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Economía
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Tercer Milenio

CRISIS FINANCIERA

La intervención, último recurso para la salida a flote de entidades de crédito

En los años 79 y 80, la crisis condujo a una quiebra bancaria que acabó con más de 50 bancos y cajas.

El Banco de España intentó por todos los medios el rescate de Caja Sur. Intervenir, sanear y vender es la recomendación que se ha impulsado desde diferentes sectores -grandes bancos incluidos- para hacer frente a las actuales dificultades de las entidades de crédito. Pero el supervisor intenta llevar previamente hasta el límite otras opciones.

La reciente historia de las intervenciones bancarias arranca el 29 de marzo de 2009, con Caja Castilla-La Mancha. Por vez primera en los 200 años de historia de las cajas de ahorro, el supervisor tomaba las riendas de la situación, y hacía uso en este sector de la Ley de Disciplina e Intervención de las entidades de crédito.

En las décadas de los setenta y ochenta, la ruptura del 'statu quo', una liberalización descontrolada y la crisis económica condujeron en España a una gravísima quiebra bancaria que se llevó por delante más de medio centenar de bancos y algunas cajas de ahorro.

Pero el episodio de mayor alcance fue la intervención de Banesto, decidida el 28 de diciembre de 1993 por el entonces gobernador del Banco de España Luis Ángel Rojo. Se procedió al relevo inmediato del equipo de administración encabezado por Mario Conde. Los inspectores del instituto emisor estimaron que la entidad bancaria presentaba un agujero de 605.000 millones de pesetas, poco más de 3.000 millones de euros, originado por la concesión de créditos malos y una serie de operaciones poco claras que acabaron con Conde en prisión.

El rescate de Banesto se llevó a cabo por dos vías. El Fondo de Garantía de Depósitos compró al banco activos dañados por 285.000 millones de pesetas, que revendió a la entidad a bajo precio, y le prestó otros 315.000 millones adicionales. Los depositantes recuperaron su dinero, pero los accionistas vieron esfumarse el valor de su patrimonio.

Paralelismos y diferencias

La intervención de Caja Castilla-La Mancha tiene paralelismos, pero también diferencias con las principales operaciones de salvamento. Coincide en el cese de los gestores y la aportación de fondos públicos. Pero las cajas no tienen accionistas y en sus extensos órganos de gobierno figura una representación de los partidos políticos a la que se podrá pedir cuentas, pero sería complicado cesar.

Por otra parte, la aportación decidida por el Ejecutivo se dirige a proporcionarle liquidez para seguir funcionando. "Siempre que se pretendía atacar a la banca diciendo que, cuando las empresas iban mal, los bancos iban cada vez mejor, mi respuesta fue que era cuestión de esperar. Si las empresas andan mal, los activos bancarios acabarán siendo malos, y aunque los resultados de explotación de los bancos sean, a primera vista, satisfactorios, la necesidad de aprovisionar los activos fallidos se comerá una parte creciente de esos resultados". Así anticipaba Rafael Termes, el fallecido presidente de la Asociación Española de Banca entre 1978 y 1990, las pistas a seguir para detectar las crisis. Un pronóstico que sirve para las cajas.

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