Economía

Opinión

Rosell, sin ton ni son

No tiene el señor Rosell el don de la oportunidad. O tal vez considere que no le es necesario. Pero insinuar que los desempleados de este país disfrutan de unas vacaciones pagadas hasta que ven que el 'chollo' se les acaba y entonces, "milagrosamente" encuentran trabajo, resulta mezquino y demuestra pocas luces. Sobre todo porque él conoce de primera mano lo que está pasando en las empresas y la gente que se está viendo privada de su puesto de trabajo.

Añade, además que el despido improcedente no debería existir. Presume por tanto que todos los empresarios actuarán siempre conforme a la ley y la moral y jamás de los jamases se producirá un exceso o un desmán. Porque si así ocurriera le iba a dar igual al trabajador, 20 días y a correr.

5 millones de parados, el 22% de la población bajo el umbral de la pobreza y parte de una generación, la más y mejor cualificada, que se está viendo obligada a emigrar, incluso a Laponia, para poder trabajar y vivir no son argumentos para hacer chanzas ni decir cosas sin ton ni son.

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