Economía
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REPERCUSIONES

El giro de Opel golpea a la industria del automóvil rusa

Rusia esperaba relanzar su sector industrial con la ayuda de la tecnología occidental

EL final de la partida de póker de Opel ha supuesto un nuevo y duro golpe a la industria automovilística rusa, dejándola por los suelos. La renuncia por parte del consorcio General Motors (GM), dueña de Opel, a vender la empresa alemana cayó por sorpresa en Moscú, siendo, además, día festivo.

 

El jefe de gobierno ruso, Vladimir Putin, había celebrado la llegada acordada del banco ruso Sberbank a Opel como oportunidad única. De este modo, con este propicio acceso, los rusos querían llevar su industria automovilística, algo desplazada, a un nivel mundial, con la ayuda de la tecnología occidental.

 

Por consiguiente, la sorpresa fue considerable. Quien pregunte a los conductores de los destartalados coches rusos, recibirá enfado y desilusión en consecuencia. "Los americanos viven todavía en la guerra fría y quieren a toda costa impedir que nos modernicemos con ayuda de su tecnología", comentó Andrei, conductor de un Lada.

 

El fabricante de su automóvil, Avtovaz, el altamente endeudado líder ruso del sector, reconoció recientemente no poder producir coches "competitivos".

 

El consorcio Avtovaz difundió a principios de esta semana en París la noticia de que la francesa Renault, a pesar de las recientes demandas de Putin, no invertiría dinero en ella. Pero, los franceses dejaron entrever que ayudarían tecnológicamente a modernizar la empresa. Solo quieren mantener su 25 por ciento de participación, según la interpretación que se hace desde Rusia.

Una grave crisis

La industria automotriz rusa atraviesa su peor crisis en años. La facturación cayó en más del 50 por ciento en comparación con el año pasado. Avtovaz y el consorcio Gaz, que estuvo también en las conversaciones como socio de Opel, han despedido a miles de trabajadores. Solo las multimillonarias inyecciones de Vladimir Putin al sector lo mantienen con vida, sin que, a juicio de los expertos, tenga una verdadera idea de saneamiento.

 

Ivan Bontschew, analista ruso del sector, opina que Rusia debe ahora mirar hacia adelante. Una buena oportunidad sería la cooperación entre el grupo alemán Daimler y el constructor ruso de vehículos industriales Kamaz o entre Renault y Avtovaz.

Tampoco mostró reparos en que pudiera haber repercusiones políticas negativas para General Motors. "De la modernización depende Rusia", dijo Bontschew.

Un gran mercado

Pero también dejó claro el jefe de la multinacional estadounidense del automóvil, Fritz Henderson, que ellos quieren ayudar a la industria automovilística rusa. Para ello, el consorcio debería mirar las lucrativas posibilidades de ventas en el país más grande del planeta. Con 200 coches por cada 1.000 habitantes, la demanda rusa es grande.

 

En Alemania la densidad es de 566 por cada 1.000. Por eso, General Motors espera ampliar sus importantes negocios y volver a trabajar directamente con Gaz, dijo Henderson. Así, en estos días la propietaria de Opel empezó con el montaje de dos modelos de la marca en la fábrica Awtowar, situada en Kalinigrado, a orillas de mar Báltico.

 

Acerca de la repentina retirada de la operación de venta de Opel, el portavoz de Putin, Dimitri Peskow, en nombre del gobierno, se mostró "sorprendido". Al mismo tiempo, German Gref, director del banco Sberbank, mostró claramente sus reservas sobre el plan de Opel.

 

También la Comisión oriental de la fundación 'Deutschen Wirtschaft' se lamentaba por el fracaso de las conversaciones. "El proyecto entre Alemania y Rusia, hubiera sido básicamente bueno para darle un empujón a la cooperación en el ámbito del sector de automoción y de la industria de suministros", dijo Klaus Mangold, jefe del comité.

 

Sin embargo, la decisión de GM no debería llevar "a una irritación de las relaciones ruso-germanas", expresó Mangold.

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