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Economía
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ENTIDAD FINANCIERA EUROPEA

El BCE sacrifica algunos de sus 'principios sagrados'

Tras romper espectacularmente un tabú al comprar deuda pública en los mercados financieros, los guardianes monetarios de la zona euro están en la picota. Los críticos les acusan de haber cedido a presiones políticas y creen que han perdido su credibilidad.

El Banco Central Europeo (BCE) juega con fuego. Tras romper espectacularmente un tabú al comprar deuda pública en los mercados financieros, los guardianes monetarios de la zona euro están en la picota. Los críticos les acusan de haber cedido a presiones políticas y creen que han perdido su credibilidad. "El BCE está acorralado por los políticos y comete un pecado que un banco central no debería permitirse", apuntó Martin Faust, del Frankfurt School of Finance & Management.

Desde sus comienzos, el BCE siempre tuvo que defenderse de las intrusiones políticas, algo que hasta ahora consiguió con éxito. El Tratado de Maastricht prohibe a los gobiernos influir en el BCE, pero ahora parece que se rompieron todas las barreras y que la política ha tomado la iniciativa.

Y es que ante la crisis de Grecia y de otros países, los vigilantes de la política monetaria europea rompen un tabú tras otro. Ahora, por ejemplo, el BCE está dispuesto a comprar deuda de países de la eurozona fuertemente endeudados.

El mecanismo funciona así: para cubrir la deuda estatal, el BCE emite dinero, con el que compra bonos del estado. De esta forma la institución monetaria financia las deudas de aquellos que han incumplido el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, algo que hasta ahora parecía imposible.

Con estas medidas, el BCE apoya el programa multimillonario adoptado a nivel político para luchar contra el hundimiento de la zona euro. "El problema más urgente, la insolvencia de los países más endeudados, se soluciona así de momento", apunta Alexander Krüger, analista de Bankhaus Lampe. Pero a la vez, advierten algunos economistas, el BCE difumina la hasta ahora clara separación entre la política presupuestaria y la monetaria y pone en peligro su independencia.

El pasado jueves, tras la reunión del Consejo de Gobierno del BCE, su presidente, Jean Claude Trichet, aseguró que ni siquiera se había discutido la adopción de este tipo de medidas. Un día antes, el presidente del Bundesbank alemán, Axel Weber, advirtió que ni siquiera con el fin de evitar contagios en el sistema financiero europeo podría emplearse cualquier medida. La principal garantía del BCE es la confianza de los mercados en su independencia, algo que puede haber perdido ahora.

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