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Economía

coronavirus

El toque de queda en Zaragoza: paseantes de última hora, calles desiertas y controles

La ciudad se vaciaba poco a poco este viernes desde el primer cierre de las tiendas y bares a las 18.00 hasta las 22.00. Del ajetreo de las compras a los últimos trabajadores en volver a casa y los controles de la Policía.

La ciudad desierta no parece la misma. Sin gente por las calles, sin el murmullo de las conversaciones ni la banda sonora de algún músico callejero, el centro de Zaragoza impresiona y sus edificios ganan tamaño a la luz de las farolas que solo sirven para iluminar el pavimento. La pandemia de covid ha traído nuevos horarios, para el poco ocio que queda y las compras. Las últimas restricciones para intentar frenar los contagios en esta cuarta ola del virus en Aragón han incluido el cierre de bares y tiendas a las 20.00 entre semana y a las 18.00 de viernes a domingo. La imagen tras el toque de queda a las 22.00 recuerda a la de las ciudades vacías durante el confinamiento de marzo del año pasado. Esta vez, de 22.00 a 6.00.

Este viernes a los zaragozanos les costaba dejar las calles del centro. La calma que llegó tras el susto del paso de la borrasca Hortensia por la mañana invitaba a pasear. Tomadas las aceras durante el día, poco antes de la 18.00, a la hora de bajar la persiana comercios y hostelería, los últimos clientes apuraban hasta el último momento. Diez minutos antes una docena de personas todavía hacían fila para entrar en una tienda de moda joven de la cadena Inditex en el paseo de la Independencia, atraídas por las rebajas o con algún regalo para cambiar porque los Reyes Magos no habían acertado.  

"Ruina" para la hostelería

En la plaza de España, un par de minutos antes de las 18.00 los camareros iban plegando, no sin dificultad, las enormes sombrillas de las terrazas, como último aviso a los clientes que se resistían a levantarse. En una de las mesas se hablaba de los proveedores de la hostelería. "La pandemia a nivel profesional ha supuesto la ruina", respondía Pedro, empresario del sector, al ser preguntado por cómo les afectaba el adelanto del cierre de los establecimientos y el toque de queda. "Las decisiones tomadas por los políticos han supuesto un poquito más de ruina", añadía.

Las nuevas restricciones, además del suponer el cierre de los establecimientos no esenciales a las 18.00 los viernes, sábados y domingos, supone adelantar el toque de queda a las 22.00. HeraldoTV ha salido a la calle para saber qué opinan los zaragozanos y comprobar si se cumplen las normas.

Este viernes había sido un día duro para él. "Tengo una empresa hace 25 años y no he recibido ninguna ayuda. El trabajo ha bajado el 50%. Hoy he tenido que despedir a cuatro personas, casi el 50% de la plantilla". Una decisión que había tomado porque no cree que mejore la situación. "He visto que este Gobierno no va a hacer nada por ayudar", se quejaba. No temía tanto que hubieran cerrado bares el año pasado por no aguantar las restricciones, sino "los que van a cerrar en el 2021". 

El trajín de gente se mantenía por las aceras de la calle Alfonso sobre las 19.00 pese a que se iban reduciendo los posibles lugares a los que entrar, quedando limitados  a las tiendas de alimentación, las farmacias, los estancos o alguna administración de Lotería, que también tenían clientela. Junto a algún local nuevo en liquidación por cierre se veía en los escaparates otra huella de la pandemia. Quién habría pensado hace un año que en las cristaleras de la histórica La Parisién junto a los mantones de manila y mantillas de baturra convivirían mascarillas. La covid ha introducido este complemento ahora indispensable como un nuevo reclamo en muchas tiendas. 

El 'Héroe de leyenda' del desaparecido grupo zaragozano Héroes del Silencio sonaba a media calle en la voz de un músico callejero al que pocos atendían mientras pasaban con paso firme hacia la plaza del Pilar. Allí, delante de la Basílica, el Belén en ruinas, todavía a medio desmontar, ya no atraía la atención de los visitantes que se repartían hacia los lados de la plaza buscando qué hacer o marchándose a casa.

Algunos terminaban en el remozado Mercado Central, cuya iluminación invitaba a entrar, abierto hasta las 20.00.  "Acabo de darme cuenta al entrar que si la gente no puede comprar a esta hora y llegas al Mercado Central y tienes la opción de comprar, es una ventaja. Hay más gente que un viernes normal", comentaba Antonio Fariza, en el pasillo central.

Pese a la animación que se veía en los puestos, de menuceles a pescado y fruta, el mercado no era el que hace casi un año reabrió tras una larga reforma, aunque sobrevivía su esencia. Las restricciones de aforo impiden ya las aglomeraciones que se dieron en la reinauguración en febrero de 2020. La pandemia ha cerrado los bares que se instalaron en el centro del edificio y que buscaban convertirlo en un punto más de la noche zaragozana ahora en 'stand by'. 

