla de la reapertura al público de la Cueva de Altamira, hoy traemos a la sección de menú el restaurante Mesón Cobarcho de Jaca, en el que se puede degustar un sustancioso menú con la ilusión de encontrarse en una gruta. Desde que abriera sus puertas, hace ya 32 años, el local se mantiene fiel a su estilo original. Su decoración simula pinturas rupestres.

Ofrece un menú diario y otro del peregrino a 15 euros en el que, normalmente, se puede elegir entre cinco o seis primeros platos de primero y otros tantos de segundo. Un día cualquiera se puede optar entre ensaladas de pasta, frutos del mar y mixta, y coliflor con bechamel y jamón y revuelto de bacalao, y entre codillo de cerdo guisado, cochinillo asado al horno, ternera guisada, pez espada con ajos y salmón o lubina al horno. Las guarniciones se nutren de lo que sale de la huerta. Entre los postres predominan las especialidades caseras. Como dice su dueña, Laura Lanaspa, “no somos pasteleros, pero sí reposteros”.

En el menú para quienes están de tránsito por el Camino de Santiago, figuran platos más populares de la zona, como unas buenas sopas de ajo de toda la vida (con huevo batido), cordero a la pastora o pollo de corral. Los fines de semana se sirve uno especial a 18,50 euros que suele tener migas a la pastora, cordero de Aragón al horno y entrecot de buey a la brasa. En esta época del año, los menús funcionan tanto al mediodía como por la noche, lo que supone todo un acierto. Quien se decante por la carta, puede disfrutar de carnes de caza, como el estofado de jabalí con ciruelas, y el ciervo en sala de nueces, por 14.50 euros cada especialidad.

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