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CONSUMO

El negocio de los coleccionables

EFE. Madrid Actualizada 13/09/2008 a las 11:02
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Como cada mes de septiembre, al regreso de las vacaciones de verano, los coleccionables abarrotan de nuevo los quioscos de prensa de toda España. Con una oferta abrumadora, muchas veces insólita y variopinta, que ya el año pasado supuso para las editoriales un negocio de casi trescientos millones de euros.

Rosarios -"el bombazo de este año", aseguran los quiosqueros-, insectos disecados, minerales, abanicos, dedales, frasquitos de perfumes, soldaditos de plomo,...conviven en los quioscos, reconvertidos en bazares, con colecciones de libros, maquetas de coches, barcos o naves galácticas. Con vajillas infantiles decoradas con dibujos de Disney, relojes antiguos, manuales de "punto de cruz" o con los inevitables cursos de inglés.

Según la Federación de Gremios de Editores de España, los quioscos facturaron en 2007 por la venta de coleccionables 272,08 millones de euros, frente a los 170,60 de 2006 y a los 136,17 de 2003.

Una cifra, esos cerca de trescientos millones de euros, que Eduardo Acín, director de márketing y coleccionables de RBA, con una cuota de mercado del 39%, considera "tremendamente conservadora". Sólo este grupo editorial catalán, que cada año pone en el mercado más de 100 lanzamientos, facturó en 2007 por este concepto 163. Hace diez años fueron 53 millones.

Cifras que ponen de manifiesto el auge en nuestro país de un coleccionismo variopinto y popular, de arraigada tradición en otros países de nuestro entorno mediterráneo -Francia, Italia, Portugal o Grecia- y que desde hace unos años han imitado periódicos y revistas para aumentar sus lectores.

Ni crisis ni pasados de moda


"Ni estamos en crisis ni los coleccionables están pasados de moda", insiste Eduardo Acín, quien explica así la proliferación de colecciones de objetos insólitos: "si la competencia los desarrolla es porque hay público para ello". Las tendencias en el ocio de los españoles y "estar atentos a las modas y a la actualidad", así como el éxito de colecciones anteriores, son criterios que RBA maneja para lanzar una colección. "Los productos tienen que ser -comenta Acín- únicos y accesibles, y por supuesto tienen que justificar su compra como colección".

"Cada editorial -indica un portavoz de Planeta De Agostini, el otro gran emporio del coleccionable, con un 29% de cuota de mercado, según su competidora RBA- ha desarrollado su metodología, pero en general cada colección está basada en técnicas de investigación cualitativa y cuantitativa, con criterios editoriales y de márketing muy similares a los que se utilizan en lanzamientos de productos de gran consumo".

"Además -remarca el mismo portavoz- están las tendencias y las modas, que también afectan a los coleccionables".

Desde Planeta De Agostini hablan de un perfil "muy disperso" del cliente tipo, "dada la gran variedad de conceptos de colección que se lanza cada año", pero sí existen dos características comunes: "les gusta coleccionar y la mayoría son personas que van habitualmente al quiosco, y por lo tanto leen".

"Hay gente para todo", comenta Enrique Fernández Marqués, presidente de la Asociación de Vendedores Profesionales de Prensa de Madrid. "Lo que es absurdo para unos, para otros no lo es. Al contrario, resulta interesante. Hay personas que son coleccionistas habituales, de muchas cosas a la vez", apostilla.

El negocio de la peseta


Alberto Dorado, quiosquero madrileño, lo llama "el negocio de la peseta", por el escaso margen de beneficio que les deja cada ejemplar vendido -entre un 20 y un 25% del precio total-, y como todos sus colegas de oficio se queja de los problemas de almacenamiento que ocasiona tan abrumadora oferta, dado el muy reducido espacio de sus negocios.

"Las colecciones suelen ser larguísimas y la gente no se engancha. La primera y segunda entregas se venden bien, por los precios de lanzamiento, que actúan de gancho, pero a partir de la tercera y cuarta, cuando ya hasta se han triplicado, las ventas son insignificantes", apunta este quiosquero, que cifra en un dos por ciento los compradores que acaban las colecciones.

Un porcentaje que contrasta con el aportado por Planeta De Agostini. "Depende -dice su portavoz- de varios factores: la novedad, la percepción del comprador entre la calidad del contenido y el precio... Normalmente oscila entre un 25 y un 50%".

"Si del primer número del coleccionable recibimos cien ejemplares, a partir del cuarto, y eso con suerte, no se sobrepasan los cuatro o cinco", destaca Juan Vicioso Sanz, presidente de la Federación de Asociaciones de Vendedores de Prensa, quien se queja también, y asegura expresar la opinión todos sus compañeros, de que el almacenamiento "es imposible, inviable".

Cada año, asegura, "hay más quiosqueros que renuncian a la venta de coleccionables, o que sólo venden la primera entrega, porque no pueden soportar tanto cartón, y porque la ganancia no compensa el esfuerzo", insiste Juan Vicioso Sanz.

"Nos horroriza, pero nos da de comer. En momentos de tantas dificultades económicas, no podemos permitirnos el lujo de despreciar una venta, por pequeña que sea. Euro a euro, con mucho esfuerzo, logramos sacar un sueldo", afirma Enrique Fernández Marqués, presidente de la Asociación de Vendedores Profesionales de Prensa de Madrid.

Las organizaciones de consumidores, vigilantes


 Unos y otros coinciden en sus críticas a las editoriales por incluir en los primeros números un boletín de suscripción, que en muchos casos aleja del quiosco al posible cliente. "Todos sabemos -argumenta el portavoz de Planeta De Agostini- cual es el tamaño medio de los quioscos, así como el ingente número de referencias que tienen que manejar cada día y el esfuerzo personal que ello supone, pero de alguna manera todo ello -insiste- forma parte de las dificultades de gestión propias de este canal de venta".

Las organizaciones de consumidores alertan todos los años por estas fechas de los problemas que plantean las colecciones. Esta misma semana, la Unión de Consumidores de Andalucía recomendaba prestar "especial atención" a los precios.

"Debemos cerciorarnos -es el consejo de UCE-Andalucía- de cuánto costará el total del coleccionable, ya que el precio entre la primera entrega y el resto puede aumentar incluso hasta el triple".

En otra organización de consumidores, FACUA, destacan además la necesidad de que las editoriales garanticen el total de entregas, que la publicidad incluya el precio real de todas y cada una de ellas y que, una vez iniciada, sea fácil encontrarla en cualquier quiosco.




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