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REAL ZARAGOZA

Vuelven los añorados goles de cabeza

Tras varias temporadas en las que el Real Zaragoza había dejado de lado ese método de anotar tantos, la apuesta de Marcelino por los hombres de banda ya da sus frutos. Cinco de los nueve goles que ha marcado hasta ahora el equipo han llegado con la testa.

Tras la disputa de la 5ª jornada liguera, el Real Zaragoza ha marcado 5 de sus 9 goles con la cabeza y solo 4 (dos de penalti) con el pie. Es decir, más de la mitad de los tantos blanquillos se han consumado por alto como culminación de excelentes centros enviados desde las bandas que han sido aprovechados en el corazón del área por delanteros y llegadores. Tres asistencias de Jorge López, una de Arizmendi y otra de Ewerthon, acabaron con un repóker de goles con la testa que han firmado hasta hoy el propio Ewerthon en dos ocasiones, Caffa, Pavón y Oliveira.

Cuatro de estas cinco acciones han venido en jugadas colectivas y solo una a balón parado (el córner que cabeceó Pavón anteayer contra el Murcia). Por un lado, y a pesar del mal juego general del equipo, este nuevo Zaragoza está sacando una excelente rentabilidad y está recurriendo con tino al juego exterior (algo que hace largo tiempo no ocurría). Y, por otra parte, los arietes y los centrales (en sus incorporaciones en la estrategia), están pudiendo aprovechar la calidad de los centros provenientes de los lados con el remite de gente especializada en la maniobra (no de reconvertidos, incluso ubicados a pie cambiado, como era norma últimamente).

El dato puede tener una parte de casual. Pero el fútbol, especialmente el de la época moderna, suele responder casi siempre a causas y razones tangibles. Casi nada pasa porque sí y los efectos finales suelen proceder a menudo de alguna causa. En este caso, la diferencia con el pasado reciente, en el que el Zaragoza apenas utilizó los remates aéreos para marcar sus goles, radica en la apuesta clara, rotunda y casi obsesiva de Marcelino por el juego de bandas. Desde su fichaje por el Zaragoza, allá por mayo, el técnico asturiano no dejó de pedir jugadores especializados en abrir el campo (antiguamente llamados extremos, ahora -no se sabe bien por qué- interiores). Resulta que este tipo de piezas son consideradas básicas para su esquema táctico por el entrenador zaragocista y, cuando llegó aquí, sorprendentemente no tenía ni una.

Puestos escorados

Ya con Víctor Muñoz, este tipo de futbolistas fueron reduciendo su presencia en la plantilla hasta quedarse en la mínima expresión. El zurdo Savio era el único nato en realidad, ya que Galletti, Cani, Óscar o Ewerthon (en el costado diestro jugó algunos partidos) llegaron a ocupar esos puestos escorados tras un duro proceso de readaptación; y el novel Lafita apenas contaba para el entrenador.

Después, en los dos veranos precedentes, bajo el mandato técnico de Víctor Fernández, la especie del especialista en banda se extinguió por completo. Los Aimar, D'Alessandro, Óscar, Gabi y Sergio García se convirtieron en improvisados y postizos ocupantes de esos devaluados carriles del medio campo, y bien que lo notó el equipo (ahí están los resultados y la situación actual de la entidad). Por si le faltaba algo a este periodo negro para las bandas, el único fichaje específico que se hizo durante el bienio para ocupar la demarcación, el brasileño Nery, acabó siendo un fiasco histórico.

Abrir espacios

Muy atrás quedan ya los tiempos de Gustavo López, Kily González, Vellisca, Juanele, Marcos Vales... Son las referencias más cercanas en el tiempo de unas plantillas en las que sí se pensaba en la utilización de este perfil de futbolistas para abrir espacios y generar centros de gol que los cabeceadores transformaron en porcentajes más que aceptables. Con Marcelino ha vuelto el fútbol de apertura a 65 metros de ancho. Y con él, aquí han llegado Jorge López, Arizmendi, Caffa, Songo'o y hasta el inédito Fabio Coentrao, sin olvidar al filial Adriá. Todos futbolistas destinados a, entre otras cosas, patrocinar un número razonable de goles de cabeza, tanto en juego corrido como a balón parado. De momento, los números son excelentes en este apartado pese a que la maquinaria global del equipo está lejos de dar sus mejores prestaciones y todo chirría demasiado todavía.

En cinco partidos ya se han convertido en gol tantos testarazos como hace dos años en toda la temporada (5); solo dos menos que todo el año pasado (7); o tres menos que hace tres campañas (8). Algo quiere decir, sin duda. Probablemente, que en los trazos gruesos de la pizarra táctica de Marcelino, las bandas son capaces de llegar en ventaja a zonas de peligro y, una vez ahí, saben poner balones útiles para que los cabeceadores los transformen en gol. Basta repasar los cinco tantos de cabeza del Zaragoza en estas primeras cinco jornadas para verificar ese matiz, tan devaluado en los últimos seis o siete años en el club blanquillo.

Equilibrio táctico

Si la progresión transcurre de manera natural, todo apunta a que este año se puede llegar a los 19 goles de cabeza que anotó el Zaragoza de la campaña 99-2000; o a los 17 de la 96-97; o a los 15 de la 95-96. Esas eran cifras aceptables en un equipo de cierto rango, con equilibrio táctico en su disposición. Lo normal es que, a lo largo de una liga, los goles con el pie estén en torno al 75 % y los de cabeza oscilen alrededor del 25%. Como se aprecia en el estadillo adjunto, los últimos tres años (por ceñirnos a lo más reciente) han estado muy lejos de esa normalidad.

Posiblemente, si todo sale según lo planificado por Marcelino, los números de este año vuelvan a evocar las épocas prolíficas de goles aéreos de los Poyet, Aguado, Esnáider, Milosevic o Yordi, los beneficiarios de los últimos extremos natos que tuvo este equipo. Oliveira, Ewerthon, Braulio, Hidalgo o los centrales Pavón y Pulido son buenos rematadores de cabeza. Y los centros buenos para ellos parecen garantizados.

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