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Economía

Inversiones de impacto

ACTUALIZADA 24/06/2019 A LAS 02:00
La rentabilidad económica no es la única que la empresa debe tener en cuenta.
La rentabilidad económica no es la única que la empresa debe tener en cuenta.
ISM

Un empresario, solo con invertir, ya genera un impacto social, decía el pasado viernes en Zaragoza el veterano jurista y empresario Antonio Garrigues Walker. "Pero vamos a una época", añadía, "en la que al empresario se le exige más. Ahora debe pensar en cómo multiplicar ese impacto".

Garrigues, que algo sabe de esto por su experiencia en el campo de los microcréditos y por lo aprendido a lo largo de su trayectoria, incidía así en la creciente presión que existe en las empresas y entre sus dirigentes para ir más allá de la rentabilidad puramente económica. Ganar dinero es imprescindible -sin esa máxima no habrá empresa sostenible en el tiempo-, pero a ese imperativo de sostenibilidad hay que sumar la medioambiental y la eminentemente social. La sociedad lo está reclamando y hoy contamos con la mejor hoja de ruta posible, los 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la Agenda 2030, aprobados por la Asamble General de la ONU en 2015 y que están siendo difundidos -y confiemos que aplicados, lo que redundará también en la rentabilidad económica- de una manera sobresaliente.

En este contexto se entiende también que el apoyo a proyectos con fuerte implicación social esté ganando aliados a escala internacional. En Europa desde hace un tiempo, en gran parte por el empeño de esas instituciones comunitarias menos vinculadas a los gobiernos, como el Comité Económico y Social, la Europa de la sociedad civil que está ahí representada a través del grupo de quienes dan voz a empresarios, trabajadores, organizaciones no gubernamentales y otros colectivos, pero también en otros puntos del mundo.

Ganan peso, en cualquier caso, las denominadas inversiones de impacto, realizadas en compañías, organizaciones y fondos con la intención de generar impacto social, un planteamiento que se deja de percibir como utópico y que en Aragón conocemos por el trabajo de organizaciones como la Fundación Creas.

En su alocución en el foro Canal CEO, en Zaragoza, Antonio Garrigues ahondó en esta cuestión al señalar que las empresas están obligadas a ser más éticas porque su supervivencia depende hoy más que antes de incorporar a la visión global de su actividad el factor social. En ese sentido, citó a sir Ronald Cohen, fundador del gigante británico del capital privado Apax Partners -dueño en España de Idealista y antes de Panrico o Vueling-, que hoy apuesta por el impulso de la inversión en capital riesgo con perspectiva social a través de GSG (Global Steering Group for Impact Investment), un organismo internacional independiente que cataliza la inversión social y el emprendimiento para beneficiar a las personas y al planeta.

Como presidente de GSG, Cohen valoraba recientemente en Madrid la adhesión de España al organismo, presentada oficialmente en un acto en el que participaron Antonio Garrigues y Cristina Gallach, Alta Comisionada del Gobierno para la implantación de la Agenda 2030 en nuestro país, un reto al que se enfrenta de lleno el mundo de la empresa, obligado a realizar más inversiones de impacto. A esta tarea puede ayudar el hecho de que desde este año todas las compañías de más de 500 trabajadores estén obligadas por ley a presentar un informe no financiero que hable de sus políticas ambientales, sociales, de personal y gobierno corporativo. Un paso más hacia esa transparencia que hay que aplaudir en sociedades modernas y democráticas.

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