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Economía

Miguel Fuertes, del Centro Ecuestre de Santa Eulalia: “Vivir de tu hobby es como estar siempre de vacaciones”

Los caballos son su pasión desde niño y hace 20 años profesionalizó su afición con la apertura de un espacio para su cuidado y doma. También imparte clases.

Rosa y Miguel llevan el centro ecuestre de Santa Eulalia del Campo.
Rosa y Miguel llevan el centro ecuestre de Santa Eulalia del Campo.
Heraldo.es

Ni la crisis económica de 2008 ni la actual pandemia ni prácticamente ninguna circunstancia podría cambiar la pasión que Miguel Fuertes siente por los caballos. Natural de la localidad turolense de Santa Eulalia del Campo, hace 20 años abrió un centro ecuestre en el municipio, haciendo así de su hobby una profesión.

Pero su relación con los caballos había comenzado mucho antes. Ya le gustaban desde muy pequeño, alentado por su tío y sus primos de Valencia. Pero hasta que no se hizo adulto y se independizó no supo lo que era realmente montar a caballo. De esto hace ya más de 30 años, pero la afición de Miguel solo ha ido en aumento.

Tanto es así que para él, cuidar de los caballos no es un trabajo. “Cuando vives de tu hobby es casi como estar siempre de vacaciones”, asegura. Reconoce, por otra parte, que la vida que ha elegido le ha hecho prescindir de vacaciones o viajes de fin de semana en muchas ocasiones. Pero, al fin y al cabo, es su elección y se siente afortunado.

En sus instalaciones de Santa Eulalia, situadas a las afueras del pueblo y muy próximas a la ermita de la Virgen del Molino, viven actualmente alrededor de 40 caballos. Todos los días, Miguel y Rosa, su mujer y compañera desde siempre en esta aventura ecuestre, acuden bien temprano para preparar la comida, limpiar los boxes, cepillar a los caballos…

“Comen pronto así que en invierno suelo llegar a las ocho de la mañana y en verano, a las siete”, explica. La hora de salida no la tiene tan clara, pero “siempre se me hace de noche”, confiesa. Además de estas tareas, también se ocupan de domar a los caballos y de montarlos. “Este trabajo no tiene horarios. Si quisiera, no acabaría nunca”, comenta.

Las clases y paseos a caballo son actualmente la actividad más demandada.
Las clases y paseos a caballo son actualmente la actividad más demandada.
Heraldo.es

“Intento entender al caballo y aprender de él”

La formación de Miguel en el mundo equino es totalmente autodidacta. Nunca nadie le enseñó a montar, fue el propio caballo quien le guio en este camino. En todos estos años, ha montado a miles de caballos y domado a más de cien. De todos ellos intenta aprender algo nuevo. “Lo importante es tratar de entender al animal porque es mucho más fácil que el humano, quien en principio es el más inteligente de los dos, comprenda al caballo, y no obligarle, al contrario, a interpretar nuestro lenguaje”, explica.

Esta filosofía es la que aplica en las clases que imparte en el centro ecuestre. Aunque en los inicios esta no era la vía principal del negocio, de un tiempo a esta parte, ha ido en aumento y ahora ocupa entre un 80 y un 90% del volumen de trabajo.

“Lo importante es tratar de entender al animal porque es mucho más fácil que el humano, quien en principio es el más inteligente de los dos, comprenda al caballo, y no obligarle, al contrario, a interpretar nuestro lenguaje”

Actualmente, se cuenta con entre 40 ó 50 alumnos que acuden a las instalaciones previa reserva de hora. El pago se produce a través de un cómodo sistema de bonos, que se pueden ir canjeando cuando se quiera. Las clases son de una hora completa de monta y el precio por diez sesiones es de 160 euros.

En este sentido, la covid no ha afectado apenas a la dinámica habitual del centro ya que la mayoría de estos alumnos son personas del pueblo o de los alrededores. Además, el entorno en el que se desarrolla la actividad es totalmente seguro. “Nunca se juntan más de cuatro personas a la vez y, además, la distancia entre uno y otro es más que suficiente”, explica Miguel.

Muchos de estos alumnos son niños, que están empezando a ir desde los seis años, con clases adaptadas a esta edad. “A ellos les gusta y los padres han encontrado en los caballos una actividad segura y al aire libre”, asegura.

Estas ventajas también han sido valoradas, especialmente durante el verano, por turistas que encontraron en el centro ecuestre de Santa Eulalia un lugar donde realizar una actividad diferente. “Durante el primer desconfinamiento notamos que venía más gente de Zaragoza solo para probar la experiencia. Querían salir de la ciudad y de las aglomeraciones”, explica Miguel.

La venta de caballos cae en picado

En realidad, el negocio de Miguel comenzó con la cría de caballos puros cuando en esta localidad turolense no había ejemplares de ninguna clase. Quien los compraba necesitaba además que les enseñaran a montar y a domarlo, incluso había que venderles la silla. Miguel atendía a aquellos primeros clientes en un amplio corral que tenía anexo a su casa.

Pero se fue corriendo la voz, la demanda aumentó considerablemente y fue entonces cuando Miguel y Rosa decidieron dar el salto y formalizar el centro ecuestre. “Hasta la crisis de 2008 hubo una temporada en la que vendía los potros incluso antes de que nacieran”, recuerda Miguel. La demanda era tal que estando en el vientre de la yegua ya los tenía adjudicados.

La situación actual es totalmente diferente. “Ahora al animal lo tienes que domar durante dos o tres años y prepararlo para que el cliente lo vea y, en algún caso, lo compre”, explica. Casos que se dan cada vez menos entre los particulares, para quienes hoy en día comprar un caballo para dar paseos por hobby es un lujo del que se suele prescindir.

Ante esta situación, Miguel ha reorientado esta vía de negocio hacia la venta a profesionales. “Ahora se demandan más los caballos deportivos, que sean buenos para la doma y para el deporte”, dice. Así, sus nuevos clientes suelen ser profesionales que compiten tanto en España como fuera del país.

En circunstancias normales, junto a las clases y la cría, en el centro ecuestre de Santa Eulalia también se pueden celebrar cumpleaños, despedidas de soltero y otros eventos que reúnen a un cierto volumen de personas. Para ello, las instalaciones cuentan con un salón amplio, de unos 70 metros cuadrados, donde se reúne el grupo, que puede llevar su comida y bebida, ya que este servicio no se ofrece. Junto con el alquiler de la sala, se incluye una pequeña vuelta a caballo.

Debido a la pandemia, este tipo de actividades, que se daban sobre todo en la temporada de primavera-verano, no están ofreciendo actualmente por cuestiones de seguridad.

Con mayor o menor volumen de actividad, esté el centro abierto al público o no, el día a día de Miguel y Rosa es el mismo, como también lo es el gasto que supone mantener las instalaciones en marcha. “A los caballos tenemos que seguir alimentándolos y cuidándolos igual, pase lo que pase”, concluye.

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