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Paro y migrantes: "He trabajado en el campo y en un matadero. Es duro, pero no tengo miedo a trabajar"

La pandemia de coronavirus ha afectado en mayor medida al colectivo de trabajadores extranjeros, empleado en sectores que ni en épocas de crisis cubren los parados nacionales.

Bouba Touré, joven de Mali que vive en Zaragoza.
Bouba Touré, joven de Mali que vive en Zaragoza.
Toni Galán

Bouba Touré tiene 21 años  y lleva los dos últimos viviendo en Zaragoza. Nacido en Mali, su viaje a Europa fue el de muchos ciudadanos de países africanos que arriesgan su vida en busca de una oportunidad que no le daba su país. La pandemia de covid-19 le cogió trabajando el año pasado y tras el parón por el confinamiento fue haciendo un poco de todo en varios sectores. El jueves pasado se le terminó su último contrato y es consciente de que para el colectivo de extranjeros, con la crisis actual "está difícil encontrar trabajo, pero antes, también".

El joven llegó como asilado huyendo del conflicto armado que vive su país y tuvo el apoyo de la ONG de acogida Accem. "Yo nací en Bamako en Mali. La situación está un poco mejor, pero la semana pasada hubo un ataque terrorista que mató a 33 militares", cuenta. Su familia sigue viviendo allí.  Y siguen llegando pateras con personas de su país, como la que la semana pasada fue rescatada en Canarias, aunque unos días después murió uno de sus ocupantes, una niña de dos años.

Bouba se siente integrado en Zaragoza, ciudad en la que quiere quedarse. Su pasión por el balón le ha ayudado a hacer amigos y a aprender castellano. "No sabía nada cuando llegué pero me gustaba mucho ver el fútbol en televisión en mí país. La liga española es muy famosa", cuenta, y confiesa que la primera palabra que aprendió fue "gol" y la alineación del Barça.  Cuando llegó a Zaragoza "leía mucho y miraba mucho la televisión", además de ir a clase.

Alguna vez ha sentido algún gesto racista, como notar que si tenía un asiento libre al lado en el autobús alguien evitaba ocuparlo, pero ha encontrado más gente "buena". Entiende que "cada uno está libre de pensar lo que quiere".

En la recogida de cebolla y un matadero

"He conocido a gente muy amable. Dispuesta a ayudarme con el idioma", explica dos años después de su llegada, en un castellano más que notable. Habla francés y songhoy, uno de los dialectos de Mali. En la búsqueda de empleo, en el último año ha pasado por los principales sectores en los que hay más porcentaje de trabajadores extranjeros. "He trabajado en el campo recogiendo cebolla y en un matadero de cerdos. Es duro, pero no tengo miedo a trabajar", reconoce. También ha conseguido un contrato en la industria, un sector con mejores condiciones laborales.

Ahora que tiene que volver a buscar empleo cree que será "más difícil" porque todo se hace por internet, como el envío de currículums, para reducir el riesgo de contagios. Él prefería llevarlo en mano a las empresas de trabajo temporal, para que le "vieran la cara" y notaran que tenía "ganas de trabajar". 

Cuando por el confinamiento se suspendieron cursos o pasaron a ser 'online' parte del colectivo se descolgó por la falta de medios. "No pudieron porque no tienen ordenador o tablet, solo un teléfono medio", reconoce Irene Escobedo, técnica de empleo de la ONG Accem de Zaragoza. "En circunstancias normales a cualquier persona le puede costar conseguir empleo, pero a este colectivo que es más vulnerable o su formación no la tienen homologada en España, se les complican más las posibilidades", añade.

Más precariedad 

Y esto hace que a veces caigan en la economía sumergida o en puestos con condiciones precarias. "Siempre intentamos que las personas accedan a un puesto de trabajo digno, pero si necesitas trabajar y dar de comer a tus hijos vas a aceptar un puesto de trabajo por muy precario que sea", reconoce. Entre estos últimos, el cuidado de personas mayores o trabajos de limpieza, muchos perdidos por la pandemia.

"En general ocupan los puestos más precarios y menos consolidados en las empresas, por una situación de recién llegados", añade Antonio Ranera, responsable del Departamento de Migraciones de UGT Aragón. "Las personas extranjeras hoy, 12 meses más tarde, están en situación de mayor desvalimiento socioeconómico", asegura sobre el balance del primer año de coronavirus.

