Economía
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CRISIS

La actual fase de enfriamiento económico será más larga y más intensa que el bache de 2002

El ajuste del ladrillo, la principal causa de la desaceleración, coincide con un periodo de inflación alta y la negativa de los bancos a prestar dinero.

La economía española creció en el primer trimestre a un ritmo del 2,7%, el más bajo desde hace seis años, pero el actual enfriamiento tiene poco que ver con la 'minicrisis' de 2002, fecha en que el PIB presentó idéntica tasa de avance. Si aquello fue un episodio aislado en medio de tres lustros de bonanza, la situación presente tiene rasgos mucho más preocupantes que hacen prever mayor profundidad y duración.

A juicio de los expertos, España se desacelera -con el pinchazo inmobiliario como principal causa- y no parece que a los socios más potentes del euro les esté ocurriendo lo mismo. Cierto que los bancos nacionales no se han visto contaminados con hipotecas 'basura', pero la sequía de los mercados del dinero les ha llevado a cerrar el grifo del crédito, lo que se traduce en la contracción del consumo y la actividad productiva. Por añadidura, y este es un mal casi universal, hay que contar con el efecto sobre la inflación de la loca e imparable carrera que han emprendido los precios del petróleo.

Lo advertía la pasada semana el ex gerente del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, ponente en la convención de directivos de la petrolera Repsol YPF. "Nos encaminamos hacia un periodo de bajo crecimiento económico y elevada inflación, lo que constituye una mala combinación porque los bancos centrales no tienen margen para actuar". Sobre todo, el Banco Central Europeo, que tiene marcado el objetivo básico de velar por la estabilidad de los precios.

Los últimos datos de la evolución de la economía europea han acentuado más, sin cabe, las cautelas de los analistas. La zona euro muestra mejor comportamiento que la española, al presentar un ritmo de crecimiento entre trimestres del 0,7%, mientras el avance del PIB español fue del 0,3%, el más reducido en trece años. Con Alemania dando claros signos de recuperación, la evolución de los precios de consumo en la zona euro muy alejada del objetivo del 2% -la inflación todavía fue del 3,3% en abril- y el petróleo a 126 dólares por barril, la autoridad monetaria se tomará su tiempo antes de rebajar el precio del dinero.

¿Podría ser la actual desaceleración económica española un episodio aislado, como el frenazo que experimentó el Producto Interior Bruto en 2002? Aunque en los dos momentos se registraron algunas magnitudes muy parecidas, las causas son tan distintas que llevan a descartar esa posibilidad. Por eso, desde el Ministerio de Economía se ha puesto fecha al inicio del repunte a finales de 2009 y se reconoce que el Producto Interior Bruto sólo recuperará el ritmo de crecimiento tendencial (el 3% que corresponde a su estructura económica actual) un año más tarde, o tal vez a comienzos de 2011.

La 'minicrisis'

Con la economía internacional todavía bajo los efectos de la explosión de la burbuja tecnológica y el impacto de los atentados contra las Torres Gemelas en Estados Unidos, 2002 fue el año del cambio al euro. Por todas estas causas, el crecimiento de la economía española se frenó hasta quedar en un 2,7% en media anual, y la tasa de inflación trepó al 4% en diciembre, tras registrar un promedio del 3,5%. También ese año se produjo un aumento del paro a un ritmo desconocido desde 1993 y la tasa de creación de empleo retornó a mínimos del 1,1%. De este modo, la contabilidad nacional apenas consignó la creación de 171.000 puestos de trabajo netos.

Pero en aquellos momentos la cotización internacional del petróleo oscilaba entre los 26 dólares por barril en el mes de enero y los 35 dólares que marcaba el diciembre. Y la del dólar respecto al euro se movió entre 1,1 y 0,95 unidades en ese mismo periodo. Por eso 2002 representó un bache de poca profundidad que la economía española superó con rapidez.

La gran diferencia de la situación actual reside en que su desencadenante ha sido una severa crisis financiera. La libertad de movimientos de capital y la globalización produjeron un periodo de expansión mundial sin precedentes tanto en los países ricos como en las economías emergentes. Pero los desequilibrios fueron aumentando y lo que Rodrigo Rato denominó "manga ancha" financiera abrió camino a los excesos que ahora se traducen en abultadas pérdidas y el cierre a cal y canto de los mercados financieros.

Algunas ventajas

La otra referencia para la economía española es la crisis de 1992-1993, el único periodo de la historia reciente en el que retrocedió el Producto Interior Bruto y se produjo destrucción masiva de puestos de trabajo. Algunos analistas ya han establecido comparaciones, sin omitir que en el punto de partida hay notables diferencias que juegan a favor de la situación actual, como el superávit de las cuentas públicas, la notable capitalización de las empresas y la mayor flexibilidad que ha introducido en el mercado laboral la población inmigrante.

Hay expertos que creen que el desequilibrado reparto territorial de los puestos de trabajo evitará la destrucción de empleo si se logra reubicar a trabajadores excedentes en las provincias donde va a seguir existiendo demanda de empleo de baja o media cualificación.

Y es que, con independencia de las causas del actual enfriamiento económico, una mayoría de los estudiosos piensa que tiene un fuerte componente cíclico y, en menor medida estructural, lo que facilita la recuperación posterior. Las prendas se rompen por las costuras cuando se engorda demasiado.

El Servicio de Estudios de BBVA, que ha comparado los tres periodos de desaceleración más recientes, calcula que el componente cíclico restará 1,1% al crecimiento promedio entre el cuarto trimestre de 2007 y el cuarto de 2009. En la minicrisis de 2002, la merma fue de apenas 0,5 puntos entre diciembre de 2000 y marzo de 2004. Y el más duro impacto se produjo de marzo de 1992 a septiembre de 1993, cuando el ciclo rebajó el ciclo recortó la expansión en nada menos que 2,5 puntos y ocasionó un periodo de recesión.

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