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Economía
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LA CRISIS EN LA CALLE

La gasolina agujerea los bolsillos

Los zaragozanos buscan alternativas para no gastar tanto en combustible. Compartir coche, utilizar el transporte urbano o la bicicleta son algunas de las soluciones que han puesto en marcha. Otros no tienen más remedio que reestructurar su economía.

La gasolina sube, los sueldos se mantienen y el consumo para el ocio desciende. Esta es la única fórmula posible para las personas que necesitan el transporte para desarrollar su trabajo o trasladarse hasta la oficina y que, además, tienen que llegar a fin de mes.

Llega un camión de reparto a una gasolinera. "¿La crisis? Por supuesto que afecta. Antes, con 15 euros podía trabajar durante todo el día", lamenta Ángel Solís, autónomo que suele viajar por trabajo a otras ciudades. "En estos momentos la cosa está muy fea y es raro que gaste menos de 50 euros para poder trabajar toda la jornada", explica. "Tengo que hacer más cuentas para llegar al día 30", dice Ángel. Y explica: "Un ejemplo. Si antes podía comprarme dos pantalones, la crisis me obliga en la actualidad a comprar uno o ninguno. Esa prenda la invierto en la gasolina".

Poco después llega otra clienta a la gasolinera. Para ella, el ocio con el coche se ha reducido considerablemente. "Antes usaba mi vehículo para cualquier actividad. Ahora lo dejo en casa o compartimos uno entre varias amigas", comenta Vanesa Arroyo. En cambio, para su profesión, el coche es una herramienta indispensable. "No puedo usar el transporte público porque tengo que viajar por municipios de los alrededores", comenta Vanesa. "Con la crisis, lo que antes eran 50 euros de gasoil para llenar el depósito se han convertido en 70. Esa diferencia hay que recuperarla por alguna parte". "Incluso fracciono los repostajes en tandas de 20 o 30 euros para intentar ahorrar", comenta.

Incluso hay personas que la técnica de fraccionar los repostajes de gasolina la llevan al extremo. Según comentan los trabajadores de la gasolinera, algunos clientes llegaron a pedir 2 euros de gasolina para rellenar el depósito de la moto.

Presionar a la empresa ante una situación insostenible puede dar sus frutos. Jorge Molinos, visitador médico, utiliza su coche para desplazarse por los centros de salud. Él mismo pagaba la gasolina y, después, su empresa le abonaba 8 céntimos por kilómetro. "Llegó un momento en el que los trabajadores perdíamos dinero. Por suerte, la situación ha cambiado y ahora disponemos de unas tarjetas para pagar el combustible. De esta forma se lo cargan directamente a la empresa", dice Jorge.

Más difícil lo tiene Daniel Escribano. Este médico vive en Zaragoza, pero trabaja en el Centro de Salud de Huesca. Todos los días hace un viaje de ida y vuelta. "Mi gasto en gasolina asciende a los 65 euros semanales, 20 euros más que hace unos meses". "El problema es que los ingresos son los mismos, por lo que hay que recortar de otros gastos", explica Daniel.

Una alternativa al gasto en combustible es usar el transporte público. Desde TUZSA se asegura que en los tres últimos meses el número de usuarios de los autobuses urbanos ha aumentado considerablemente, llegando a la cifra récord de 5.300.000 personas y un incremento de 20 vehículos en la flota. Es cierto que la Expo ayudó a elevar la cifra de usuarios, pero desde la empresa se explica que los clientes compran abonos y tarjetas mensuales.

Desde que estoy desempleada utilizo el transporte público en vez de mi coche, que ha pasado a un segundo plano para mí", manifiesta Esperanza. "Suelo gastar 20 euros semanales en tres semanas", asegura.

También ha nacido otro transporte en la ciudad que permite ahorrar. Mientras Antonio Pertusa recoge una bici de la estación situada en la plaza de España comenta: "Antes usaba el coche para ir por la ciudad y gastaba mucho más".

Los ciudadanos se organizan para recortar gastos, cada uno ajustándose a sus necesidades. Ya sea en coche, autobús o bicicleta, lo importante, aseguran, "es llegar a fin de mes".

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