Que la pandemia siga en cifras que asustan, con 771 nuevos casos y 8 muertes, "es problema de concienciación de las personas, no porque cierres un comercio a una hora se van a reducir los contagios", apuntaba Antonio.  Lamentaba que "si no es con mano dura, no se cumple".

Ignacio García sale a comprar comida para llevar antes del toque de queda.
Ignacio García sale a comprar comida para llevar poco antes del toque de queda.
Toni Galán

Una hora antes del toque de queda, en el mismo recorrido por el centro todavía quedaba quien se resistía a volver a casa, algunos se iban a ver el partido del Albacete contra el Real Zaragoza, que terminaría en una nueva derrota. Otros salían a por comida. "Vamos a recoger cena que hemos pedido para llevar", explicaba Ignacio García en el paseo de la Independencia. Lo hacían todos los viernes antes de la pandemia y lo han mantenido después aunque ahora todo ha cambiado. "Hace un año esto estaba lleno de gente. Salías a comprar comida y te encontrabas fila". Consideraba que el adelanto del cierre de las tiendas "puede perjudicar más a la economía y no va a permitir que descienda tan drásticamente el número de contagios". 

Algunas parejas daban el último paseo, con bebé incluido. "Necesitábamos salir un poco para despejar a última hora del día", explicaba Cristina Vitallé, que tiene una pequeña tienda de regalos y decoración desde hace cinco años, Lilou, que vende también por internet en sucursaldefelicidad.es. No habían abierto por la tarde porque con los nuevos horarios no les compensa. Confesaba que la situación está siendo "muy complicada", por lo que esperaba "que pase cuanto antes". Sobre las restricciones que se han impuesto "quiero pensar que las medidas ayudarán a que la gente nos tomemos esto en serio".

María Pilar Beltrán y Beatriz López, trabajadoras de un supermercado que salen de trabajar.
María Pilar Beltrán y Beatriz López, trabajadoras de un supermercado, esperando el tranvía este viernes por la noche.
Toni Galán

Entre los últimos trabajadores en terminar su jornada estaban dos empleadas de supermercado que esperaban al tranvía. Los establecimientos de alimentación cierran incluso a las 21.00. "Ha habido mucha gente. Hemos hecho hasta envíos", decía Beatriz López. Creía que la gente simplemente cambia el horario de compra, pero sigue saliendo. "La gente se mueve antes y se recoge antes en casa, pero sigue comprando, sobre todo, alimentación", aseguraba María Pilar Beltrán.

En la calle se veían cada vez más personas paseando al perro, algo que recordaba también a los meses de confinamiento del año pasado. "Que estemos todos en casa a una hora yo lo veo tontería. Si cierras negocios lo entiendo, porque la idea es que no se junte mucha gente, pero poner una hora para estar todos en casa, como si fuéramos niños pequeños, no. Hay gente que tenemos perros", decía Esther Sales, en la plaza de España. 

Esther y Zoe salen a pasear a sus perros antes del toque de queda.
Esther y Zoe salen a pasear a sus perros antes del toque de queda.
Toni Galán

"Por la noche quien sale es quien lo necesita", añadía su amiga, Zoe Martínez. A esta última, como a muchos ciudadanos, la pandemia le había cambiado sus planes de vida. "Ahora mismo no tengo trabajo", explicaba, porque el año pasado había salido al extranjero a buscar trabajo, pero había vuelto tras la covid. Lo único bueno que veía a la pandemia es que ha dado tiempo para "pensar" y "replantear muchas cosas".

El tráfico iba reduciéndose poco a poco en vías como el paseo de Echegaray y Caballero, pasado el toque de queda. En las anchas aceras del paseo de la Independencia solo quedaban los trabajadores empleados en el desmontaje de los últimos cables del encendido navideño que seguían aún cual tela de araña uniendo las farolas y las fachadas. Empezaba a cruzar también por las bocacalles algún camión de la basura. Quienes tampoco descansaban eran los policías en uno de los controles instalados en la calle general Mayandía, junto al Caixaforum, pidiendo la documentación que justificara los desplazamientos de los vehículos que aún circulaban.

Cerca de las 22.30 los autobuses y tranvías recorrían las calles casi totalmente vacíos y daban por terminada su jornada hasta los taxistas. "Se nota mucho el toque de queda. Como ya no hay gente me voy para casa", decía Manuel, al volante de su vehículo, parado en un semáforo de la plaza España. Y detrás de él solo pasaban ya grupos de 'riders' con sus mochilas verdes, naranjas, azules y amarillas a la espalda para hacer el último reparto. El que les llevaría a sus casas. 

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