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Economía

Funambulistas

Por
  • Juanma Fernández
ACTUALIZADA 27/08/2018 A LAS 05:00

Los datos de la Seguridad Social son demoledores: Aragón tiene dos trabajadores por cada pensionista. Las cuentas son claras: España envejece, no genera empleo suficiente y la natalidad se frena porque los que estamos en edad de reproducirnos o no queremos o no nos atrevemos. Hay un discurso peculiar en este asunto (apenas guarda una brizna de verdad), por el cual lo de no querer ser papás o mamás se debe a que preferimos la buena vida a cargarnos con los vástagos, que se ve que son un gasto. Yo mismo, que fui bebé de lorza hermosa, cuentan que me apretaba unos platos de papilla que rebosaban la porcelana. Como un emperador en su trona. Bendita gula animal. En fin, es como lo de parapetarnos en casa de los padres hasta que tengamos más achaques que ellos, que también debe ser por gusto; por ese toque naif, que, de acuerdo, existe, pero que realmente pone el sello en que a la gente lo que le gusta es vivir libre sin pagar la cuenta.

Seremos más hedonistas, no lo niego, pero en España tener hijos es una aventura, máxime para todas las generaciones que nos incorporamos al mercado laboral con la destrucción de empleo o con la pálida recuperación con salarios inmundos y contratos (también indefinidos) en el alambre. La misma que ahora ve peligrar el sistema público de pensiones, a la que se le exige sostener como funambulistas un futuro con escasas garantías. La más preparada, dicen, a la que se nos educó para jugar sobre seguro para ahora pedirle que salve el Estado del bienestar: tenga hijos, asegure la natalidad, proteja las pensiones. Salvad el mundo, héroes del precariado.

El dicho es al revés: tonto el primero. Es normal que las clases medias prefiramos jugar al toque. Una cosa es ser valiente, otra temerario, y los hijos de uno no tienen culpa de que sus padres hayan sido los tontos. Yo me la jugaré porque quiero ser padre pero en un número con el que pueda darles lo mejor, no para otorgarles una existencia mediocre como vigas de un sistema que nos ha abandonado (y luego hablan de patrias). Las generaciones que aseguraremos el futuro hemos de tomar las decisiones más arriesgadas dominados por un Estado que todavía controlan los hombres del pasado. A mí lo que me da miedo es que acabemos siendo su espejo; no sé si yo ya lo soy escribiendo esta derrota.

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