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La 'cantera' de la construcción aragonesa: "No hay gente joven que quiera trabajar en la obra ahora mismo"

Todavía son pocos pero ya hay quien se acerca al sector porque confía en las expectativas de empleo que ha generado el anuncio de fondos europeos o por seguir el oficio familiar, aunque quedan secuelas de la crisis anterior.

Alumnos de la Fundación Laboral de la Construcción.
Alumnos de la Fundación Laboral de la Construcción.
Javier Belver

Varios jóvenes se afanan en levantar un tabique con placa de yeso laminado asegurándose de que está recto y firme. Otro grupo coloca ladrillo a ladrillo las paredes de una casa poco más grande que una habitación, con el ruido de fondo de una hormigonera que no para de girar. Viéndolos nadie diría que faltan vocaciones en la construcción, pero son una excepción dentro de los jóvenes que eligen una profesión en el sector, donde se necesitarán unos 8.000 trabajadores en los próximos años. Ellos asisten a dos de los cursos que se imparten en julio en la Fundación Laboral de la Construcción, el organismo nacido del trabajo de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC) y las federaciones del ramo de los sindicatos UGT y CC. OO., y que sirve de 'cantera' de profesionales desde la localidad zaragozana de Villanueva de Gállego.

Mario Lapeña tiene 18 años y es uno de los alumnos. Hace Bachiller de Artes y ha trabajado en pintura industrial, donde tiene experiencia su familia. Ha elegido el curso para trabajar con placas de yeso, uno de los que permite obtener un certificado de profesionalidad, porque "me han informado de que tenía bastantes salidas al mundo laboral, que suelen ser trabajos en puestos fijos, que hay mucha demanda, y por formación, que nunca viene mal", explica, dejando un momento al resto de compañeros, que siguen trabajando en equipo.

La crisis que arrasó el sector

"Hace años era un erial porque la crisis arrasó el sector", reconoce Vicente Lafuente, gerente de la fundación. Cree que ahora se estaría recuperando. El sector de la construcción vivió sus años dorados durante el 'boom' inmobiliario. Los sueldos eran altos y muchos jóvenes dejaban colgados sus estudios para subirse al andamio. Luego llegó el 'pinchazo' de la burbuja del ladrillo en 2008, que mandó al paro a buena parte del sector y desinfló los sueldos. En el 2008 se perdieron más de 20.000 empleos en la comunidad, según los cálculos de los sindicatos.

Hoy, la construcción busca un nuevo renacimiento con la lluvia de millones que han prometido las ayudas europeas aprobadas por la pandemia de covid-19. La rehabilitación de viviendas y las obras de parques de energías renovables pueden encabezar ese resurgir. Para lograrlo faltan todo tipo de perfiles, desde encofradores, ferrallistas, instaladores, carpinteros, alicatadores, fontaneros, electricistas, gruistas y maquinistas de obra pública, aseguran desde el sector. A algunos ya se los "rifarían" entre las empresas.

El gerente de la fundación reconoce que parte del problema de la falta de relevo es que tras el desplome del sector, los padres no quieren que sus hijos se dediquen a la construcción, incluso los que trabajan en él o, sobre todo, ellos. Los veteranos lo han vivido estos años. "Somos un sector muy gremial. Siempre ha pasado de padres a hijos. Mi padre era trabajador de la construcción, mi abuelo también y yo también. Lo que lo interrumpió fue la crisis y ver a los padres de esos chicos cómo lo perdieron todo. A los de la construcción nadie nos ayudó. Fue un sálvese quien pueda", cuenta Manolo Grande, responsable de la federación del sector en UGT-Aragón. Desde entonces, hace ya 12 años, "se instauró la creencia de que como es un sector temporal y había pasado esto no era atractivo para volver o meterse".

