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Economía

María Eugenia díaz Escanero: "Mi infancia en Perdiguera me marcó mucho"

Acaba de recibir el premio Arame a la Excelencia Empresarial por haber abierto al mundo una empresa familiar.

María Eugenia Díaz Escanero
María Eugenia Díaz Escanero
Guillermo Mestre

No le da pereza coger un avión, pero recuerda que en una ocasión, en la que en cuatro meses pisó Zaragoza solo un par de veces, se quedó bloqueda en el aeropuerto de Bélgica. "Me eché a llorar por una tontería, porque mi maleta pesaba más. Entonces fui al baño, me quité la ropa de trabajo, me puse vaqueros y me cambió la cabeza". María Eugenia Díaz acaba de recoger el Premio Excelencia Empresarial que concede la Asociación Aragonesa de Mujeres Empresarias y Profesionales (Arame) por un trabajo creado a fuerza de un esfuerzo personal que le ha llevado a vivir pendiente de un avión desde hace 16 años. Directora del departamento Internacional de Industrias E. Díaz, ha logrado colocar ventanas para autobuses y trenes en medio mundo.

China, Rusia, Kazajistán, Uzbequistán, Japón, Israel, gran parte de Europa, y Estados Unidos. Un amplisimo mercado abierto de su mano gracias a la confianza, y a la amplia visión de futuro, de su padre, que pensó en ella para la internacionalización de una empresa familiar que hoy da trabajo a setenta personas y facturará este año siete millones de euros. Una mujer a la que le apasiona el mundo, que se abrió a él al acabar Derecho y vivir varios años en Londres, París y Hamburgo. Una experiencia vital que le ha permitido después saber moverse en el complejo universo de las multinacionales, ser ella entre ellos en interminables reuniones. Cuando va a cumplir 46 años, reconoce que se encuentra en un momento importante de su vida, que se siente privilegiada, y que siempre anda organizando algún viaje con buenos amigos o con su sobrino, un chaval de 16 años con el que recorre el mundo.

Acaba de recoger un premio a su trabajo.

Me ha hecho mucha ilusión porque a través de Arame he conocido a muchas mujeres empresarias de quitarse el sombrero, algunas que son ellas solas, y además porque lo que se ve siempre son hombres, empresas lideradas por hombres, y hay muchas en las que están al frente mujeres. El premio es para ellas, por quienes lo han ganado y por las que lo ganarás. Y también por compartirlo con mi empresa, porque es una tarea de todos.

¿Cuesta ser una mujer entre hombres?

Mi sector es prácticamente masculino, a lo largo de 16 años solo me he encontrado 3 mujeres en puestos de relevancia, ahora hay alguna más y, curiosamente, en España, pero casi todo son hombres, y en puestos altos en estas empresas no hay mujeres. Es gracioso, porque en ferias a las que me ha acompañado algún compañero de la empresa, cuando se acercan a nuestro puesto siempre se dirigen primero a él. A mí me daba la risa, pero es curioso que aún se tenga esa mentalidad de que el hombre es el importante.

Está en una empresa familiar, que siempre es más difícil.

Estamos ahora 70 personas. Empezó mi padre con otros tres socios y fue creciendo. Yo estoy desde el año 2000 y nunca pensé que entraría en la empresa familiar, porque estaba en otras cosas, trabajando, en consultoría, pero mi padre tenía la idea de expandir la empresa en el ámbito internacional y me lo propuso. Le dije que sí, pero para un temporada y que dura ya 16 años. Empiezas, te metes, te sigues metiendo... y ahí estás, y por el camino ha habido momentos muy duros, porque abrir una empresa al exterior, con clientes que son el 95% de ellas multinacionales, es complicado, y tengo reuniones en las que estoy yo sola frente a un equipo de mucha gente. Ha habido momentos que han sido duros, casi sin fuerzas porque pensaba que debería estar también otra persona conmigo para ocuparse de esto, pero he seguido adelante. Mi padre siempre me ha apoyado, porque creyó que podía hacerlo, y además cuento con un gran equipo en la empresa.

Trabajar con tu propia familia puede ser fuente de conflictos.

Al principio, en los primeros años de tanta intensidad, tuve que decirle a mi padre que no me hablara de trabajo en casa porque era no desconectar nunca, y es algo que hemos respetado. Con mis hermanos no hay problema, porque ellos están en otras áreas.

La idea de expandir la empresa les ha permitido salvar la crisis, porque ya tenían un mercado exterior.

Si no llega a ser por la internacionalización estaríamos cerrados, porque el mercado nacional se cayó íntegro. Comenzó a hacerlo en 2012 y no podríamos haber vivido, o puede que fuéramos hoy una empresa de cinco personas. Ahora mismo estamos con una facturación de un 80% de mercado internacional, con contratos a largo plazo y una cartera de pedidos cerrada para los 2-3 próximos años. Lamentablemente en España no hay esta capacidad. Trabajamos mucho en Francia, Bélgica, y a través de una empresa belga vendemos mucho a Estados Unidos. Durante varios años el mercado chino fue muy importante, pero cuando un proveedor chino hace algo similar estamos en desventaja, porque protege al propio chino y por la corrupción, porque le paga la universidad a un hijo para que vaya a Estados Unidos y nosotros no.

Estamos hablando de una empresa familiar, en Zaragoza, y se nos olvida que aquí se hacen cosas muy interesantes.

Me he dado cuenta en la Cámara de Comercio, pertenecemos a su pleno, y he descubierto la cantidad de empresas que hacen cosas insospechadas, muy interesantes e importantes, y con un empuje y una garra increíbles. Me ayuda mucho verlo, porque llevo años viajando y metida en mi nicho, sin saber qué hay aquí.

Viajar mucho es querer también volver a tus raíces.

Mi infancia me marcó mucho. Mi madre es de Perdiguera y de niños íbamos todos los fines de semana y vacaciones con mis primos. Eran días en libertad; de bicicletas, de caballos por los campos, una infancia en un ambiente tan sano, en la naturaleza... y la relación con mis primos con los que estamos muy unidos.

Una vida que enseña pronto a ser tú mismo y a respetar.

En mi familia nos han enseñado a valorar a las personas, no tener intereses, a estar con todo tipo de gentes, a ser independientes. Siempre me ha gustado estar con gente muy distinta. Estuve varios años fuera al acabar Derecho, en Londres, París y Hamburgo y conviví con personas de todo el mundo. Fue la mejor inversión que pude hacer.

¿No está ya cansada de viajar?

Aún no. Ha habido momentos muy agotadores, porque abrir mercado es complicado, con grandes multinacionales, y además eres mujer, española, de una ciudad que no sabían casi ni donde estaba, aunque ahora ya es otra cosa. Desconfían de ti. Es cierto que se han generado relaciones de confianza con los clientes y es muy fluida, y en estos últimos años tan duros quienes nos han apoyado y por los que hemos salido adelante ha sido por ellos, que nos han ayudado con proyectos, financiación. Mis clientes internacionales se sorprenden de la falta de apoyo a las pymes. Vamos funcionando, mantenemos una plantilla y, en realidad, eso es lo que motiva, que tengo 70 personas a mis espaldas.

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