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AGRICULTURA

Indulto para la garnacha vieja de Aragón

Cerca de un millar de viticultores han solicitado las ayudas agroambientales del Gobierno de Aragón para frenar el arranque de viñas con más de 20 años de antigüedad.

Aragón quiere mantener sus garnachas más antiguas.
Indulto para la garnacha vieja de Aragón
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Aragón salvará este año más de 3.000 hectáreas de su viñedo más antiguo, el que tiene las variedades más tradicionales y con el que se obtiene vinos de la más alta calidad. Lo pretenden hacer 924 agricultores, que aglutinan un total de 3.010 hectáreas situadas en las zonas se secano con pendiente igual o superior a un 4% y con gran riesgo de erosión, sobre cuya superficie se cultivan viñas con más de 20 años de antigüedad, en su mayoría de la variedad garnacha, pero también macabeo, vidadillo, bobal o cariñena.

De las 928 solicitudes presentadas, la mayoría -900- piden la ayuda para agricultura de conservación de este cultivo en 2.852 hectáreas de secano. El resto, es decir 24 solicitudes, han demandado la ayuda para cultivar viñedo ecológico en 164 hectáreas semiáridas. Los primeros recibirán 432 euros por hectárea, mientras que los agricultores ecológicos tendrán una prima mayor, de 611 euros.

Contra el arranque

Es la respuesta del sector a las ayudas agroambientales habilitadas por el Departamento de Agricultura del Gobierno aragonés para frenar la amenaza que podía suponer para determinadas viñas el arranque de viñedo subvencionado por Bruselas y que solo en su primer año de aplicación -2009- se llevó por delante en Aragón un total de 2.293 hectáreas. Porque aunque las ayudas entran en funcionamiento este año en Aragón -la única comunidad española que tiene subvenciones de estas características- la consejería que dirige Gonzalo Arguilé las presentó ante la Comisión Europea hace ya un año, pero los trámites comunitarios no han permitido que Bruselas diera el visto bueno hasta ahora.

Así lo explicó ayer Jesús Nogués, director general de Producción Agraria del Gobierno de Aragón. Nogués recordó que la misma normativa de la Organización Común de Mercado del vino aprobada en 2008 que establecía el arranque subvencionado de viñedos transfería fondos para ayudas agroambientales. Y ese presupuesto fue el que aprovechó el departamento aragonés de Agricultura para establecer unas "pioneras" subvenciones con las que proteger "las uvas que dan los mejores caldos y que configuran el patrimonio cultural, paisajístico y medioambiental de Aragón", insistió.

Las ayudas, integradas en el Plan de Desarrollo Rural, tienen carácter plurianual. Cuentan con un presupuesto de seis millones de euros para el periodo 2010-2013, que se repartirán a razón de dos millones de euros por año.

Los viticultores de la Denominación de Origen Calatayud son los que han presentado mayor número de solicitudes, como fueron los que en mayor número se acogieron al arranque subvencionado. Nogués señaló que el 31% de las peticiones, que corresponde al 30% de la superficie total a subvencionar, proceden de esta zona. Las cifras las justifican su especial orografía y la elevada pendiente de sus cultivos.

Pero, también se han acogido a las ayudas los viticultores de Cariñena, "una denominación con una amplia superficie de viñedo", detalló Nogués, y "en menor medida" de Campo de Borja.

Buenas prácticas

Aunque el número de solicitudes presentadas "encaja con las que esperábamos", destacó el director general de Producción Agraria, el Departamento de Agricultura del Gobierno aragonés valora la acogida que estas medidas agroambientales han tenido entre los viticultores de la comunidad. Porque para recibirlas, no solo tienen que tener viñas con más de 20 años y un cultivo en secano con pendiente igual o superior al 4%, además tienen que comprometerse a la realización de buenas prácticas agrarias durante el periodo en el que están subvencionados.

Entre estas prácticas, Nogués señala que dado que las primas tienen como objetivo la lucha contra la erosión, los agricultores acogidos a esta medida no pueden laborar su tierras ni quitar las malas hierbas desde el 1 de junio hasta el 28 de febrero. "Se crea así un suelo vegetal natural que no arrastra el terreno", destaca Nogués. Pero eso supone, insiste el director general, un coste para el viticultor, porque exige un mayor aporte de agua y también implica una merma de la producción.

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