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Opinión

Hacia dónde va la economía

Mientras la macroeconomía sigue anclada en las teorías clásicas, la ‘micro’ sigue una senda más contestataria, incorporando al análisis productivo el factor psicológico y la visión biológica del comportamiento económico.

José Ramón Lasuén Sancho 11/07/2018 a las 05:00
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Hay una tendencia conservacionista en la macroeconomía.

Hoy, mas que nunca, la economía es la ciencia social más expansiva. El número de alumnos matriculados es cada vez mayor. A nivel mundial es superior al total registrado en todas las otras ciencias sociales: la sociologia, la psicología y la ciencia política. Pero, a la par, decrecen sus resultados y disminuye la confianza en ellos.

¿A qué se debe? Nunca se le ha dedicado mayor atención política, ni se ha investigado tanto sobre ella, empírica y teóricamente. Por tanto, parece que su crecimiento es su debilidad. ¿Es consecuencia del efecto limitativo que genera su autotransformación en una ciencia exacta o natural? ¿O estamos próximos a alguno de los grandes cambios en su orientación como los que han tenido lugar desde la gran depresión?

No en macroeconomía. El pleno empleo sigue siendo un objetivo universal. La expansión incontrolada a largo plazo de la economía mundial inspira grandes dudas, porque parece que puede chocar con los limites al crecimiento que el planeta impone por la finitud de sus recursos. Pero, incluso en este caso, la contraindicación se resuelve intentando diseñar mejor las expansiones: minimizando el consumo energético fósil, descubriendo fuentes renovables sustitutivas, empleando la mínima cantidad de minerales estratégicos y alterando lo menos posible el medio ambiente.

En resumen, hay una tendencia conservacionista en la macroeconomía, –tanto en la neoliberal como, sobre todo, en la neokeynesiana–, de que la produccion mundial debe seguir ampliándose para satisfacer el crecimiento de la población, el empleo y el nivel de vida, aunque sin correr el riesgo de colapsar su dinámica por el agotamiento de los recursos.

Por el contrario, la evolución de la microeconomía comienza a ser la opuesta: revolucionaria, crítica de la conducta racional y egoísta de los agentes económicos para maximizar sus fines. Y crítica también, lo que es más importante, de la inmutabilidad de estos.

Las primeras aportaciones microeconómicas en este sentido surgieron al constatar las raíces psicológicas de la economía de la mano de psicólogos como el Nobel Kahneman, Pinker, Tversky y otros, que buscaban flexibilizar al rígido hombre neoclásico. Las últimas aportaciones han llegado de la mano de Ian Morris, quien explica el progreso social desde una nueva perspectiva: la biológica, antagónica de las filosóficas o religiosas anteriores.

Las fundadas críticas de Kahneman y Tversky al núcleo central de la microeconomía clásica han sido dramáticas: los hombres no son siempre deductivos y racionales, sino basicamente intuitivos y emocionales, tienen muy poca información, no maximizan ninguna utilidad, actúan en función de los valores atractivos o aversivos que enfrentan, etc. Sin embargo, ese racimo de nuevas ideas no han tenido un efecto en la teoría y política económicas dominantes. Solo en la nueva escuela microeconómica de la economía conductual, que ha creado entre otros, Thaler, otro Nobel. La razón es que las críticas psicológicas apuntadas no incorporan alternativas simples de comportamiento.

Lo contrario esta sucediendo con la aportación, todavía hipotética pero muy sugerente ya mencionada de Morris, uno de los mayores clásicos del momento: según él, los valores (fines y medios), no son estables, ni absoluta ni relativamente. Son guías que el hombre descubre y adopta para mejorar su bienestar al tratar, incesantemente, de aumentar sus producciones, minimizando el coste energético. La humanidad progresa, en consecuencia, autonómamente, creando, aprendiendo y utilizando los valores económicos más convenientes en cada momento histórico. Es el devenir natural, biológico, de un animal social y moral que, debido exclusivamente a los impulsos de sus valores humanos, genera el progreso social hacia mayores cotas de libertad, igualdad, democracia y solidaridad.

José Ramón Lasuén Sancho es catedrático emérito de Teoría económica, presidente del Club de Roma-Aragón y miembro del Círculo Aragonés de Economía





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