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Economía

División de opiniones, dudas y miedo en una consulta decisiva y a "una sola carta"

Muchos trabajadores admitían tener una patata caliente en las manos al haberles dejado el comité y la empresa la responsabilidad de jugarse todo en el referéndum.

Trabajadores de Figueruelas, ayer en el cambio de turno de la factoría.
División de opiniones, dudas y miedo en una consulta decisiva y a "una sola carta"
Guillermo Mestre

Nadie sabe qué ocurrirá hoy cuando concluya el recuento de los votos de los 5.300 trabajadores de Figueruelas llamados a las urnas con la pregunta de ‘¿estás de acuerdo con el preacuerdo de competitividad y futuro?’ Hasta los que ayer decían que sí, que no quedaba otra, tenían sus dudas de si no habrá que volver a pasar por lo mismo dentro de cinco años. Y los que confiaban en que salga el ‘no’ reconocían su miedo a lo que podría pasar.

En un ambiente "turbio", de nerviosismo y con una plantilla dividida ante una negociación ‘in extremis’ marcada por la amenaza del grupo PSA de llevarse el Corsa, muchos trabajadores rechazaban hablar con los medios en el cambio de turno. Fuera de foco, reconocían que "saldrá muy igualado entre los del ‘sí’ y los del ‘no’".

La plantilla de Opel, dividida

"Yo votaría que sí. Necesitamos que esta planta continúe muchos años trabajando y se mantenga en pie para que sea uno de los pilares fuertes de Aragón", decía Edwin Rodríguez. "Soy de una contrata. No puedo votar, pero de hacerlo votaría lo mejor para la fábrica".

El resultado saldrá muy empatado, "casi al 50% viendo el estado anímico de los compañeros", pronosticaba Miguel Ángel Alfranca, empleado en la factoría desde hace 30 años. "Llevamos cinco convenios y 15 años perdiendo poder adquisitivo. Ahora el comité y la dirección nos han dejado la patata caliente a la plantilla para que decidamos sobre un mal acuerdo" que "nos rebaja condiciones, sueldos, pausas, etc. Estamos echando a perder 30 años de lucha". Asimismo, criticaba la implicación de los políticos "torpedeando la negociación". Recordando que "cuando el Meriva se nos metió Bandrés y ahora Lambán". "En cuanto se mete la política salimos perjudicados", decía.

 

Muy crítico se mostraba también Rafael Sánchez. "Nos quieren llevar a la esclavitud económica y unas condiciones laborales penosas. A los que estamos produciendo tanto en prensas como en carrocerías nos están dejando sin vida social, sin poder estar con la familia. Ahora tendremos que trabajar gratis los sábados y pagándonoslo solo a 10 o 12 euros y con un día de fiesta entre semana". Y no solo es eso, añadía, sino "¿qué va a hacer con esas condiciones un chaval que entre nuevo y le hagan un contrato de 4 años, pero una semana a 20 horas y otra a 40? ¿Qué seguridad le da eso a nuevas generaciones que no pueden independizarse ni formar una familia?". A su juicio, "un señor que gana 5 millones al año –en referencia al presidente de PSA, Carlos Tavares– "no tiene fuerza moral para pedirnos sacrificios porque no ganan lo suficiente".

"No sé lo que va a pasar, si va a salir el ‘sí’ o el ‘no’. Parece que no hay más opciones. Pero yo no quiero esta rebaja de condiciones", admitía María Luisa Solares, trabajadora de una contrata de Opel. "Pienso que por lo que hemos luchado en 31 años que llevo aquí se está yendo al garete. Me preocupa lo mal que vamos a dejárselo a los que vengan", manifestaba Cristina Gracia.

"Ya veremos a ver. El obrero siempre es el que pierde. Nos dicen que hay que bajarse los salarios para tirar hacia adelante", reconocía otro veterano, Luis Giménez. Un trabajador joven, José Rodríguez, de 33 años, estaba convencido de la aceptación. "Pienso que va a salir el ‘sí’. Hay muchas familias que dependen de esto".

"Si cedemos, qué derechos les vamos a dejar a los que vienen. La plantilla está muy enfadada de que vengan siempre con amenazas", reconocía Blanca Ubau.

"No sé. La gente está muy dividida. Hay más a favor del ‘no’ que del ‘sí’, porque piensan que ya hemos sufrido bastante. Nos chantajean de alguna manera con el Corsa. Yo no he decidido nada. Con vistas al futuro, igual cabría el ‘sí’, pero con vistas a cinco años nos va a pasar lo mismo. Aprietan mucho", confesaba Pablo Sebastián.

Alberto, que rehusó dar su apellido, mostraba su confianza en el ‘no’. "Espero que salga que no. Esto ha sido todo cosa de los sindicatos con la empresa sin contar con los trabajadores. Se ha empeorado en calidad y cantidad de trabajo". Sobre la posibilidad de que el escenario sea peor de salir el ‘no’, reconocía que "ya se se verá: de momento lo que plantean es horroroso al perder calidad de vida trabajando sábados y perder dinero. Todo ha sido una gran mentira". Gonzalo Vascués aseguraba no tener claro el sentido de su voto: "El acuerdo es malo", decía.

"Estoy de baja. Vengo de votar y he votado que no. Reconozco que la situación es complicada, pero es cierto que no se puede hipotecar el futuro de los nuevos compañeros ni permitir una rebaja de salarios encubierta", indicaba Aurelio Iglesias. "Es verdad que al final bajan menos de lo que quería la empresa, pero algunos que han hecho las cuentas hablan de que perdemos al año mil y pico euros. Junto a eso, lo vergonzoso es que los que entren ahora serán tercera escala salarial: habrán de superar diez años de escalones y eso si la dirección les permite ascender. Ahora con la segunda escala, era automático". Si bien admitió estar asustado porque PSA "no va de farol al llevarse el Corsa, no me parece bien, para que yo me beneficie, perjudicar a gente que ni conozco con rebajas tan abusivas".

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