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Economía
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GESTIÓN DE LA CRISIS DE CONTROLADORES

Zapatero defiende que su actuación fue "decisiva" para acabar con años de privilegios

El presidente del Gobierno adelanta que tiene intención de pedir la prórroga del estado de alarma "en función del análisis de seguridad". Rajoy le acusa de "falta de previsión, torpeza y desidia".

Rodríguez Zapatero dando explicaciones en el Congreso.
Zapatero defiende que su actuación fue "decisiva" para acabar con años de privilegios
JUAN M. ESPINOSA/EFE

Ni falta de previsión ni comportamiento temerario. José Luis Rodríguez Zapatero defendió ayer de principio a fin la gestión del ministro de Fomento, José Blanco, y la suya propia en el conflicto con los controladores aéreos. El presidente del Gobierno -que tuvo que oír las críticas del PP por haber aprobado el viernes, víspera de puente, el decreto que encendió los ánimos del colectivo- se ratificó en aquella decisión y alegó que de no haberla tomado se habría hecho "un flaco favor al principio de autoridad que es tan importante para el orden democrático". "Estoy convencido -dijo- de que esto será decisivo para poner orden, por fin, en este sector".

El jefe del Ejecutivo acudió a la cámara a explicar y justificar el recurso a una solución tan extrema como la declaración del estado de alarma el pasado sábado. Y lo hizo. Pero no estuvo ahí el núcleo del debate. Solo Izquierda Unida puso pegas a la excepcional medida. El resto, incluido Mariano Rajoy, la dio por buena. Lo que no hicieron todos, especialmente el PP, fue exonerar al Gobierno por el cariz que han tomado las cosas en la negociación con un grupo de profesionales al que, en todo caso, tildó de privilegiado.

Zapatero, irritado, acusó a los populares de respaldar la medida no tanto por convicción como por interés partidista, es decir, porque es consciente de que la opinión pública está en este caso con el Gobierno. "Si tuviera el valor político de la sinceridad -le reprochó a Rajoy- habría sido mucho más claro y nítido en su apoyo".

El tono firme tenía, con todo, una finalidad menos obvia que la de replicar al líder de la oposición. Zapatero salió al ruedo para demostrar que el puño de hierro mostrado este fin de semana con los controladores -y que tan bien recibido ha sido por los ciudadanos- no quedará en flor de un día. De hecho, se describió a sí mismo como el primer jefe del Ejecutivo dispuesto a plantar cara a un cuerpo profesional que nunca ha dudado en utilizar su "poder exorbitante" en sus reivindicaciones laborales. "Aquí no hay imprevisión, lo que hay es determinación de acabar con una situación insostenible", prometió.

Conforme a su relato, a finales de noviembre los controladores comenzaron a hacer "una interpretación sesgada y en su beneficio" de la normativa vigente desde el 10 de agosto sobre tiempos de actividad y descanso y empezaron a "abandonar los puestos de trabajo". Sus cuentas indicaban que el 39% de los trabajadores de Barajas, el 8% de los de Canarias, el 65% de Palma de Mallorca y el 63% de Torrejón podían sumarse a esa práctica y producir un "deterioro" muy serio en la seguridad y el control aéreo "durante" el mes de diciembre. "El Gobierno hizo lo que tenía que hacer y ejerció su autoridad con gran responsabilidad", alegó.

"Ni un día más, ni un día menos"

Zapatero echó además mano, una y otra vez, de la sentencia de la Audiencia Nacional que respaldó el Real Decreto-Ley por el que se cambiaron las condiciones del convenio colectivo aplicado a los controladores desde 1999. Este debía haber sido renovado en 2005. También leyó la parte en la que la Audiencia asegura que los controladores han utilizado durante más de 20 años la negociación colectiva "en fraude de ley".

Ahora bien, ni la dureza de su tono ni la de sus actos permiten al Gobierno respirar tranquilo. Es más, pidió el apoyo de los grupos parlamentarios a una posible prórroga "en función del análisis de seguridad y tranquilidad" que se haga en los próximos días. "No vamos a estar ni un día más de lo necesario en estado de alarma; pero tampoco un día menos", dijo.

Mariano Rajoy condenó la huelga salvaje de los controladores. Dedicó a ello 11 líneas de su discurso, las primeras. Y empleó las otras cinco páginas en dejar igual de claro que España ha llegado a esta situación extrema por "la falta de previsión", la "torpeza", y "la pasividad, desidia y el no hacer nada" del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que es corresponsable político del colapso de los aeropuertos.

El líder popular aclaró que apoyó el decreto de estado de alarma porque, ante "la imprevisión y la imprudencia" del Ejecutivo y su incapacidad durante meses y años para encauzar el conflicto con los controladores, era la única media "in extremis" que permitía liberar a los pasajeros atrapados en los aeropuertos. No obstante, indicó que la declaración de alarma, que espera ver derogada lo antes posible, "equivalió a una proclamación de impotencia" del gabinete.

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