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El efecto Carreras

El equipo, que ha asimilado las ideas del técnico, es el que más puntos ha obtenido en febrero.

Lluís Carreras, durante un partido del Real Zaragoza
Lluís Carreras, en la victoria contra el Leganés.
Guillermo Mestre

El próximo domingo se cumplirán dos meses de la contratación de Lluís Carreras como técnico zaragocista en sustitución de Ranko Popovic. Pese a que los inicios no fueron muy halagüeños, el paso del tiempo y la llegada de jugadores que se adaptan mejor al estilo preconizado por el preparador catalán, han propiciado una notable mejoría que se ha traducido también en puntos y, sobre todo, en esperanza en el zaragocismo. A falta de 16 jornadas, el depósito de confianza se ha llenado y el futuro se encara con optimismo.

Carreras, que arrancó su trayectoria blanquilla con un empate contra el Huesca y que cerró ese mes de enero con una decepcionante derrota en_Almería, afrontaba febrero con un elevado nivel de presión. El exigente calendario que aguardaba al Real Zaragoza en febrero parecía constituir el muro definitivo contra el que estrellarse.

Sin embargo, el equipo ha elevado sus prestaciones y ha interiorizado el manual de estilo del barcelonés, basado en buscar la posesión y el protagonismo que otorga el balón. Los futbolistas están interpretando la partitura, construyendo las jugadas desde atrás, con combinaciones y madurando las posesiones. El centro del campo es la sala de máquinas en las que se articula el discurso del colectivo.

Un progreso plasmado en este –a priori– arduo febrero. Los números avalan el efecto Carreras. En las tres jornadas disputadas en el presente mes, el Real Zaragoza es el conjunto que más puntos ha conquistado, con siete. Le siguen Leganés (seis), Alavés (cinco), Oviedo (cinco), Gimnástic (cinco) y Mirandés (cinco). Un hecho que lleva aparejado el mérito de que todos ellos han sido contra rivales de la zona aristocrática de la tabla y que dos de los tres compromisos han sido lejos de La Romareda.

Si convincente es la cosecha en lo material, mucho más ilusionante es en lo intangible. El aficionado celebra el nuevo rumbo emprendido, más acorde con el gusto histórico de la entidad.

Sin duda, las incorporaciones en el mercado invernal han contribuido decisivamente en acortar los plazos de este proceso. Excepto Jean Marie Dongou, cuya presencia está siendo testimonial, el resto son actores principales en el reparto. El central Alberto Guitián regala aplomo y clarividencia sacando el cuero. Joan Campins cumple sin estridencias en el lateral derecho. Juan Culio y Javi Ros han encajado como un guante en la medular. Y Manu Lanzarote derrocha calidad cuando es requerido su concurso, como demostró ante Osasuna.

Otro de los méritos de Carreras es haber recuperado para la causa la versión más competitiva de nombres tan indispensables como Pedro Sánchez, Freddy Hinestroza o Ángel. Ya nadie cuestiona su apuesta de priorizar al delantero canario en detrimento de Ortuño, que era el máximo artillero del equipo.

Tampoco le tembló el pulso al sentar a Bono y entregar la portería a Manu Herrera, un veterano que está retribuyendo la elección con paradas tan determinantes como las que efectuó en El Sadar.

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