Pablo Palacín, alumno de la Fundación laboral de la construcción.
Pablo Palacín, alumno de la Fundación laboral de la construcción.
Javier Belver

Sin embargo, poco a poco esto va cambiando y aparecen excepciones como la de Mario o la de Pablo Palacín, de 23 años, uno de los alumnos de los ciclos formativos. Tiene el apoyo de su familia, que trabaja en el gremio, y le gusta el oficio. Podía haberlo aprendido directamente en la obra, como se hacía antes, pero es consciente de que "tener un título es mejor". Termina en septiembre el curso de grado medio de técnico en construcción, cuando acabe las prácticas en una empresa, ya que el centro sigue el sistema de FP dual. "Quiero hacer un grado superior", explica. Este lo cursará el CPIFP Corona de Aragón de Zaragoza.

"Es duro y sacrificado porque en invierno pasas frío y en verano, calor. Haces horas y es un trabajo físico, pero me gusta"

De su experiencia ha comprobado que "no hay gente joven que quiera trabajar en la obra ahora mismo". Ninguno de sus amigos se ha animado y la edad media de los trabajadores con los que está en el tajo supera los 45 años. Entiende que pese a la modernización que ha experimentado el sector sigue siendo "duro y sacrificado porque en invierno pasas frío y en verano, calor. Haces horas y es un trabajo físico, pero me gusta". Lo prefiere a estar encerrado en una fábrica o al trabajo rutinario de una cadena de montaje. Entre las causas de que no se acerquen más jóvenes cree que "estamos acostumbrados a que en la obra se ganaba mucho dinero. Ahora se gana, aunque no tanto como antes", dice, en referencia a los años anteriores a la crisis.

Alumno de la Fundación Laboral de la Construcción.
Grabosky Chirinos, ingeniero de Petróleo en Venezuela que se forma en la construcción.
Javier Belver

El sector cubre sus necesidades de mano de obra en parte gracias a los trabajadores extranjeros que ven en él una salida laboral, pero ni siquiera es la primera opción para muchos. "Prefieren buscar en otros sectores porque se asocia construcción a temporalidad y malas condiciones laborales", lamenta Grande. Por la fundación pasan cada año unos 4.000 alumnos en total. Algunos cursos tienen hasta un 70% de alumnos migrantes y la media se sitúa en el 40%.

Grabosky Chirinos llegó de Venezuela el año pasado, unas semanas antes de que se declarara la pandemia. Allí era ingeniero de Petróleo y llevaba 18 años trabajando en la industria petrolífera, clave para el país sudamericano. Ahora espera que le convaliden el título en España por otra ingeniería, porque aquí no existe esa especialidad. "Siempre me ha gustado el área de la construcción y veo que tiene bastante salida de empleo", cuenta, mientras cursa uno de los certificados de profesionalidad, motivado para aprender algo nuevo, pese a tener formación y experiencia en otro sector y ser el mayor de la clase a sus 45 años.

Alumna de la Fundación Laboral de la Construcción.
Silvania Fonseca, nacida en Cabo Verde, una de las pocas alumnas de la Fundación Laboral de la Construcción.
Javier Belver
"Ojalá encuentre trabajo pronto. Me gusta mucho poner ladrillos y pintar, más"

Entre los alumnos de certificado hay otros llegados de Mali como Mahamadou Keita, de 25 años. "Me gusta mucho este trabajo", asegura, en francés, que luego traduce él mismo al español. Lleva solo desde septiembre del año pasado pero ya se defiende con el idioma. Quiere encontrar un trabajo en España. Al igual que Silvania Fonseca, de la misma edad, llegada de Cabo Verde hace tres años. Una de las pocas mujeres que se han apuntado a los cursos en un sector masculinizado en el que solo el 8% de los puestos de trabajo están ocupados por mujeres, según los datos de la fundación. "Siempre me ha gustado hacer las cosas que hacían los chicos", recuerda sobre su infancia.

