Economía
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CRISIS ECONÓMICA

Las grandes empresas españolas salen en defensa del euro para garantizar el crecimiento

Cincuenta economistas afirman que la salida de la unión monetaria situaría al país en el peor escenario posible.

En los últimos meses han surgido voces contra la permanencia en la divisa europea.
Las grandes empresas españolas salen en defensa del euro para garantizar el crecimiento
ORESTIS PANAGIOTOU/EFE

Defender la marca España ya no es suficiente, ni tampoco divulgar la capacidad que lucen poderosos grupos de origen nacional para desarrollar fuera buena parte de su negocio. La crisis global parece haber tomado al euro como rehén, y las grandes empresas españolas, que se mueven muchas de ellas en el sector del gran consumo o, como en el caso de los bancos, mantienen estrechas relaciones con las economías domésticas, perciben con inquietud cómo gana adeptos entre la opinión pública la idea de un abandono de la divisa común. Por eso salen en defensa del euro, aunque en esta ocasión lo hacen de manera indirecta. Hablan por boca de los cincuenta economistas que, convocados por Fedea y la Fundación de Estudios Financieros, han concluido que «la pertenencia al euro es la mejor garantía de crecimiento y de creación de empleo» para España.

Fedea nació hace 25 años de la inspiración del Banco de España y el recientemente fallecido Luis Ángel Rojo fue su mentor, para que las empresas financiaran estudios sobre temas de interés.

Escalada de tipos

A las grandes compañías les inquieta la actual deriva de la crisis. Por descontado, la mayoría de ellas está sufriendo el desplome del negocio que ha ocasionado el parón económico. Las que cotizan en el mercado de valores han perdido entre un 15% y un 35% de capitalización bursátil en lo que va de año, y los bancos se ven afectados además por la depreciación causada en sus carteras por la crisis de las deudas soberanas. Pero también consideran una eventual salida de España del euro el peor de los escenarios posibles. Cierto que una nueva moneda se podría devaluar, pero la ganancia de competitividad quedaría en nada porque, como es de prever, en ese momento arrancaría una escalada de los tipos de interés sin el paragolpes del Banco Central Europeo.

¿Quién pide el abandono de la divisa común? Voces en otro tiempo críticas con la Unión Monetaria como la del ex ministro de Economía Miguel Boyer han abandonado hace tiempo esa posición. Boyer ha explicado, sin embargo, que tras desempeñar un importante papel en la gestación del euro, llegó a pensar como Paul Samuelson que «meterse en la cama con un gorila», en referencia a Alemania, era un riesgo que hubiera sido bueno evitar. Ya no opina lo mismo.

El miedo no llega tanto de las sugerencias individuales como de las manifestaciones que están calando entre la población que padece los recortes y no encuentra otra forma de dar salida a su malestar.

Entre ellas, las vertidas en su blog por el veterano economista Fabián Estapé. No es precisamente un converso, ya que defendió la continuidad de la peseta hasta el momento mismo de su desaparición, de manera que sus opiniones no sorprenden. Pero Estapé se hace eco ahora del pensamiento de otros muchos. «Resulta sumamente paradójico cotejar cómo se nos vendió el euro y lo que realmente ha llegado a ser», escribió a finales del dramático mes de agosto de este año. Y añadió que, «más allá del sentimentalismo y la sensiblería, parece ser que se identifica cada vez más a la peseta con una vida más barata y con problemas menos acuciantes».

Estapé critica que la adhesión al euro «no ha significado ni estabilidad en los precios, ni una inflación baja que se traduzca en menor incertidumbre económica para los consumidores, ni una mejor planificación a largo plazo para el sector industrial y una mayor cohesión social, ni que las políticas de los estados se hayan beneficiado de una vigilancia multilateral y una disciplina fiscal común».

Combatir el pesimismo

Los cincuenta economistas convocados por Fedea y la Fundación de Estudios Financieros tienen muy claro que hay que combatir este pesimismo. Postulan que «debe evitarse al máximo la tentación populista de culpar al euro de los problemas que hoy aquejan a la economía española y europea», y consideran importante trasladar a la opinión pública «los grandes beneficios que derivan de nuestra pertenencia» a la moneda única. Añaden que la permanencia en el euro «exige esfuerzos y sacrificios».

Entre las medidas, insisten en que España necesita un cambio en profundidad del mercado de trabajo «que acabe de verdad con la dualidad, flexibilice la negociación colectiva» y homologue la situación, especialmente de las pymes, con la de otros países.

Defienden, por supuesto, la libertad empresarial. Por eso, creen que las políticas de oferta deben centrarse en facilitar la iniciativa de los emprendedores, no en planificarla o sustituirla.

«No podemos prescindir del sector inmobiliario», afirman y sugieren medidas para ayudar a una «absorción ordenada y lo más rápida posible del exceso de oferta generado por la burbuja inmobiliaria».

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