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Economía

Burguer La Misa: resurgir de sus cenizas en tiempos de pandemia

El establecimiento, regentado por José Luis Gordo y su sobrino, Máximo Pérez, abrió sus puertas el 1 de diciembre.

Máximo Pérez y su tío José Luis Gordo en el Burger La Misa
Máximo Pérez y su tío José Luis Gordo en el Burger La Misa
C. I.

Cada vez es más habitual encontrarse con casos de emprendedores en tiempos de pandemia que, ante la falta de empleo, encuentran en la apertura de un establecimiento propio la única salida. Tras 30 años dedicado al mundo de la hostelería, José Luís Gordo asegura que ha vivido las tres grandes crisis de España -la del 93, la de 2008 y esta- y que la actual, en su opinión, no tiene precedentes: "Al menos en las anteriores nos permitían trabajar".

Y eso que la de José Luís es una historia de reinvención y resurgimiento casi constante. "A mediados de los 90 comenzamos a abrir varios locales bajo el nombre de Bar Talía, llegando a tener seis en el Actur y dos en Santa Isabel", rememora. Una cadena de locales que homenajeaban al teatro barcelonés del mismo nombre que cerró sus puertas definitivamente en 1987. "Era un bar que estaba en la calle Sevilla, en Zaragoza. Su dueño Alfredo, venía de Barcelona donde había trabajado en el Bar Talia fundado por su padre, situado en frente al teatro. Me cedió el nombre cuando decidió cerrarlo y me encantó la idea", relata el zaragozano.

En 2008, con la llegada de la anterior crisis, se vio obligado a traspasarlos y volver a empezar de cero. "Me dediqué una temporada al sector de los seguros hasta que decidí volver a lo mío", explica. Así, en octubre de 2018 volvería a abrir las puertas del Bar Talía en la calle Adolfo Aznar del barrio del Actur, local que tuvo que volver a cerrar el pasado mes de mayo, en esta ocasión, por culpa de la pandemia. "Tras el cierre de marzo decidimos volver a abrir el 14 de mayo. Diez días después tuvimos que echar el cierre definitivo", reconoce.

A pesar de que "la gente pilló la reapertura con ganas", las cuentas no salían. "Habíamos pedido un ICO y, aunque no trabajábamos, los gastos se seguían acumulando sin recibir ningún tipo de ayuda", afirma el hostelero. Y eso que, sin saber muy bien la que se venía encima, José Luis aprovechó esos meses para pintar y acondicionar el local. "Quién iba a imaginarse nada de esto. No estábamos preparados para una cosa así, como dice mi padre, ni en la guerra se cerraron los bares", afirma.  

"Quién iba a imaginarse nada de esto. No estábamos preparados para una cosa así, como dice mi padre, ni en la guerra se cerraron los bares"

Sin embargo, tras siete meses sin trabajo y viendo que la situación se alargaba en el tiempo, decidió volver a intentarlo de nuevo, en esta ocasión junto a su sobrino, Máximo Pérez, que también venía de su propia experiencia de emprendimiento. "De 2009 a 2016 regenté la Bocatería Félix, en la avenida de la Academia General Militar, aunque yo en este sector empecé con mi tío cuando tenía 16 años", explica.

Así, tras echar cuentas y reunir todos sus ahorros, decidieron hacerse socios en este nuevo proyecto, Burguer La Misa, ubicado en el 27 de la avenida Gómez de Avellaneda. Con una amplia oferta de raciones, tapas, bocadillos y menú del día dirigida a los trabajadores de las oficinas de la zona, aseguran esperar "como agua de mayo" a la vuelta a la rutina. "A ver si funciona la vacuna y la gente sale de los ERTE y abandona el teletrabajo. En este barrio nos daría la vida", afirma Pérez.

A sus 34 años, asegura sentirse inseguro cuando piensa en su futuro. "Me acababa el paro en enero y no me correspondía ayuda de ningún tipo. Me lo estoy jugando todo en esto, espero que salga bien", asevera, ya que asegura que, en estos momentos, el sector de la hostelería se encuentra "atado de pies y manos".

Máximo Pérez y su tío José Luis Gordo, socios en el nuevo proyecto Burger La Misa
Máximo Pérez y su tío José Luis Gordo, socios en el nuevo proyecto Burger La Misa
C. I.

Aprender a improvisar

"Si tan solo ampliasen un poco los horarios o aumentasen el aforo de interior… eso sería un gran respiro", advierte, al tiempo que recuerda que "el virus no tiene horario". Con un aforo de 68 personas en el interior -ahora mismo con la limitación del 30% se sitúa en unas 20- y una terraza de 18 meses limitada a seis, aseguran que, de no aflojarse las limitaciones, este sector lo tiene muy complicado para subsistir. "Para nosotros las cenas son fundamentales y cerrando a las 20.00 no hacemos nada", admiten.

"A ver si funciona la vacuna y la gente sale de los ERTE y abandona el teletrabajo"

Y eso que sus menús 'Take away’ han funcionado muy bien entre los vecinos del barrio. "Lo que no tiene sentido es que la gente no pueda venir aquí, donde estamos cumpliendo las medidas a rajatabla, y los centros comerciales estén siempre llenos", lamenta.

Otra de las lecciones de la pandemia ha sido la de la improvisación ya que, tras pillarles la primera ola con los arcones y las neveras vacías, ahora se compra semanalmente, y con cautela. "A veces la gente te pide algo que tienes en carta y se te ha acabado, menos mal que estamos concienciados y todo el mundo responde perfectamente. Hemos tenido que aprender a improvisar y vivir día a día, algo impensable hace años en el sector de la hostelería", concluyen.

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