"He trabajado en un restaurante de cocinera, en la limpieza y en mi país era dependienta en una tienda", cuenta sobre su trayectoria. Con la pandemia se quedó en el paro, sin muchas oportunidades de encontrar empleo en sus trabajos anteriores, muy afectados por las restricciones, y le surgió la posibilidad de apuntarse al curso de revestimientos. "Ojalá encuentre trabajo pronto. Me gusta mucho poner ladrillos y pintar, más", cuenta. 

"Se ha denostado mucho después de la crisis. Se le ha dado muy mala publicidad"

Lafuente afirma que ya hay retrasos en obras por falta de personal cualificado y que se empiezan a "fichar" a trabajadores con experiencia ofreciendo sueldos más altos. Se trataría sobre todo perfiles cualificados, como los maquinistas de obra pública, explica Grande. Formar a un oficial puede llevar "entre ocho y diez años", calcula.

Los salarios se sitúan entorno a los 25.000 euros al año en el caso del convenio provincial de Zaragoza para un oficial de primera, el perfil más repetido en las obras. Una cantidad que no consigue atraer a los jóvenes, que prefieren buscar en sectores como la industria, aunque lleguen a ganar menos.

Desde CC. OO. creen que los sueldos de los convenios provinciales no son los de los años de las vacas gordas, pero tampoco tan bajos como para provocar la falta de mano de obra. Tendrían más peso otros factores. "El sector se ha denostado mucho después de la crisis. Se le ha dado muy mala publicidad", cree Fernando Baraza, responsable desde la federación de Construcción de CC. OO. Aragón, en referencia a la debacle que se vivió en la anterior crisis.

"Darle la vuelta" al modelo de subcontratas

Quienes la vivieron han arrastrado las secuelas durante toda su vida laboral. "Cada diez años o así había una crisis, pero nunca como la de 2006", recuerda sobre el último año de bonanza José Manuel Valero, que entró en el sector en 1977. "Yo he ido aguantando pero en todas las empresas que estuve a última hora tuve problemas porque no pagaban. Alguna, nada", lamenta sobre las malas experiencias que ha tenido.

Habla del sector como una "jungla" en la que los trabajadores acaban contratados por subcontratas que empeoran las condiciones laborales. Los salarios han bajado porque "cuando la Expo cualquiera podía ganar 2.000 euros, aunque a base de horas y sacrificio, y ahora estarán con suerte por 1.200". Reconoce que han mejorado mucho las condiciones de seguridad en las obras. A sus 66 años se acaba de jubilar. "Me quitaron el 21% de pensión, pero no te queda otro remedio. Me lo llevo en salud", cuenta. 

Baraza denuncia que "hay mucha subcontrata. Toda la mano de obra es subcontratada". Para Grande, la única forma de conseguir atraer personal es ofrecer "contratos estables en empresas solventes, no en las subcontratas prestamistas de mano de obra". Esto supondría "darle la vuelta" al modelo de sector.

 "Van a venir muchos fondos europeos, que muchos van destinados a rehabilitación viviendas y adecuación energética y están viendo que no hay gente para trabajar. Ha aumentado un poco la actividad y ya tenemos verdaderas dificultades", advierte Grande. 

Mientras, en la Fundación Laboral de la Construcción siguen formando personal. Además de los certificados de profesionalidad, imparten cinco grados de formación profesional: técnico en excavaciones y sondeos; reforma y mantenimiento de edificios; construcción; prevención de riesgos profesionales y energías renovables. Este último ha sido el más novedoso y despierta interés por la larga lista de proyectos anunciados entre parques solares y eólicos. La fundación cuenta con actividades de orientación laboral, dirigidas también a colectivos con dificultades de inserción y trabaja en innovación y en la elaboración de informes sobre el sector.

Lafuente asegura que la mayoría de los alumnos encuentra trabajo nada más terminar, aunque son pocos comparados con las necesidades del sector. Confía en que dentro de poco, la construcción vuelva a ser una opción para muchos jóvenes, más profesionalizada.

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