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romuald rytwinski

"Me voy sabiendo que Figueruelas es más fuerte de lo que era hace dos años"

Abandona el cargo para ocupar nuevas responsabilidades en Rusia después de vivir la etapa más convulsa de la historia de General Motors.

Romuald Rytwinski, director general saliente de GM España, el pasado jueves en Figueruelas.
"Me voy sabiendo que Figueruelas es más fuerte de lo que era hace dos años"
óLIVER DUCH

Su nombramiento como director general (managing director) de General Motors España, hace cerca de dos años y medio, fue una sorpresa. Romuald Rytwinski, hasta entonces director de la planta polaca de Gliwice, venía a relevar a Antonio Pérez Bayona al frente de la fábrica de automóviles de Figueruelas. Romek (como le llaman familiarmente) no sabía la que le esperaba, pero asegura -después de vivirlo, eso sí- que ha pasado la etapa más interesante de su carrera profesional. En inglés, idioma con el que ha desempeñado su trabajo este tiempo en España, y a punto de marcharse a Rusia, su nuevo destino, Rytwinski habla a este periódico de su paso por tierras aragonesas y de la situación del sector.

Se marcha usted de Zaragoza después de dirigir la planta de General Motors en Figueruelas en los dos años más convulsos en la historia de la compañía. ¿Qué pasa por su cabeza en estos momentos de la despedida?

Me hubiese gustado quedarme más tiempo, tanto por razones profesionales como personales. Mi familia no se quedó contenta cuando anuncié que teníamos que irnos de España. Ahora que me voy, pienso que he vivido aquí el tiempo más interesante de toda mi carrera profesional. Cuando vine aquí, me dije: "vamos a centrarnos en calidad, en productividad y eficiencia, y vamos trabajar en el negocio", pero nunca pensé que íbamos a tener una crisis del sector del automóvil en Europa, ni que General Motors iba a tener problemas financieros, ni que se iba a hablar de la posible venta de Opel. Por tanto, hay muchas cosas que no pude predecir, pero dadas las circunstancias y lo ocurrido en estos dos años y medio, puedo decir que estoy muy orgulloso de lo que la planta ha hecho.

¿Por qué?

El volumen de producción para este año es mejor que el que inicialmente estaba previsto, lo que quiere decir que hemos hecho un buen trabajo en mejora de costes, en calidad y lanzando el nuevo Meriva. Así que me voy extremadamente orgulloso y feliz de ver que la planta es más fuerte de lo que era y que al margen de la situación del sector del automóvil y el mercado global podemos construir más coches.

¿Cuál fue el mejor momento que vivió en Zaragoza? ¿Y el peor?

Mi mejor momento fue en abril de 2010, cuando se lanzaba con éxito el nuevo Meriva y, al mismo tiempo, manteníamos el turno de noche y podíamos comunicar que tendríamos más volumen de producción del previsto. Ese fue el mejor momento de mi vida aquí y el peor fue cuando, hace un año, con Pedro Escudero (responsable de Recursos Humanos) comunicamos a nuestros trabajadores que estábamos en bancarrota y que nuestro futuro para los siguientes meses dependía de apoyos financieros de los gobiernos. Ese fue el peor momento de mi vida profesional, ya que había también una cuestión de orgullo.

Nunca pensó que viviría algo así.

No. Recuerdo que tuvimos reuniones con los empleados para darles estas noticias, pero al mismo tiempo la gente siempre creyó en el futuro de la planta de Figueruelas.

¿Qué reacción vio en los trabajadores ante lo que ocurría ?

Al principio yo comparaba este equipo con el que tuve en Gliwice y creo que la gente de aquí tenía una ventaja que no muchos tendrían. Tenían experiencia. En tiempos difíciles supieron centrarse en el negocio y sacar el trabajo diario correctamente. La gente no perdía el tiempo. Estoy seguro de que volverían a casa preocupados, sin saber cuál sería su futuro y el de sus empleos, pero tengo que decir que en el trabajo diario estaban extremadamente centrados y motivados. Yo comparo esto con un equipo de fútbol, donde tiene que haber mezcla de jugadores veteranos y jóvenes y que cuando quedan 10 minutos para que acabe el partido se dan cuenta de que si juegan juntos pueden ganar.

¿Cómo ha sido su relación con los sindicatos e incluso con los trabajadores de base?

En primer lugar he decir que yo no hablo español y ese era un obstáculo para mi. Por tanto, la mejor manera para saber qué pensaba la gente era tener contacto con los trabajadores. Por eso cada semana me reunía con diferentes grupos. Hablábamos de los modelos, de los problemas y eso fue bueno. Tuve reuniones con grupos de diferentes niveles, ingenieros, gente de la gestión, etc. No diría que todas fueron de lo más agradable, a veces yo era muy directo y reclamaba mucho, pero quería que la gente entendiera que yo quería lo mejor para la compañía.

¿Y los sindicatos?

Creo que los sindicatos me han dado las mejores lecciones que he aprendido aquí. He de decir que son muy profesionales y que miraban por la fábrica, pero también eran muy duros. Creo que conseguimos muchas cosas, buenos acuerdos. No le diré en qué cuestiones perdí en negociaciones y reconozco que me hubiese gustado ganar más partidas. Me impresionó mucho su poder de convocatoria y el éxito de la manifestación del año pasado en el paseo de la Independencia, en el que 25.000 personas apoyaron a la planta. Entonces me dije: "este es el poder de esta organización".

