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Panadería de Lorien: "Cerré 2020 con pérdidas, pero me he apretado el cinturón y he seguido prestando servicio"

Yon Cabello solo tiene 26 años y abrió su negocio en 2018. No solo hace pan, sino que lo lleva a pueblos a 90 kilómetros a la redonda para frenar la despoblación.

Yon Cabello tiene 26 años y abrió la Panadería de Lorien (Novales) en 2018
Yon Cabello tiene 26 años y abrió la Panadería de Lorien (Novales) en 2018
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Hacer pan y repostería en un horno de leña y llevar sus productos a pueblos a 90 kilómetros a la redonda es la fórmula que Yon Cabello ha encontrado para trabajar en lo que le gusta y, al mismo tiempo, contribuir al asentamiento de población en el medio rural. Este joven emprendedor tiene apenas 26 años y desde 2018 tiene su propio negocio en Novales (Hoya de Huesca). 

En la Panadería-pastelería de Lorien se preparan los mejores panes de la zona, así como magdalenas, tortas y otros productos de repostería que hacen las delicias no solo de los vecinos de Novales, sino de los de una treintena de pueblos de tres comarcas: Hoya de Huesca, Los Monegros y Bajo Cinca

s el radio de acción que abarca el servicio de venta ambulante de pan que Yon ofrece de forma totalmente gratuita desde que abrió su negocio. Al principio eran once localidades pero la cifra ha ido creciendo, dado el éxito entre los vecinos y la buena acogida de los ayuntamientos. De esta manera se lleva pan recién hecho a pueblos donde no hay panadería y, hasta ahora, había que desplazarse para conseguirlo.

Pero a Yon, prestar este servicio no solo le cuesta más dinero, empezando por los cerca de 800 euros mensuales en gasolina, sino también tiempo. Sus jornadas laborales empiezan a las once de la noche y terminan a las dos del mediodía, tras trece horas de trabajo en el horno, repartos y más trabajo en el horno. Una operaria le ayuda con el servicio ambulante y también durante las horas en las que la panadería de Novales está abierta (de 7.00 a 10.00). 

Torrente de Cinca, a 91 kilómetros de Novales, es el pueblo más alejado al que reparten y de ahí procede Yon. Este joven emprendedor es un apasionado de la vida rural y, con su trabajo, lucha cada día para tratar de frenar la despoblación. "El objetivo es que nuestros pueblos tengan los máximos servicios posibles y evitar así que terminen desapareciendo del mapa", explica. Con esta idea nació su negocio y así continúa, incluso ampliando el servicio. "A principios de 2020, justo antes de la pandemia, empezamos a repartir también la compra del supermercado por encargo. Si el servicio ya tenía éxito antes, con el confinamiento se multiplicó, con entre 50 y 60 pedidos cada semana", recuerda. 

"Lo importante es que la gente esté contenta con el servicio y, en el confinamiento, que no tuviera que salir mucho de casa para evitar contagios"

Y quien dice la compra del súper dice los medicamentos de la farmacia o cualquier otro producto que en Novales se puede conseguir pero en otros pueblos más pequeños de alrededor, no. "Lo importante es que la gente esté contenta con el servicio y, en el confinamiento, que no tuviera que salir mucho de casa para evitar contagios", explica Yon.

Pero aunque su espíritu de ayuda y sus buenas intenciones se mantuvieron pese a la covid-19, los números no acompañaron. "Cerré 2020 con unas pérdidas de 9.000 euros, sin tener en cuenta lo que dejé de ingresar", indica. Pese a la adversidad, Yon no se vino abajo. "Me tocó apretar el cinturón y seguir prestando servicio. Ahora ya estamos otra vez casi en cifras de 2019", añade, optimista. Y es que aunque el pan y la repostería son bienes de primera necesidad, durante las épocas más difíciles de la pandemia, Yon perdió a todos los clientes que visitan los pueblos los fines de semana, en puentes o en vacaciones. 

Pero eso ya es cosa del pasado. El horno de la Panadería de Lorien está de nuevo a pleno rendimiento y Yon emplea para su producción diaria unos 100 kilos de harina (200 para fines de semana, festivos y fechas señaladas). Para hacer frente a todo lo que se demanda, su faena empieza poco antes de la medianoche, con la preparación del pan. Lo que más vende son las barras de cuarto típicas pero es un éxito compartido con las de medio kilo cortadas. Después de toda la noche en el horno, a las 5.30 se monta en la furgoneta para hacer el primer reparto. Este turno termina a las 8.30, cuando Yon vuelve a la panadería para ponerse con la repostería, donde las magdalenas (tanto las normales como las de doble chocolate) son el producto estrella.

Los vecinos de Novales pueden comprar en el horno hasta las diez de la mañana y a algunos, los que están trabajando por la mañana, se les deja el pan en la puerta de casa para cuando regresen a comer. A esa hora, el horno se cierra para que Yon y su ayudante, cada uno con una furgoneta, salgan para el segundo reparto del día, que se prolongará hasta las 13.30 ó 14.00. 

"A algunos pueblos vamos tres veces a la semana, a otros cuatro y algunos tienen reparto diario, según la demanda. Dentro de cada uno, hacemos varias paradas y vamos tocando la bocina conforme llegamos para que los vecinos salgan, aunque como siempre es el mismo día a la misma hora, suelen estar esperándonos", explica Yon. El tipo de venta más habitual es sin reserva previa, a no ser que se trate de un pedido especial, caso en el que se puede pedir con antelación para tenerlo asegurado. 

Después de esta intensa jornada, Yon come y se mete en la cama a las cuatro de la tarde. A las once de la noche sonará el despertador y para él empezará un nuevo día. Y así de lunes a sábado. Los domingos serían para descansar pero en el horno siempre hay algo que hacer. "Aprovecho para preparar la leña para toda la semana, limpiar y dejarlo todo listo", explica.

Y así es como Yon pasa lo días, un apasionado de la panadería y la repostería desde que era pequeño, cuando preparaba recetas con su abuela. Aquella diversión infantil se formalizó en su edad adulta, cuando decidió estudiar un Grado Medio y hacer de esa pasión su forma de vida. Reconoce que los últimos tres años, desde que abrió su negocio, solo se ha dedicado al trabajo pero hace unos meses cambió de mentalidad. "Después de tanto tiempo sin vida social he decidido que eso se acabó y siempre intento tener unas horas libres para disfrutar de la familia y de los amigos", explica.

A raíz de abrir la panadería, Yon se mudó a Argavieso, a dos kilómetros de Novales. Vive en una casa alquilada que, afortunadamente, es de piedra y puede dormir fresco todo el año. Algo importante cuando uno se acuesta a las cuatro de la tarde en pleno verano. Los ruidos tampoco abundan y, desde su llegada, el centro de reunión nocturna de los jóvenes es la plaza de la panadería. "Se sientan por allí cerca y siempre saco alguna napolitana conforme las voy preparando", comenta Yon, quien se siente afortunado de la vida en un pueblo donde todos se conocen por el nombre.

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