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Llamadas comerciales: cómo evitar llegar al “no me interesa, de verdad, ¡no llame más!”

La llegada de las fiestas navideñas y el fin de los ejercicios fiscales, con el apremio por llegar a los objetivos anuales, han generado un mayor acoso telefónico de este tipo en las últimas semanas

José Ángel Oliván, secretario general de la Unión de Consumidores de Aragón (UCA).
José Ángel Oliván, secretario general de la Unión de Consumidores de Aragón (UCA).
R. L.

Son molestas, irritantes e invasivas, pero legales durante 12 horas al día en los días laborables. Las llamadas comerciales continuas aparecieron en las vidas de todos los ciudadanos hace ya un tiempo, y aunque hay periodos de soterramiento guadianesco en la frecuencia, siempre vuelven con fuerza ‘damoclesca’. En las semanas previas a las fechas navideñas se ha apreciado un aumento en la frecuencia de este fenómeno, que también han apreciado en la Unión de Consumidores de Aragón (UCA). Su secretario general, José Ángel Oliván, suscribe la apreciación y recalca la necesidad de protegerse ante ese exceso de intromisión en la privacidad de cada persona.

“Hay tres grandes grupos de llamadas comerciales -explica Oliván- que efectivamente repuntan en estas fechas. El primero es el de las compañías eléctricas; con los actuales picos de las tarifas hay caldo de cultivo para que cualquiera pueda plantearse un cambio de compañía, y lo que buscan estas es cambiar contratos de tarifa regulada por otros de tarifa libre. Además, las grandes firmas quieren reducir el número de empresas comercializadoras en ese mercado libre; ahora hay 750 en España, y eso reduce cuota de mercado para las grandes, aunque no sea de manera muy significativa; el ofrecimiento de tarifas planas es una herramienta muy usada en este contexto. Además, al hacer las ofertas por teléfono y dar la posibilidad de formalizar el contrato en esa misma llamada, no todo el mundo revisa la información de la oferta al completo, por no decir casi nadie”.

El segundo grupo de llamadas es un clásico: las compañías telefónicas. “La competencia es muy fuerte en el sector -explica Oliván- y al final del año necesitan completar los objetivos comerciales, por lo que están haciendo un sobreesfuerzo final para alcanzarlos. No lo hacen todas, pero sí la mayoría. En cuanto al tercer gran grupo de llamadas, el de las aseguradoras, está dirigido sobre todo a los seguros de hogar o los médicos. Por ejemplo, los funcionarios y todas las personas que están en Muface pueden contratar servicios en empresas sanitarias privadas, no están circunscritos a la salud pública, y la fecha en la que pueden cambiar de contratos es ahora, a final de año; en estos días son diana de las llamadas comerciales de seguros”.

Las soluciones y su eficacia

Oliván resume las posibles soluciones para quienes sufran este acoso en dos grupos. “Hay un horario en el que no pueden llamar, de nueve de la noche a nueve de la mañana, según la normativa vigente en el artículo 96 de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, que versa sobre las comunicaciones comerciales a distancia. Tampoco pueden llamar en ningún momento en fin de semana. Además de la norma existen compromisos comerciales en algunos sectores; las operadoras de telefonía pactaron este verano un periodo de descanso entre las 15.00 y las 16.00, una decisión de corte deontológico que en teoría entra en vigor el próximo 1 de enero, aunque no es de obligatorio cumplimiento y se circunscribe a las operadoras que lo han firmado. Desde luego, animo a quien reciba llamadas en el horario vetado por ley a que denuncie al emisor”.

Los teléfonos están recibiendo aún más llamadas comerciales en estas semanas.
Los teléfonos están recibiendo aún más llamadas comerciales en estas semanas.
Francisco Jiménez

La otra posibilidad es la famosa Lista Robinson, a la que se accede fácilmente por solicitud formal en internet, y que garantiza una protección ante las comunicaciones comerciales por vía telefónica o internauta que no caduca. “Funciona bien, aquí la defendemos -explica Oliván- como herramienta útil. El problema es que a veces torpedeamos su eficacia nosotros mismos. Las empresas de márquetin tienen obligación de consultarlas, pero cuando contratamos un servicio y decimos que sí a las condiciones del contrato sin fijarnos en que este tipo de comunicaciones van incluidas, rompemos la efectividad de nuestra asociación a la Robinson. Por ejemplo, con la telefonía, si cambio de compañía y di mi consentimiento tácito a la que estoy abandonando a recibirlas, por no especificar qué cosas no quería, debo solicitar a la empresa saliente que ya no quiero recibir más comunicaciones suyas; de lo contrario, esa autorización sigue valiendo aunque cambie de empresa”.

Este autosabotaje a la inclusión en la Lista Robinson puede llegar también en las adquisición de productos a domicilio, desde ropa a billete de avión. “Afortunadamente, cada vez se se permite más la personalización de las autorizaciones, las empresas han tomado conciencia de ello, tratan de que no sea algo automático; los consumidores optan muchas veces por autorizarlo todo para acabar antes, tenemos prisa o quieren que la tengamos. Por ejemplo, esas ofertas con reloj en cuenta atrás, que invitan a correr para no perder la rebaja, con lo cual fijarse en los detalles pasa a un segundo plano de atención. Otra opción es acostumbrarse a no autorizar nunca la recepción de ofertas comerciales en cada nueva contratación de productos o servicios, eso ya es muy personal”.

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