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Deportes

POLÍTICA DE FICHAJES

Vuelve el equipo trampolín

El Real Zaragoza retoma una política de adquisiciones centrada en jugadores jóvenes procedentes de otras canteras. La necesidad de minutos de los futbolistas, unida a sus enjutas nóminas, supone una comunión perfecta para la difícil coyuntura que atraviesa la entidad.

Esnáider, en un lance del juego durante su segunda etapa en el club. Llegó a Zaragoza en 1994 y fue recomprado por el conjunto merengue dos años después.
Vuelve el equipo trampolín
ARCHIVO HERALDO

Abraham Minero y Edu Oriol, primeros fichajes del nuevo curso por parte de la entidad dirigida por Agapito Iglesias, son solo los pasos iniciales de un camino que, obligada por la acuciante situación económica, ha retomado la directiva zaragocista, después de varias temporadas de inexplicables excesos en los apartados de salarios y traspasos. La austeridad presupuestaria, lógica dentro del proceso concursal en que está inmerso el club, marcará todos y cada uno de los próximos pasos en materia de incorporaciones, que irán en la línea de lo (poco) adquirido hasta el momento.

La apuesta por el joven producto nacional es tan antigua como eficaz. El método resulta muy sencillo: consiste en mirar hacia las canteras de otros equipos más fuertes económica y deportivamente -véase Real Madrid y F.C. Barcelona-, en los que abundan jugadores de calidad con ganas de dar el salto a una competición más potente pero que, por las circunstancias que rodean a sus clubes, no cuentan con dorsal en la primera plantilla de su club.

El Getafe, que año tras año añade a su colección algunos de los cromos más apetecibles del Castilla, supone, a día de hoy, el más evidente paradigma de esta postura. El mismo equipo que alzó la Recopa fue cimentado con tino sobre jugadores de este corte: Solana, Aragón -un par de cesiones mediante-, Juanmi o Esnáider hicieron las maletas rumbo a la capital aragonesa en busca de una oportunidad. Algunos años antes, Pardeza y Cedrún recalaron en La Romareda al quedarse sin sitio en sus vestuarios de origen.

No son los únicos casos en la historia reciente del club. 'Dani' García Lara, por ejemplo, se enfundó la zamarra blanquilla tras una impecable marcha en el Castilla, volviendo a la capital un año después. Sin proceder de un club 'poderoso', aunque con la misma juventud insultante, se contrató a los Rubén Sosa, Morientes o, en el que quizá sea el último gran ejemplo, Villa. Grandes en la parcela deportiva que, además de los servicios prestados, dejaron a su marcha una buena cifra en concepto de traspaso.

Y es que fichar a golpe de talonario no siempre es sinónimo de éxito. Prueba de ello son los tres últimos descenso del club a la categoría de plata del fútbol español, en los que, pese a invertir cifras récord en la confección de la plantilla durante el período estival, se acabó consumando una permuta de categoría tan inesperada como difícil de encajar. La llegada de Jordao (1976), Drulic (2001) y Oliveira (2007) levantó un gran revuelo entre la parroquia zaragocista, pero su rendimiento y el de sus compañeros jamás se acercó a las expectativas generadas.

Mateos, Alfaro o Fran Rico son algunos de los objetivos que, en este momento, se barajan en las oficinas de Luis Bermejo. Buenos peloteros, con ganas de demostrar su valía en la que algunos denominan «mejor liga del mundo», a bajo coste y con una nómina asumible. Y, por qué no decirlo, potencialmente traspasables.

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