Economía
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El coste de la energía amenaza con paralizar la industria aragonesa sin un plan de contingencia efectivo

Las empresas piden al Gobierno que lleve a Bruselas medidas que frenen su pérdida de competitividad.

Instalación de placas fotovoltaicas en Opel España (Stellantis) en Figueruelas.
Instalación de placas fotovoltaicas en Opel España (Stellantis) en Figueruelas.
Toni Galán

La voz de alarma la dio el pasado miércoles el grupo Saica, que lamentó los efectos del incremento del precio del gas del 300% en los últimos ocho meses en su actividad productiva, que ha caído ya un 10%. La compañía papelera precisó que había tenido que parar tres de sus cuatro plantas de cogeneración por ese motivo y advirtió que la pérdida de competitividad ponía en riesgo el 50% de su fabricación –la que va fuera de España–, lo que podría traducirse en pérdida de empleo. Saica daba así cuenta de una realidad que afecta a decenas de empresas industriales de la Comunidad, que están viendo cómo sus costes energéticos se han disparado y amenazan la continuidad de sus negocios.

CEOE, Cepyme y la Federación de Empresas del Metal de Zaragoza (FEMZ) exigen en este escenario una implicación mayor del Gobierno central en la articulación de medidas que apoyen la actividad de las empresas a las que representan. Reclaman la inclusión de acciones específicas de respaldo a la industria, en especial la electrointensiva, en el paquete que el Ejecutivo llevará a Bruselas para la configuración del plan de contingencia que ayude a los países de la Unión Europea a encarar un otoño, y sobre todo un invierno, que se prevén «muy complicados». Si ese plan no incluye varias de sus reivindicaciones, afirman, la actividad industrial está en peligro.

Caen los pedidos

«Antes del verano no se notaba demasiado en el día a día de las empresas, pero ahora están cayendo pedidos, la situación se ha ralentizado», admite Javier Ferrer Dufol, presidente de la FEMZ. «Sube el precio de la energía y la inflación se mantiene alta, lo que incluso dificulta el acceso al crédito de las empresas», añade. Especialmente complicado lo tienen, precisa, compañías que son grandes consumidoras de gas y electricidad como Megasa o Ebroacero. «Compiten en el ámbito internacional y están perdiendo competitividad frente a compañías de otros países que no han sufrido un incremento de estos costes del 30%, el 40% o hasta del 60%», indica antes de recalcar las dificultades que tienen de repercutir al cliente estos incrementos.

«En energía hemos pagado en el primer semestre el triple de lo que pagamos en ese periodo en 2021», reseña Alberto Baños, adjunto a la dirección de Ebroacero, empresa de fundición zaragozana. «La perspectiva que tenemos es que esto no irá a mejor», admite asimismo, si bien reconoce que en materia de pedidos la empresa va bien, aunque compensando el aumento de costes energéticos con una reducción de sus márgenes. «En Italia tienen la energía más cara, pero en Turquía, la India y otros países emergentes las industrias reciben subvenciones y así pueden competir mejor que nosotros», explica también a modo de ejemplo.

En CEOE Aragón tienen claro cuál es el estado actual de la situación. «El porcentaje que supone la energía en los costes de producción se ha elevado notablemente, sin previsión de cese de esta escalada, encareciendo la actividad industrial, clave y estratégica en la economía aragonesa, y afectando en cadena a todo el tejido productivo», inciden desde la patronal. Su director general, Jesús Arnau, decía a este diario el pasado jueves que la situación «es dramática, de máxima preocupación» y «hay que tomar decisiones drásticas».

CEOE recuerda que las empresas no pueden repercutir adecuadamente este aumento de costes porque «supondría estrangular tanto la demanda de los consumidores finales como de las empresas a las que suministran, y deben renegociar pedidos y precios pactados con anterioridad derivando en dificultades de aprovisionamioento y capacidad de producción».

María Jesús Lorente, presidenta de Cepyme Aragón, indica que el coste de energía «descontrolado» que estamos sufriendo afecta a las grandes industrias de la Comunidad, pero lo sufren de peor manera los autónomos y las pequeñas y medianas empresas, que «no tienen ni el colchón financiero ni la estructura de compañías que pueden aguantar así durante un tiempo».

«Nos estamos enfrentando a una cuesta de enero en septiembre», afirma Lorente, que coincide con Arnau en que la situación es «dramática» y reseña que hay pequeñas empresas que están trabajando ya a pérdidas. «El otoño va a ser caliente y el invierno, helador», advierte la presidenta de Cepyme Aragón, que asume que en el camino que tenemos por delante «vamos a tener pérdidas», mientras exige al Ejecutivo central diligencia en la medida para evitar cierres de negocios y expedientes de regulación de empleo.

CEOE y Cepyme valoran la rebaja del IVA al gas (del 21% al 5%) anunciada por Pedro Sánchez, pero coinciden en que la repercusión es positiva para los consumidores e irrelevante para las empresas. La patronal que preside Miguel Marzo plantea propuestas como el desacoplamiento de las energías renovables, la reducción de trabas burocráticas, las ayudas a la cogeneración o la revisión de las compensaciones de emisiones de CO2.

Apuesta generalizada por las placas solares

El elevado coste de la energía, tanto la eléctrica como la de gas, ha acelerado las inversiones en instalaciones de renovables para consumo propio en un buen número de empresas aragonesas. Compañías de muy diversos sectores de actividad han decidido instalar placas fotovoltaicas, fundamentalmente, en los tejados de sus fábricas o almacenes o incluso en terreno que tenían disponible junto a sus sedes de producción.

Tal es el caso del fabricante de automóviles Opel España, del grupo Stellantis, en Figueruelas, que en un espacio de unos 163.000 metros cuadrados ha instalado ya 34. 800 paneles solares, a los que habrá que sumar la colocación de aerogeneradores para producir energía eólica, de la que informará el miércoles.

Empresas más pequeñas como Ebroacero e Itesal, fabricante de piezas de aluminio, tienen en marcha también sus respectivos planes de instalación de energía renovable para autoconsumo. Según explica Alberto Baños, de Ebroacero, compañía de fundición que cuenta hoy con 98 trabajadores, en su caso se trata de un proyecto que ha tenido apoyo de fondos europeos para colocar placas solares, si bien el efecto es limitado. Sus hornos de fusión se encienden de madrugada, cuando no hay luz y no se puede aprovechar la energía solar.

Itesal, fabricante de perfiles de aluminio para arquitectura y sectores industriales, ha culminado la primera fase de su plan de instalación de placas fotovoltaicas en su planta de Pina de Ebro, en la que ha invertido 700.000 euros. El objetivo principal es, según Armando Mateos, director general de la compañía, «cubrir con autoconsumo hasta el 40% de la electricidad que consume la empresa». El elevado coste tanto de la energía eléctrica como del gas, que no cesan de subir, ha sido, en palabras del director de Itesal, «el detonante» para que la firma decidiera apostar por la optimización energética y planteara la instalación de estas placas fotovoltaicas para intentar reducir el consumo de energía externa.

El grupo cervecero Ágora (Ámbar) trabaja en la misma línea. Según relató en julio su director general, Sergio Elizalde, la empresa prevé en octubre empezar a instalar 4.000 paneles solares para poder generar el 25% de la energía que consume.

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