"En la crisis anterior dijimos que preveíamos un  aumento en el número de personas españolas que iban a ir a la campaña agrícola y nos equivocamos"

Niega que "quiten el trabajo a los españoles" porque "como norma general ocupan nichos que las personas españolas no quieren cubrir", afirma. Ni siquiera en épocas de crisis, cuando escasea  el empleo, se observa un trasvase de trabajadores nacionales a ocupaciones como las agrícolas. "En la crisis anterior dijimos que preveíamos aumento en el número de personas españolas que iban a ir a la campaña agrícola y nos equivocamos", reconoce el sindicalista.

En ello coincide Marta Arjol, responsable diálogo social y cohesión social de CC. OO. Aragón. "En un primero momento, en la crisis 2008 se pensó que se iba a producir un efecto sustitución, hubo un ligero incremento de población autóctona en el sector del campo, pero en términos generales, sigue siendo la población de origen extranjero la que participa en las labores agrarias", apunta.

El sindicato, que ultima su informe anual sobre inmigración,  apunta en el de 2019 que la población inmigrante de la comunidad era 148.724 personas, el 11,28% del total. El grueso tiene entre 15 y 44 años. El paro afecta más al colectivo ya que de cada 10 parados, 3 eran inmigrantes a falta de recoger el impacto de la pandemia. Casi la mitad de los que trabajaban antes de la crisis sanitaria lo hacía en los servicios (46,99%) seguido de la agricultura  (31,94%), la industria (15,07%) y  la construcción (5,99%).

Además, hay nichos también para puestos cualificados, para los que antes de la pandemia se recurría a las contrataciones en los países de origen, como las que gestionan desde la Fundación San Ezequiel Moreno. "Las empresas son más tímidas a la hora de solicitar ahora por la inestabilidad por la covid, pero para perfiles con cierta cualificación siguen pidiendo contratación en origen", asegura Christine Alonso, responsable del área de Codesarrollo de la fundación. 

En la mayoría de los casos, este tipo de trabajadores vuelven a sus países. "La contratación en origen se entiende con el retorno. Queremos dignificar que esas personas vengan en iguales condiciones y si regresan, dignificar el regreso". En los últimos cinco años han ayudado a 76 personas a regresar convirtiéndose en pequeños emprendedores en Nicaragua y Colombia, con los programas de apoyo público. 

Riesgo de "explotación"

En los perfiles de baja cualificación abunda la temporalidad, la precariedad, la penosidad de las actividades, bajos salarios, rotación y contratación a tiempo parcial no deseada. Todo ello puede derivar en situaciones de "explotación", alerta Ranera, que no descarta puedan estar detrás del fraude en la contratación de extranjeros destapado hace unos días en un matadero de Binéfar. 

El sindicalista considera "fundamental luchar contra el fraude y la explotación laboral en su conjunto y en todos los sectores". Otro de los que registran más fraude sería el empleo doméstico donde hay economía sumergida o "muchas personas que están contratadas unas horas a la semana y trabajan más".

"La pandemia ha hecho más difícil la situación de la población inmigrante", afirma Arjol. La crisis sanitaria "ha roto con una de las mayores potencialidades que tiene la población inmigrantes, que es su movilidad". Y pide que se garanticen este año las medidas sanitarias y alojamientos para evitar un brote de covid entre el colectivo de temporeros como el que se vivió el año pasado.

"Hay que poner en valor que es población que trabaja en general en condiciones precarias y que vivió la pasada campaña y esperemos que no ocurra esta su día a día en condiciones de más riesgo", pide desde CC. OO. Aragón.

Al CITE, el Centro de Información a Trabajadores y Trabajadoras extranjeros del sindicato, llegan estos días personas "preocupados por la situación legal en España", tras perder su empleo durante la pandemia, afirma Fátima Loukili, una de las técnicas que les atienden en las asesorías. "Las personas que han perdido su trabajo, si tienen permiso de residencia de larga duración ya no tienen el miedo a que les puedan expulsar, pero los que tienen un permiso temporal, sí que están en riesgo de que puedan su perder permiso si no están trabajando", señala. Encontrar una ocupación ahora es más complicado.

Bouba seguirá buscando empleo y formándose. "Lo que me gustaría es hacer un curso de mediación", explica, para aprovechar su experiencia personal y ayudar a otros migrantes, a través de asociaciones como Accem, que le ayudó a él y donde ha estado de voluntario como traductor. Pide que las empresas den "más oportunidades" al colectivo para llegar a sectores más estables como la industria. "El trabajo del campo es temporal, yo quiero hacer algo mejor", reconoce.

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