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Economía
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BANCA

Goldman Sachs y Morgan Stanley ponen fin al modelo de banca de inversión

Las dos instituciones financieras se acogen a la protección de la Reserva Federal al transformarse en banca comercial.

El comunicado no traía banda sonora, pero la noticia del fin de la banca de inversión que ha liderado la orgía económica de Wall Street durante las últimas dos décadas ponía el fin a una era que ha durado 75 años, desde la Gran Depresión. Goldman Such y Morgan Stanley, los últimos supervivientes, se lanzaron el domingo en brazos de la Reserva Federal para abandonar el modelo y reconvertirse en banca comercial. La petición fue aprobada por unanimidad.

Básicamente, se le ha acabado el dinero ajeno de corto plazo que necesitan para seguir jugando a las grandes y arriesgadas inversiones que tan buenos beneficios les han dejado. Así que ahora buscan los ahorros de los ciudadanos más modestos, considerados de largo plazo. Han sido, por tanto, los grandes inversores los que en su huida han puesto fin al modelo de banca de inversión al que este lunes se le escribió el RIP.

"El mundo ha cambiado", sentenció lapidaria la portavoz de Morgan Stanley, Jeanmarie McFadden.

El banco de inversión llevaba meses estudiando internamente esa posibilidad con la Reserva Federal, pero no fue hasta el terremoto de la semana pasada cuando se le acabó el oxígeno para seguir funcionando. Gracias a la decisión de abandonar esas inversiones de riesgo con dinero a corto plazo que no observa más regulación que la de la bolsa, la calificación de riesgo de la empresa bajará de los 20 en que se encuentra al 10 u 11 en que se mueven los bancos tradicionales.

El gigante Goldman Sachs, que era líder indiscutible del sector ahora desaparecido, se convertirá en el cuarto holding bancario de EEUU. La firma ya tiene dos subsidiarias comerciales que acumulan depósitos de clientes por valor de 20.000 millones de dólares, y planea crear una más que bautizará como GS Bank USA y dotará con 150.000 millones de dólares en activos, lo que la convertiría en el décimo banco del país.

Los clientes de estas cuentas estarían respaldados por el fondo del gobierno que garantiza hasta 100.000 dólares. A cambio de este patrón de negocio más seguro y conservador, los dos gigantes que en las últimas décadas han protagonizado las mayores ganancias de Wall Street se conformarán con beneficios más modestos y un control mucho más riguroso de las autoridades federales. Una medida esta última que levanta ampollas en Wall Street, como demostraba la reacción de la bolsa.

El intento del Congreso de aumentar la regulación en las entidades que se acojan al plan para liberarle de la deuda tóxica era ayer el punto de choque con el gobierno. La portavoz del Congreso Nancy Pelosi advirtió que, si bien actuarán de forma "bipartidaria" para revolver la crisis, "lo que no vamos a hacer es tenderles un cheque en blanco por 700.000 millones de dólares". Los demócratas quieren que la operación para comprar la deuda impagada venga con un plan de rescate para las hipotecas del ciudadano de a pie y medidas que limiten el pago de bonos multimillonarios as los ejecutivos de los bancos rescatados, además de una adecuada supervisión de cómo se administra el plan para no dar demasiado poder al gobierno. Por contra, el secretario del Tesoro Henry Paulson teme que si se ponen demasiadas condiciones los bancos no se acojan al plan con el que pretende evitar el colapso del sistema bancario. El domingo Paulson contó que piensa animar a otros gobierno a replicar las acciones de EEUU con planes de rescate similares.

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