¿Cómo fue su relación con la industria auxiliar y, también, con la clase política?

Con los proveedores he mantenido muy buena relación. Sabemos que es muy importante para esta planta tener el mayor número de proveedores aquí, cerca de Zaragoza, porque es bueno para la logística y para ahorrar costes, aunque en estos días es muy difícil aumentar el número de empresas locales por la globalización. Creo que mantendremos el número actual. En cuanto a la relación con los políticos locales, estoy satisfecho. Siempre demostraron que les preocupaba esta planta y cuando teníamos problemas tanto el señor Alberto Larraz (consejero aragonés de Economía) como el señor Arturo Aliaga (consejero de Industria) querían escucharnos. Alguna vez me dijeron que no les gustaba lo que hacíamos.

¿Por qué?

Decían que no nos preocupábamos por temas que podían perjudicar a la marca. Decían que debíamos centrarnos en vender más vehículos, en el futuro, en vez de hablar de otros temas. También en varias ocasiones me recordaron que GM es la empresa más grande aquí, pero no la única. Larraz me dijo al menos dos veces que tenía otros asuntos en Zaragoza en los que ocuparse. Esa fue una buena lección para mi: no por ser los más grandes, los de GM éramos los únicos.

Usted se muestra especialmente orgulloso del nuevo Meriva, ya que trabajó en su lanzamiento.

(Asiente).

Pero en la planta de Zaragoza se fabrican tres vehículos. ¿Qué futuro cree que tienen cada uno de los modelos?

Siempre que me preguntan por el futuro de esta planta yo digo que además de hacer buenos coches tiene tres buenos modelos. El Corsa es el coche que más ha vendido Opel en su historia. También es el primero en calidad, de los mejores de la industria, y el modelo actual es joven y tiene futuro, es nuestro principal producto. El Meriva está muy bien diseñado, es muy innovador y es un producto atractivo. Y el Combo... hace unos años se preguntaban por qué había que producirlo aquí, pero al final nos ha ayudado a mantener volumen. Ha funcionado muy bien en el mercado y es bueno hacerlo para ciertos periodos de tiempo. De modo que cuando veo cómo está esta planta siento cielos de Antonio Cobo. Tiene tres coches muy buenos.

¿Y el futuro de Zaragoza con nuevos vehículos? La planta podría producir el denominado 'Junior', más pequeño que el Corsa y que tendrá una versión eléctrica.

Esta es una gran planta, la más grande que tiene GM, y de momento el Meriva tiene vida para otros 6 o 7 años y el Corsa espera ya su relevo. En cuanto al 'Junior', por el que competimos con la planta alemana de Eisenach, no importa demasiado si se hace aquí o ahí porque por el acuerdo de reparto de producción entra ambas plantas (70% para la zaragozana, 30% para la alemana) siempre salimos ganando. Podremos hacer o no el 'Junior', lo que queda claro es que mantendremos nuestro volumen. Si no hacemos el 'Junior', haremos más unidades del Corsa. El acuerdo de volumen que los sindicatos alcanzaron no ha sido suficientemente valorado. Ocurra lo que ocurra podemos estar cerca de los 400.000 vehículos fabricados al año.

¿No cree que sería muy positivo hacer el modelo eléctrico aquí?

Es una cuestión secundaria, pero sí quiero señalar que es bueno que el Gobierno de España, el ministro (de Industria) Miguel Sebastián, apueste por el coche eléctrico, porque así llama la atención pública en cuál es el futuro y hacia dónde vamos. Yo creo que el coche tradicional aún seguirá muchos años.

¿Ayudará que se traiga a Zaragoza el coche eléctrico esa apuesta del Gobierno español?

Entiendo que el Gobierno español apoye esto y que quiera tener la mejor tecnología, pero en nuestro caso, como he dicho, tenemos que estar seguros de que la planta mantenga su volumen de producción. Queremos hacer buenos y mejores coches, pero la prioridad es hacer 400.000 vehículos al año.

¿Se podrá mantener ese volumen?

Los últimos ajustes deben permitir que fabriquemos 400.000 coches al año e ir bien. Si superamos esa cifra, siempre hay medidas que se pueden tomar.

Los sindicatos hablan últimamente de que, con los nuevos pedidos, podría sobreparse esa cifra de producción.

La última estrategia de Opel debería ayudarnos a mantener este 'momentum' y lo que quiero decir es que aunque el mercado es difícil, los productos que fabrica a Zaragoza deben comportarse bien; de nuevo, estoy celoso de Antonio Cobo.

¿Cómo ve el mercado?

Sigue siendo impredecible. En los diferentes países europeos se ha dependido de las ayudas a la compra de coches. En Alemania, en España con el plan 2000E, en Rusia... Es bueno que los gobiernos nos ayuden, pero ahora nadie sabe cómo irá el mercado. Todos dicen que la segunda parte de 2010 será dura, pero en Zaragoza eso no se notará, porque el lanzamiento del Meriva debería compensar la caída.

Y ahora se va a Rusia. Creo que su hija quería quedarse aquí.

Sí, estaba muy feliz, con amigos, una vida fantástica y hablando español mucho mejor que yo.

¿Aplicará en Rusia lo aprendido en Zaragoza?

La planta de San Petersburgo es muy pequeña, como cuando empecé en Gliweice. Pero ya desde los primeros pasos copiaré los estándares de calidad de Zaragoza.

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